8 de Mayo

Viernes V de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 8 mayo 2026

Lectio

En aquellos días, 22 los apóstoles y demás responsables, de acuerdo con el resto de la comunidad, decidieron escoger de entre ellos algunos hombres y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabás y a Silas, personajes eminentes entre los hermanos. 23 A través de ellos les enviaron la siguiente carta: "Los apóstoles y demás hermanos responsables, a los hermanos no judíos de Antioquía, Siria y Cilicia. Saludos. 24 Hemos oído que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han inquietado y desconcertado con sus palabras. Por tal motivo, 25 hemos decidido de común acuerdo escoger algunos hombres y enviároslos con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26 hombres que han consagrado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo. 27 Enviamos, pues, a Judas y a Silas, que os referirán lo mismo de palabra. 28 Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros otras cargas más que las indispensables: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de carne de animales estrangulados y de matrimonios ilegales. Haréis bien en guardaros de todo esto. Que os vaya bien". 30 Los enviados se pusieron en camino y llegaron a Antioquía, donde convocaron una asamblea comunitaria y entregaron la carta. 31 Su lectura les llenó de alegría y les proporcionó un gran consuelo (Hch 15,22-31).

         La Asamblea de Jerusalén concluye eligiendo una delegación y con el envío de una carta. En ella se desautoriza a los rigoristas (o sea, a los que habían provocado el altercado) y se da vía libre a la apertura a los paganos, sin imponerles demasiadas cargas. Es importante la conciencia que tiene la asamblea de haber tomado una decisión bajo la iluminación del Espíritu Santo.

         La Iglesia ha experimentado, desde sus orígenes, la presencia del Espíritu, y la ha transmitido a lo largo de los siglos. El discernimiento practicado (en el que ha participado toda la Iglesia) ha sido verdaderamente espiritual. Es decir, ha sido guiado por el Espíritu Santo.

         La delegación debe explicar los detalles del contenido del texto, así como las cláusulas de Santiago, presentadas como generosas ("no cargas pesadas"). De hecho, esas limitaciones caerán pronto en desuso frente a la aplastante presencia de los procedentes del paganismo y la disminución del componente judío. El mismo Pablo, por su parte, no hizo nunca alusión a estas cláusulas.

         La línea de Antioquía tiene ahora vía libre para su estilo de evangelización. Sus tesis han sido aceptadas y avaladas plenamente. Se comprende que "su lectura les llenara de alegría y les proporcionara un gran consuelo". Este consuelo les animó a seguir por el camino emprendido.

         Antioquía se convierte ahora en el nuevo centro de irradiación del evangelio, y en el punto de partida de las nuevas empresas de Pablo. Reina un clima de alegría y de serenidad por el avance del evangelio, y eso les hace cerciorarse de la importancia vital de la difusión del camino de salvación a todos los hombres.

         Esto nos hace reflexionar sobre la escasa presencia actual de esta preocupación en nuestras comunidades. ¿Qué está pasando? ¿Ha perdido su relevancia a nuestros ojos la causa del evangelio? ¿O será que han disminuido los hombres que, como Pablo y Bernabé, "han consagrado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo"?

En aquel tiempo, 12 dijo Jesús a sus discípulos: "Mi mandamiento es éste: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15 En adelante, ya no os llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora os llamo amigos porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre. 16 No me elegisteis vosotros a mí; fui yo quien os elegí a vosotros. Y os he destinado para que vayáis y deis fruto abundante y duradero. Así, el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre. 17 Lo que yo os mando es esto: que os améis los unos a los otros" (Jn 15,12-17).

         Las relaciones entre Jesús y los discípulos asumen una intensidad particular en esta breve perícopa, donde se afronta el tema del mandamiento del amor fraterno que dice: "Amaos los unos a los otros corno yo os he amado" (v.12).

         Los mandamientos que debe observar la comunidad mesiánica están compendiados en el amor fraterno. Este precepto del Señor glorifica al Padre, y supone vivir como verdaderos discípulos y dar como fruto el testimonio. Ahora bien, la calidad y la norma del amor al hermano son una sola: el amor que Jesús tiene por los suyos, hasta la cima de la cruz (v.13).

         La cruz es el ejemplo de la entrega de Jesús hasta el extremo, por sus discípulos. Él ha entregado su propia vida por aquellos a los que ama, y lo que desea de los suyos, a cambio, es la fidelidad al mismo mandamiento, siguiendo su ejemplo. La riqueza del amor que une a Jesús con los suyos, y a los discípulos entre ellos, es total y de una gran calidad.

         El modelo del amor de Jesús por sus discípulos no tiene que ver solamente con el sacrificio de su vida, sino que contiene también otras 2 prerrogativas: la intimidad entre amigos, y el don gratuito (v.14). El signo mayor de la amistad entre dos amigos consiste en revelarse los secretos de sus corazones.

         El amor de amistad, del que nos habla Jesús, no se impone, sino que es respuesta de adhesión en el seno de la fidelidad. El Maestro, al hacer partícipes a sus discípulos de los secretos de su vida, ha hecho madurar en ellos el seguimiento, y les ha hecho comprender que la amistad es un don gratuito que procede de lo alto.

         La verdadera amistad se sitúa en el orden de la salvación. Jesús no es ya para ellos el Señor, sino su confidente. Por su parte, ellos no son ya siervos, sino sus amigos. Convertirse en discípulo de Jesús es don, gracia y elección, y la certeza de que nuestras peticiones dirigidas al Padre, en nombre de Jesús, serán escuchadas (v.16).

Meditatio

         "Mi mandamiento", el que resume todos los otros, el que distingue a un discípulo de Jesús de todos los demás, el que Juan llamará "mandamiento nuevo", el típico e inconfundible de Jesús, es sencillo y exigente: "Amaos unos a los otros como yo os he amado". Seguir a Jesús consiste en amar al hermano hasta dar la vida por él. ¿Por qué? Porque eso fue lo que hizo Jesús, el Hijo que bajó para dar la vida por mí.

         "Dar la vida" no significa sólo morir por los hermanos. Esto puede ser incluso hermoso y deseado, sobre todo en ciertos momentos en que sentimos en nosotros un particular impulso de generosidad. "Dar la vida" significa gastar diariamente nuestra propia vida, para que sean felices a diario los que viven junto a mí.

         "Dar la vida" significa que cada mañana debo preguntarme cómo puedo hacer para no ser una carga para los que viven conmigo. Significa soportar sus silencios y malas caras, aceptar los límites de su carácter, no extrañarse de sus contradicciones ni de sus pecados. Significa aceptar a mi prójimo tal como es, y no tal como debería ser.

Oratio

         Hoy me siento obligado, Señor, a preguntarme hasta qué punto me tomo en serio tu mandamiento, ese que me distingue como discípulo tuyo, ese que tú te tomas tan a pecho.

         Si me examino bien, debo confesar que no es el 1º mandamiento de mi vida, ni el que me tomo más a pecho. Y es que he puesto por delante muchos otros valores, que el entorno considera más importantes, o que me gratifican más y con mayor facilidad.

         Ilumíname, Señor, para que en mi vida esté por encima de todo la preocupación por construir la fraternidad, aceptar con benevolencia a mis hermanos, olvidar sus errores y recordar constantemente tu mandamiento.

         Concédeme la íntima convicción de que es la práctica de este mandamiento lo que hace nuevo el mundo, y de que mi verdadera contribución como creyente la brinda mi actitud fraterna. Ayúdame a poner en lo más alto de mi escala de valores este mandamiento, que es el más antiguo y el más nuevo, y que cada día deberé aplicar a nuevas situaciones. De no ser así, no me habré renovado a mí mismo, ni mi existencia ni mi ambiente vital.

Contemplatio

         Oh santo Amor, quien no te conoce no ha podido gustar la suavidad de tus beneficios, que sólo la experiencia vivida nos revela. Quien te haya conocido no puede concebir ya ninguna duda, porque tú eres el cumplimiento de la ley, el que colmas y enciendes los corazones con una caridad inmensa.

         Tú, Señor, eres el maestro de los profetas, el compañero de los apóstoles, la fuerza de los mártires, la inspiración de los padres y doctores, la perfección de los santos. Tú me preparas también a mí, Amor, para el verdadero servicio de Dios (cf. Simeón el Nuevo Teólogo).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Os he destinado para que vayáis y deis fruto" (Jn 15,16).

Conclusio

         Cuando el Señor mandó a su pueblo amar al prójimo como a sí mismo (Lv 19,18), no había venido aún a la tierra. Sabía hasta qué punto se ama la propia persona, mas no podía pedir a sus criaturas un mayor amor al prójimo. Cuando Jesús dio a sus apóstoles un mandamiento nuevo ("mi mandamiento"), no habló ya de amar al prójimo como a sí mismo, sino de amarlo como él, Jesús, lo amó, y lo amará hasta la consumación de los siglos.

         Señor, sé que tú no nos mandas nada imposible. Tú conoces mejor que yo mi debilidad e imperfección, y sabes que no podré nunca amar a mis hermanas como tú las amas, si no eres tú quien las ama en mí. Para concederme esta nueva gracia, has dado un mandamiento nuevo.

         ¡Oh, cuánto lo amo! Sobre todo por las garantías que da, de que tu voluntad es amar en mí a todos aquellos a quienes me mandas amar. Sí, estoy convencida de ello. Cuando practico la caridad, es sólo Jesús quien obra en mí. Cuanto más unida estoy a él, tanto más amo a mis hermanas (cf. Teresa de Lisieux, Manuscritos Autobiográficos, Burgos 1997).

 Act: 08/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A