9 de Mayo

Sábado V de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 9 mayo 2026

Lectio

En aquellos días, 1 llegó Pablo a Derbe y después a Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, de madre judía convertida al cristianismo y de padre griego. 2 Timoteo gozaba de buena reputación entre los hermanos de Listra e Iconio. 3 Pablo decidió llevarlo consigo y lo circuncidó debido a los judíos que había en aquella región, pues todos sabían que su padre era griego. 4 En todas las ciudades por donde pasaban comunicaban a los creyentes los acuerdos tomados por los apóstoles y demás responsables de Jerusalén y les recomendaban que los acatasen. 5 Las iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día. 6 Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les impidió anunciar la Palabra en la provincia de Asia. 7 Llegaron a Misia e intentaron dirigirse a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. 8 Así que pasaron de largo por Misia y bajaron hacia Tróade. 9 Aquella noche Pablo tuvo una visión. Se le presentó un macedonio y le hizo esta súplica: "Pasa a Macedonia, ven en nuestra ayuda". 10 Ante esta visión, procuramos pasar rápidamente a Macedonia, persuadidos de que Dios nos llamaba a anunciarles la Buena Noticia (Hch 16,1-10).

         Lucas pasa ahora a narrar los acontecimientos misioneros de Pablo, protagonista de la 3ª parte de Hechos de los Apóstoles. El fragmento de hoy presenta el 2º viaje misionero, ya avanzado. Entre tanto, ha tenido lugar la separación de Bernabé, a causa (según Lucas) de una diferente valoración de la labor de Marcos.

         Pablo elige como nuevo compañero a un discípulo suyo, al que siempre le unirá un gran cariño: Timoteo. Haciendo gala de una gran elasticidad pastoral, especialmente en vistas a la acción entre los judíos, Pablo lo hizo circuncidar, aunque no viera para ello ninguna necesidad doctrinal. Pablo se hace en verdad "todo para todos" por el evangelio.

         Es significativo el hecho de que el Espíritu Santo hace prácticamente las veces de guía, corrigiendo la ruta de los misioneros. En efecto, Lucas quiere subrayar que el protagonista y el director de la evangelización es el Espíritu Santo, que tiene sus planes y que éstos son a menudo diferentes a los humanos. En concreto, el Espíritu quien impulsa hoy a Pablo a pasar a Europa, en vez de adentrarse en las regiones de Asia Menor.

         Hay un misterio en la llamada de Dios a los pueblos y las naciones, que escapa por completo a la mirada humana. Baste con esta sencilla reflexión: que el programador de la evangelización es el Espíritu Santo, y no el celo y fe de los evangelizadores.

         En la acción de Pablo, por tanto, no había demasiada organización, sino una gran disponibilidad a la acción del Espíritu. ¿No hace esto hoy actual y digno de atención este dicho, que podría parecer sólo un eslogan: Menos organización y más Espíritu?

En aquel tiempo, 18 dijo Jesús a sus discípulos: "Si el mundo os odia, recordad que primero me odió a mí. 19 Si pertenecierais al mundo, el mundo os amaría como cosa propia, pero como no pertenecéis al mundo, porque yo os elegí y os saqué de él, por eso el mundo os odia. 20 Recordad lo que os dije: Ningún siervo es superior a su señor. Igual que me han perseguido a mí, os perseguirán a vosotros; y en la medida en que pongan en práctica mi enseñanza, también pondrán en práctica la vuestra. 21 Os tratarán así por mi causa, porque no conocen a aquel que me envió" (Jn 15,18-21).

         La perícopa de hoy contiene una advertencia de Jesús dirigida a sus discípulos, sobre el odio y rechazo del mundo que tendrán enfrente. Si la nota distintiva de la comunidad cristiana es el amor, el Maestro presenta ahora a los suyos lo que caracteriza al mundo: el odio (v.18). El Señor advierte y explica ese odio del mundo, y emite un juicio sobre el mismo.

         El odio del mundo hacia la Iglesia parte de una opción de vida (la de los cristianos, no pertenecer al mundo), y es consecuencia lógica de ella (por no aceptar los cristianos sus principios y opciones).

         Los creyentes, en virtud de su opción de vida (a favor de Cristo), son considerados como extraños y enemigos (por el mundo). Su vida es una continua acusación contra las obras perversas del mundo, y un reproche elocuente contra los malvados. Por eso es odiado y rechazado el hombre de fe.

         En concreto, ¿cómo se manifiesta el odio del mundo hacia los discípulos? En esto mismo: en las persecuciones que han de padecer los creyentes por el nombre de Cristo. Por ello, estas pruebas no deben desanimar a los discípulos, ni en su camino de fe ni en su misión de evangelización. De hecho, también su Señor experimentó la incomprensión y el rechazo hasta la muerte (v.20).

         Es más, la persecución y el sufrimiento son una de las condiciones de la gloria que toda la comunidad cristiana debe compartir con su Salvador. La suerte de los discípulos es idéntica a la de Cristo. Así, si éste ha sido perseguido, también lo serán sus discípulos; si éste fue escuchado, también lo serán los suyos (v.20).

Meditatio

         Si pretendes vivir según tus convicciones de fe, no debe sorprenderte encontrar a tu alrededor la indiferencia o la hostilidad. No debe deprimirte que los medios de comunicación se rían a menudo del estilo de vida cristiano, o que cuando expreses tus convicciones te vean como un desconectado, o perteneciente a una época que ya ha desaparecido.

         Que no te abata el desaliento, porque eso es señal de que eres fiel a Cristo y a su Palabra. No entres en crisis, ni tampoco porque algunos seguidores de Jesús rechacen beber de este cáliz.

         Una de las características de la fe es su permanente carácter inactual. Vivamos esa cualidad de forma oblativa, y no nos rebajemos a aguar el testimonio, o bajar el grado de exigencia, o envolver con silencio lo que es más comprometedor e impopular.

         Hay silencios que parecen excesivamente prudentes, y son más expresión de temor que de prudencia. Sobre todo ante los contragolpes de la opinión pública, porque eso es algo que ya Jesucristo profetizó.

Oratio

         Ayúdame, Señor, a vivir como tú quieres que viva, en medio de las dificultades y hostilidades del mundo. Ayúdame a no tener miedo de ser tu testigo, y a no ser un juez severo con los que me ponen obstáculos en mi camino.

         Ayúdame, Señor, antes que nada, a comprender mis culpas, y los motivos que yo mismo he originado, y mis incumplimientos. La hostilidad puede venir también de mi comportamiento inadecuado, y eso es algo que debo tener en cuenta.

         Ayúdame a enfrentarme con valor, Señor, a las reacciones que proceden del hecho de decir lo que tú dirías, o de hacer las cosas que tú harías. Ayúdame a no tener miedo a hacer un serio examen de conciencia, a no diluir tu mensaje y a no esquivar el testimonio que debo a tu santo nombre.

Contemplatio

         El mundo que Dios reconcilia consigo mismo en la persona de Cristo, y ha sido salvado por medio de Cristo, y al que le han sido perdonados todos los pecados por los méritos de Cristo, ha sido elegido entre el mundo de los enemigos, los condenados y los corruptos.

         También los discípulos estaban en el mundo, y fueron elegidos cuando formaban parte de ese mundo. No fueron elegidos por sus méritos (porque no habían hecho antes ninguna obra buena), ni por su naturaleza (porque ésta, en virtud del libre albedrío, había sido contaminada por el pecado), sino que fueron elegidos por una concesión gratuita (es decir, "por pura gracia").

         En efecto, el que del mundo eligió al mundo no encontró bueno lo que eligió, sino que lo hizo bueno al elegirlo. Si eso es obra de la gracia, no lo es de las obras, pues de otro modo la gracia ya no sería gracia (cf. San Agustín, Comentario de Juan, LXXXVII, 3).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Igual que me han perseguido a mí, os perseguirán a vosotros" (Jn 15,20).

Conclusio

         Una de las cosas que debemos a nuestro Señor es no tener nunca miedo. Tener miedo es hacerle una doble injuria. En 1º lugar, es olvidar que él está con nosotros, que nos ama y que es omnipotente. En 2º lugar, es desconfigurarnos de su voluntad, y funcionar tan sólo con la nuestra.

         Tengamos esa fe que expulsa todo miedo. Tengamos a nuestro lado, frente a nosotros y en nosotros, a nuestro Señor Jesucristo, que es omnipotente y bueno para nosotros, que nos dice que busquemos el Reino de los Cielos y que el resto se nos dará por añadidura.

         Caminemos seguros con esta bendita y omnipotente compañía, y hagámoslo por el camino de lo más perfecto. Estemos seguros de que no nos ocurrirá nada de lo que no podamos extraer el mayor bien para su gloria, para nuestra santificación y para la de los otros.

         Todo lo que nos ocurra será querido y permitido por él. En consecuencia, lejos de toda sombra de temor, sólo hemos de decir: Bendito sea Dios por todo lo que nos ocurra. Tan sólo hemos de rogarle que ordene todas las cosas, y no según nuestras ideas sino para su mayor gloria (cf. Charles de Foucauld).

 Act: 09/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A