13 de Febrero
Viernes V Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 13 febrero 2026
Lectio
29 Un día que Jeroboán salía de Jerusalén se encontró en el camino con el profeta Ajías de Siló. Llevaba éste un manto nuevo, y estaban los dos solos en el campo. 30 Ajías se quitó el manto y lo rasgó en doce trozos, 31 y dijo a Jeroboán: "Toma para ti diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: Voy a arrancar el reino de manos de Salomón, y a ti te daré diez tribus. 32 A él le dejaré una tribu en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel". 19 Así se consumó la separación entre Israel y la dinastía de David, hasta el día de hoy (1Re 11,29-32;12,19).
El desenlace final de la infidelidad a Dios, por parte del rey Salomón, es la división del reino. La causa del cisma se explica en el capítulo siguiente, y como de costumbre se achaca éste a una cuestión de impuestos.
Jeroboán (uno de los funcionarios de Salomón), a la muerte del rey, le pide a Roboán (hijo suyo y heredero del trono) que alivie la presión fiscal, pero la respuesta es desconcertante: "Mi padre puso sobre vosotros un yugo pesado, y yo lo haré más pesado. Mi padre os azotó con látigo, y yo lo haré con escorpiones" (1Re 12,11.14). Roboán rechaza así la petición del pueblo, y abre la puerta a la división política.
El episodio del profeta Ajías de Siló, que precede inmediatamente a estos hechos, tiene un doble significado. Por una parte, el gesto profético de "rasgar el manto en doce trozos" es una advertencia y una denuncia de la injusticia social que hereda Roboán de su padre, junto con el reino. Por otra parte, el profeta nos da una orientación, a la hora de considerar la figura del profeta en cuanto tal.
El profeta es signo de la presencia de Dios, y anuncio de su intervención salvífica en la historia del pueblo. En efecto, Dios no es alguien que se divierte estropeando los "mantos nuevos" de los profetas, sino alguien que quiere "hacer nuevas todas las cosas".
En aquel tiempo, 31 Jesús dejó el territorio de Tiro y volvió de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. 32 Le llevaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar, y le suplicaron que le impusiera la mano. 33 Jesús lo apartó de la gente y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. 34 Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Effatha", que significa ábrete. 35 Al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente. 36 Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo pregonaban ellos, 37 y en el colmo de la admiración decían: "Todo lo hace bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Mc 7,31-37).
Jesús cura al hombre entero, y no sólo de sus enfermedades, como se aprecia en el presente pasaje. De hecho, la palabra aramea effatha no se dirige a los órganos enfermos, sino al enfermo: "¡Ábrete!" (v.34). Es el 2º milagro obrado por Jesús en territorio pagano, y con él Marcos pretende continuar la descripción de la actividad misionera de Jesús, abierta a los paganos.
Todo está descrito con sus mínimos detalles, y la acción simbólica de Jesús, que mete los dedos en los oídos del hombre, y le toca la lengua, ha pasado después a formar parte del rito del bautismo.
En cuanto al grito de admiración de los que habían llevado al sordomudo a Jesús, éste recuerda el estribillo del Génesis ("y vio Dios que era bueno"; Gn 1) y la profecía de Isaías ("la lengua del mudo cantará"; Is 35,6). Aunque en Marcos el hombre sanado habla sólo correctamente (v.35), el anuncio contenido en el episodio es el cumplimiento de la promesa de salvación.
Meditatio
El milagro es una auténtica noticia, y noticia alegre, para nuestros días. No sólo porque todos intuyamos que la salvación tiene que ver con relaciones nuevas, sino porque Jesús nos sale aquí al encuentro como alguien que puede llevar a cabo todo esto. Si lo ha hecho con un hombre sordo-mudo (y además extranjero) es para dar a entender que puede hacerlo con cualquier hombre.
Si participamos en el dolor de la humanidad que padece, no nos resultará difícil darnos cuenta que las heridas más graves de la gente tienen que ver precisamente con las relaciones, los endurecimientos y las atrofias, verdaderas y auténticas parálisis de la relación. De ahí el aislamiento, la sospecha y el miedo al otro, que nos hace encerrarnos en nosotros mismos y nos condena a la pérdida del sentido.
Jesús busca y toca los sentidos del hombre, hasta llegar al corazón y tocarlo. ¡Effatha! es la condición para volver a lanzar puentes con la vida, abrirse a Dios, encontrarse con él y volver al mundo, al diálogo con los hombres y a la verdadera relación con los demás.
Oratio
No tengáis miedo de acoger a Cristo, ni de aceptar su poder. Abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid a su poder salvador las fronteras de los estados, los sistemas económicos y políticos, los extensos campos de la cultura, la civilización y el desarrollo. No tengáis miedo.
Con gran frecuencia, el hombre no sabe lo que lleva dentro, ni lo que hay en el fondo de su ánimo. Con gran frecuencia, el hombre no está seguro del sentido de su vida, se ve invadido por la duda y ésta se transforma en desesperación. Permitid a Cristo hablar al hombre. Cristo sabe lo que hay dentro del hombre, y sólo él tiene palabras de vida eterna (Juan Pablo II, Homilía, 22-X-1978).
Contemplatio
¿Qué es este Verbo? Es el Verbo sin tiempo, por medio del cual fueron hechos los tiempos. Es el Verbo que no empezó cuando alguien abrió los labios, ni terminó cuando los cerró. Es el Verbo que no tiene su comienzo en la boca de quien lo pronuncia, y es capaz de abrir la boca de los mudos. Es el Verbo que no se produce en las lenguas locuaces de las gentes, y que hace elocuentes las lenguas de los niños (cf. San Agustín, Homilías, CCCLXIX, 1).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Haz, Señor, que escuchemos tu voz" (de la liturgia).
Conclusio
¿Crees de verdad que uno de mis chicos de la montaña posee muchos menos conocimientos que otro de la ciudad, con su misma edad? La diferencia entre mi hijo y el tuyo no está en la cantidad de cosas encerradas en la mente, sino en la palabra. Los tesoros de tus hijos se difunden desde una ventana abierta de par en par. Los tesoros de los míos están tapiados por dentro.
Así pues, lo que les falta a los míos es sólo esto: el dominio de la palabra. De la palabra ajena, para aferrar su esencia íntima y los límites precisos. De la palabra propia, para que exprese sin esfuerzo y sin traición las infinitas riquezas que encierra su mente.
Hace 7 años que enseño a los campesinos y a los obreros, y he dejado casi todas las otras materias. No enseño más que lengua e idiomas. Me retiro 10 ó 20 veces por noche a las etimologías. Me detengo en las palabras, se las secciono, se las hago vivir como personas que tienen un nacimiento, un desarrollo, una transformación y una deformación.
En los primeros años, los jóvenes no querían saber nada de esto. Después, poco a poco, experimentan las primeras alegrías (cf. Milani, L; "Carta al Director", en Giornale del Mattino, Barbiana, 28-III-1956).
Act:
13/02/26
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M U R C I A
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