23 de Junio
Martes XII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 23 junio 2026
Lectio
En aquellos días, 9 Senaquerib (rey de Asiria) envió mensajeros a Ezequías (rey de Judá) 10 para decirle: "Que tu Dios, en quien confías, no te engañe diciéndote que Jerusalén no caerá en mis manos. 11 Sabes bien que los reyes de Asiria hemos exterminado a todos los países, y ¿vas a librarte tú?". 14 Ezequías tomó la carta que traían los mensajeros y la leyó. Después subió al templo, la desenrolló ante el Señor 15 y oró así: "Señor, Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines, tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra. 16 Inclina, Señor, tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira. Escucha las palabras con que Senaquerib ha ultrajado al Dios vivo. 17 Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han asolado otros pueblos y otras tierras, 18 y han quemado a sus dioses. No eran dioses, sino madera o piedra modeladas por el hombre, y por eso los han destruido. 19 Te suplico, Señor Dios nuestro, que nos libres de su poder, para que todos los reinos de la tierra sepan que tú, Señor, eres el único Dios". 20 Entonces Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: "El Señor, Dios de Israel, ha escuchado tu plegaria ante la amenaza de Senaquerib, 21 y esta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella de Sión, y Jerusalén a tus espaldas menea la cabeza. 31 Quedará un resto en Jerusalén, y supervivientes en el monte Sión. 32 El rey de Asiria no entrará en esta ciudad, ni la alcanzará con sus flechas, ni la cercará con sus escudos, ni levantará terraplenes contra ella. 33 Se volverá por donde vino y no entrará en esta ciudad. 34 El Señor la protegerá y la salvará, en atención a sí mismo y a su siervo David". 35 Aquella misma noche, el ángel del Señor vino al campamento asirio e hirió a 185.000 hombres. 36 Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se fue a Nínive y se quedó allí (2Re 19,9-11.14-21.31-36).
La narración bíblica prosigue hablando hoy de la masiva inmigración de 5 estirpes extranjeras e idolátricas (los famosos "cinco maridos" de Jn 4,18) en el Reino del Norte (Samaría), que provocó un auténtico sincretismo (pues "aquellas gentes daban culto al mismo tiempo al Señor y a sus ídolos", y "sus descendientes siguen haciendo lo mismo hasta el día de hoy"; 2Re 17,41).
Al Reino del Sur (Judá) le aguardaba un destino que no era diferente. Reinaba allí el piadoso rey yahvista Ezequías (716-687), que logró salvar Jerusalén entrando en una relación de vasallaje con Asiria (2Re 18,13). A pesar de ello, la reacción anti-asiria, con el apoyo egipcio, estaba viva.
El fragmento que hoy nos ofrece la liturgia nos presenta la carta del rey Senaquerib I de Asiria (704-681), en la que amenaza a Ezequías con ponerse en contra de él. Al mismo tiempo, Isaías, en un extenso canto que incluye el oráculo divino (vv.21-34, reducidos en el texto litúrgico), anuncia la derrota, por obra del mismo Señor, del ejército de Senaquerib, diezmado probablemente por la peste.
En aquel tiempo, 6 Jesús dijo a sus discípulos: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisoteen, se vuelvan contra vosotros y os destrocen. 12 Así pues, tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros, porque en esto consisten la ley y los profetas. 13 Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por él. 14 En cambio, ¡qué estrecha es la puerta, y qué angosto el camino que lleva a la vida!, y son pocos los que lo encuentran" (Mt 7,6.12-14).
Hallamos hoy algunos dichos del Señor reunidos por el evangelista en el magno Sermón de la Montaña. El texto litúrgico omite los versículos relativos a las "cosas buenas" que los hombres intercambian entre ellos y que el Padre celestial concede a quienes se las piden.
El 1º de los dichos referidos tiene que ver con el uso de lo santo. El sentido de esta expresión no está claro, aunque podemos sobreentender con ella la palabra evangélica y, en último extremo, la eucaristía (Didajé, IX, 5). Parece que se bosqueja aquí lo que será definido como la Disciplina del Arcano.
Esta disciplina consiste en no revelar los santos misterios a los extraños, y menos aún a las personas indignas. A este respecto, dice San Juan Crisóstomo que, "si cerramos nuestras puertas antes de celebrar los misterios, y excluimos a los no iniciados, es porque hay todavía muchos que no están preparados para poder participar en estos sacramentos".
Con el término perros se designaba de modo despreciativo a los paganos, considerados idólatras por definición (Mt 15,26). Los cerdos, considerados proverbialmente como animales impuros, eran equiparados los que mantenían una conducta contraria a la ley (2Pe 2,21).
Según San Jerónimo, "algunos quieren ver en los perros a aquellos que, tras haber creído en Cristo, vuelven al vómito de sus pecados, y en los cerdos a los que no han creído aún en el evangelio y siguen revolcándose en sus vicios y en su fango". En consecuencia, concluye Jerónimo, "no conviene confiar demasiado pronto a hombres de tal condición la perla del evangelio, por miedo a que la pisoteen y, revolviéndose contra nosotros, intenten destrozarnos".
Frente a la bondad divina, los hombres son malos. Sin embargo, son capaces de dar pan y pescado. Pues bien, ¿qué pan y qué pescado no nos dará el Padre con el don de su Hijo? Estas "cosas buenas" son, ciertamente, los bienes superiores, los del reino y la justicia de Dios. De ahí que Jesús diga que "el Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan" (Lc 11,13).
El Espíritu Santo es el don por excelencia de Dios, y se concede siempre a los que lo piden. Él es espíritu de vida y de regeneración, inteligencia de las Escrituras, discernimiento espiritual, carisma variado en la comunidad.
No obstante, hay muchas otras cosas que pueden ser buenas en el marco y desde la perspectiva del Reino y de su justicia (una buena salud, el pan de cada día, la paz y la tranquilidad en el trabajo...). Como recuerda Miegge, "debemos abstenernos de una excesiva timidez, del orgullo espiritualista, de un estoicismo cristiano, sobre todo si vienen a detener la espontaneidad natural de la oración de los hijos al Padre".
El v. 12 constituye la Regla de Oro del obrar cristiano. La encontramos, aunque formulada de manera negativa, en Tob 4,15, y no falta tampoco en las antiguas tradiciones espirituales. Hemos de señalar aún la insistencia en el hacer, que se repite 6 veces de forma consecutiva (vv.12.17.19.21.24.26).
Por último, están las 2 puertas, y los correspondientes caminos a los que dan acceso. La doctrina de los 2 caminos estaba formulada ya en el AT (Dt 30,15-20), y fue recuperada en la 1ª catequesis cristiana (Didajé, I, 1). La imagen de la puerta y del camino remite al mismo Cristo (Mt 22,16), que se atribuye a sí mismo esta doble realidad (Jn 10,7; 14,6), así como a los Hechos de los apóstoles (donde aparece con bastante frecuencia).
Meditatio
Las perlas, según San Juan Crisóstomo, son "los misterios de la verdad" o totalidad del patrimonio revelado. En consecuencia, reflexionemos en qué consideración tenemos la palabra divina. El fragmento litúrgico omite los vv. 7-11, relacionados con la eficacia de la oración. Los leemos directamente en la Biblia, a fin de convertirlos en objeto de meditación.
La Glosa medieval explicita el trinomio "pedir, buscar y llamar", diciendo que nosotros "pedimos con la oración, buscamos con la rectitud de la vida y llamamos por medio de la perseverancia".
El texto evangélico nos invita a preguntarnos si somos capaces de dar cosas buenas a los hermanos, de cosas que se convierten en la medida de nuestras acciones. Por último, tomemos conciencia de si vamos por el camino estrecho (que es Cristo mismo) o si intentamos hacer el recorrido cómodo y gratificador (al precio de compromisos y mediocridad).
Oratio
Clementísimo Señor Jesucristo, hazme entrar por la puerta de la salvación, después de haber recorrido el camino estrecho de la justicia y haber entrado por la estrecha puerta de la penitencia. Enséñame a evitar las sugerencias de los engañadores, y concédeme evitar la sencillez y la inocencia de los hombres espirituales.
Que mi corazón no eche sus raíces en la tierra, sino en el cielo, de modo que sea encontrado fiel en los frutos de las buenas obras, más bien que en el follaje de las solas palabras.
Concédeme cumplir la voluntad del Padre celestial, Señor, y traducir en obras las palabras que escucho de ti, de suerte que, arraigado en ti, no haya tentación que me separe de ti (cf. Landulfo de Sajonia).
Contemplatio
El "camino ancho" es el apego a los bienes del mundo que los hombres desean ardientemente, y el "camino estrecho" es el que se recorre al precio de fatigosas renuncias. En cuanto a los individuos que marchan por ambos caminos, son muchos los que caminan por el camino ancho, mientras que "sólo unos pocos" encuentran el estrecho.
No es preciso ir a buscar el camino ancho, ni resulta difícil encontrarlo, pues éste se presenta espontáneamente a nosotros. Con todo, es el camino de los que se equivocan. El camino estrecho, en cambio, no todos lo encuentran, y los que lo hallan no siempre entran en él de inmediato. Muchos, aunque han encontrado el camino de la verdad, se vuelven atrás a medio camino, presos de las seducciones del mundo (cf. San Jerónimo, Comentario de Mateo).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vuestro Padre dará cosas buenas a los que se las pidan" (Mt 7,11).
Conclusio
El camino de los seguidores es angosto. Resulta fácil no advertirlo, resulta fácil falsearlo, resulta fácil perderlo, incluso cuando uno ya está en marcha por él. Es difícil encontrarlo. El camino es realmente estrecho, y el abismo amenaza por ambas partes.
Ser llamados a lo extraordinario, y no ver ni saber que se hace... eso es un camino estrecho. Confesar la verdad de Jesús, y amar al enemigo que la rechaza... eso es un camino estrecho. Creer en la promesa de Jesucristo, y sufrir la injusticia antes que cometerla... eso es un camino estrecho.
En cualquier instante podemos caer, pero éste es el camino que Jesús ha decretado seguir. Si lo sigo con miedo, me resultará imposible. Si veo a Jesucristo precediéndome paso a paso, y le sigo paso a paso, me siento protegido. Si miro al camino en vez de a Aquel que me precede, mi pie comenzará a vacilar, porque sólo él es el camino (cf. Bonhoeffer, D; El Precio de la Gracia, Salamanca 1999, p. 125).
Act:
23/06/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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