5 de Mayo

Martes V de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 5 mayo 2026

Lectio

En aquellos días 19 llegaron de Antioquía de Pisidia y de Iconio algunos judíos que se ganaron a la gente. Apedrearon a Pablo y, pensando que estaba muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. 20 Pero cuando sus discípulos lo rodearon, él se levantó y entró en la ciudad. Al día siguiente salió hacia Derbe con Bernabé. 21 Después de anunciar el evangelio en Derbe y hacer bastantes discípulos, volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, 22 confortando a su paso los ánimos de los discípulos y exhortándoles a permanecer firmes en la fe. Les decían: "Tenemos que pasar muchas tribulaciones, para poder entrar en el reino de Dios". 23 Designaron responsables en cada iglesia y, después de orar y ayunar, los encomendaron al Señor, en quien habían creído. 24 Después atravesaron Pisidia, llegaron a Panfilia 25 y, después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía. 26 De allí regresaron por mar a Antioquía de Siria, donde habían sido encomendados a la protección de Dios para la misión que acababan de realizar. 27 Al llegar, reunieron a la comunidad y contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe. 28 Pablo y Bernabé permanecieron allí bastante tiempo con los discípulos (Hch 14,19-28).

         Tras otro peligrosísimo episodio de intolerancia, resuelto sin llegar al drama gracias a que "sus discípulos lo rodearon", Pablo (ahora protagonista, junto con Bernabé) toma el camino de vuelta y visita las comunidades recién fundadas. Se trata de una verdadera visita pastoral, en la que ambos confortan a los fieles y ponen las bases de una organización eclesiástica que permita la continuidad de las comunidades.

         Esta continuidad está garantizada por la conciencia (del elevado coste del reino de Dios) y la presencia de responsables (que creen en el Señor y que han sido confiados a él). Por otra parte, dice Pablo, tenemos que "pasar por muchas tribulaciones". 

         Los evangelizadores pasan, percibe Pablo, y el evangelio tiene que ser llevado continuamente adelante por nuevos evangelizadores. Esta preocupación por el futuro de la comunidad no puede disminuir nunca en la Iglesia, como tampoco en nuestros días.

         El viaje de vuelta está trazado a grandes rasgos, con rápidas pinceladas. Llegados a la iglesia de donde habían partido, contaron los abundantes frutos de la misión, sobre todo la confirmación de que Dios "había abierto a los paganos la puerta de la fe" (v.27).

         El camino hacia los paganos parece ya irreversible, y esto es algo que en Antioquía, ciudad abierta a la misión universal, parece obvio y pacífico. No obstante, esto no sucede así en todos los sitios, y hasta la misma Iglesia madre (la menos dinámica Jerusalén) no piensa del mismo modo. Este dato será precursor de nuevos nubarrones, aunque también de clarificaciones decisivas.

En aquel tiempo, 27 dijo Jesús a sus discípulos: "Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no os puede dar. No os inquietéis ni tengáis miedo. 28 Ya habéis oído lo que dije: Me voy, pero volveré a vosotros. Si de verdad me amáis, deberíais alegraros de que me vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. 29 Os lo he dicho antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. 30 Ya no hablaré mucho con vosotros, porque se acerca el príncipe de este mundo. Y aunque no tiene ningún poder sobre mí, 31 tiene que ser así para demostrar al mundo que amo al Padre y que cumplo fielmente la misión que me encomendó" (Jn 14,27-31).

         Este pasaje, con el que concluye el 1º coloquio de Jesús con los suyos, es un fragmento compuesto, y contiene palabras de despedida y de consuelo por parte del Maestro, que deja su comunidad y vuelve al Padre.

         Al despedirse de los suyos, Jesús les desea la paz (el shalom), que es el conjunto de los bienes mesiánicos, como don que viene de Dios y que Jesús posee. El motivo del consuelo debe prevalecer sobre el temor y la inquietud, pues él, Jesús, es la paz. De hecho, por eso añade Jesús una exhortación a la alegría. 

         En efecto, aunque los discípulos estén tristes por el alejamiento y el temor a quedarse solos, la separación respecto a Jesús es el paso hacia un bien mejor. Jesús va al Padre "porque el Padre es mayor" que él, como plenitud de su gloria (v.28). Es más, la vuelta del Hijo al Padre está unida de manera inseparable al escándalo de la cruz.

         Jesús, con las predicciones que ha hecho sobre su próxima muerte, no sólo pretende sostener la fe de los discípulos en el momento de la pasión, sino que quiere mostrar que los hechos que van a tener lugar forman parte del proyecto de Dios. En consecuencia, los suyos no deberán desanimarse, pues la fe será su fuerza y su consuelo.

         El tiempo terreno del Maestro está a punto de concluir, y le quedan pocos momentos para conversar aún con sus discípulos, porque "se acerca el príncipe de este mundo" (v.30). Aunque se acerque Satanás, viene a decirles Jesús, éste no tiene ningún poder sobre él, al no encontrar en él pecado por donde entrarle. La vida de Jesús está bajo el signo de la voluntad del Padre, y se entrega libremente a la muerte en la cruz para que el hombre conozca la verdad.

Meditatio

         El Señor ha derramado la paz en tu corazón, y está presente dentro de ti, con el Padre y el Espíritu Santo. Esto no puede más que darte un sentido de seguridad y de fuerza, pues si Dios está contigo, ¿quién estará contra ti?

         Sin embargo, tú estás a menudo inquieto y atemorizado, sobre todo cuando el mundo se presenta amenazante, y las pasiones no te dan tregua, y todo parece desarrollarse "como si Dios no existiera". Además, Dios calla dentro de ti, juega a esconderse y no responde. Es entonces cuando tu corazón se espanta, te asalta la duda y tu paz queda asediada, o incluso se volatiliza.

         En estos momentos es cuando debes recordar que Dios está presente en la luz oscura de la fe, que has de ejercitar para oír aquello que no oyes, o ver aquello que no ves, y aferrarte a un agarradero que has de buscar en la niebla.

         La fe está en la base de la paz, y procede de la comunión con Dios. Es la fe en el Dios ya presente y no poseído aún en plenitud, es la fe que se madura en el tiempo de la ausencia del Esposo, es la fe que se perfecciona en la búsqueda del Esposo, es fe que se purifica a través de los acontecimientos más duros y atroces.

         La paz procede de una mirada de fe sobre la realidad de un Dios que está presente pero ha de ser buscado con todo el ardor del corazón, incluso cuando éste está herido por el sentimiento de su ausencia. La paz viene cuando se comprende y acepta el misterio de la ausencia de Dios y de su silencio, o el misterio del sufrimiento de la cruz como momento más elevado del amor de Dios.

Oratio

         ¡Cómo busco la paz, Señor, y cuántas veces la busco! Sin embargo, debo admitir que no siempre la busco donde se encuentra. A veces la busco en el mundo, otras veces para vivir en paz, o para no incomodarme demasiado.

         También busco la paz como la busca el mundo: lejos de la cruz, huyendo de quien me turba, evitando a los que me hacen perder la paciencia, esquivando las molestias y cerrando los ojos antes los sufrimientos de los demás. En efecto, ¿cómo voy a poder vivir en paz, si no me defiendo? ¿Y cómo voy a vivir en paz, si no me concedo alguna satisfacción?

         Todas éstas son tentaciones frecuentes Señor. Tentaciones que desvían mi mirada de ti, o me hacen olvidar tus palabras constructoras de una paz sólida y tenaz.

         ¡Vence, Señor, estas tentaciones mías! Haz oír tu voz a mi corazón turbado y enséñame tus caminos. No permitas que me olvide de ti por un poco de bienestar o por buscar una tranquilidad que, con frecuencia, consiste en huir de tu presencia en mí y en mis hermanos.

Contemplatio

         Cuando el Señor precisa "os doy mi paz, pero no como la da el mundo", ¿qué debemos entender, sino que su paz no se puede encontrar amando este mundo? En este mundo, en efecto, los pacifistas se ponen de acuerdo para hacer esquivar los problemas, y gozar de los placeres sin la amenaza de la guerra.

         Si dichos pacifistas conceden paz a los justos, en el sentido de dejar de perseguirlos, lo que están buscando no es la paz, ni una concordia real (porque los corazones están desunidos), sino ofrecer a los demás que sean consortes de su suerte, a cambio de no molestarles (cf. San Agustín, Comentario de Juan, LXXVII, 5).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Os dejo mi paz. Que no se inquiete vuestro corazón" (Jn 14,27).

Conclusio

         Te encuentras siempre ante la alternativa de dejar hablar a Dios o dejar gritar a tu yo herido. Aunque deba haber un lugar donde puedas dejar que la parte herida de ti obtenga la atención que necesita, tu vocación es hablar del lugar donde Dios habita en ti. Cuando permites que tu yo herido se exprese en forma de justificaciones, disputas o lamentos, sólo consigues frustrarte aún más y te sentirás cada vez más rechazado.

         Reclama a Dios en ti, y deja que Dios pronuncie sobre ti palabras de perdón, de curación y de reconciliación, e incluso de llamamiento a la obediencia, al compromiso radical y al servicio.

         Se requiere mucho tiempo, y mucha paciencia, para distinguir entre la voz de tu yo herido y la voz de Dios, pero en la medida en que vayas siendo más fiel a tu vocación se volverá más fácil. No desesperes, y prepárate para una misión que será difícil pero fecunda (cf. Nouwen, H; La Voz del Amor, Brescia 1997, p. 133).

 Act: 05/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A