27 de Junio
Sábado XII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 27 junio 2026
Lectio
2 En su furor, el Señor ha arrasado sin piedad todos los campos de Jacob, ha derribado las fortalezas de la capital de Judá, ha humillado y deshonrado al reino y a sus príncipes. 10 Los ancianos de Sión están sentados silenciosos en el suelo, han echado ceniza en su cabeza y se han vestido de sayal. Hasta las doncellas de Jerusalén humillan su cabeza hasta la tierra. 11 Mis ojos se consumen en lágrimas, mis entrañas se estremecen, mi rabia se desborda por la ruina de la capital de mi pueblo. Niños y lactantes desfallecen en las calles de la ciudad, 12 preguntando a sus madres: "¿Dónde hay pan y vino?". Mientras tanto, desfallecen moribundos en las calles de la ciudad, y exhalan el último suspiro en el regazo de sus madres. 13 ¿A quién te asemejas, a quién te pareces, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé para consolarte, doncella de Sión? Tu herida es como el mar, ¿quién te podrá curar? 14 Tus profetas te transmitieron visiones vacías y engañosas. No te desvelaron tu maldad para que cambiara tu suerte, y te transmitieron oráculos falaces y seductores. 18 Claman los israelitas al Señor con todo el corazón. ¡Muralla de Sión, deja correr como un río tus lágrimas, no des tregua a tus ojos ni de día ni de noche! 19 ¡Levántate, lanza gritos en la noche y al comenzar cada vigilia, desahoga tu corazón ante el Señor, alza tus manos hacia él y ruega por la vida de tus niños, que desfallecen de hambre por las plazas! (Lm 2,2.10-14.18-19).
Una vez terminada la lectura de los libros I y II de Reyes, la mejor reflexión sobre el sentido que tienen los acontecimientos narrados es esta página de las Lamentaciones, atribuidas a Jeremías (es la única lectura de este libro que se realiza durante el tiempo ordinario).
El texto, resumido por la versión litúrgica (de los 22 versículos originales), está constituido por la totalidad del cap. 2 de Lamentaciones, y representa una sufrida meditación sobre el exilio, sobre la responsabilidad de los falsos profetas y las prácticas idolátricas, sobre el inevitable hundimiento de Jerusalén y su templo.
Este conjunto de acontecimientos conduce al arrepentimiento y a la súplica. La lejanía de la patria es la imagen palpable de la lejanía de Dios, el Dios que domina sobre los acontecimientos de la historia y revela su significado íntimo y providencial por medio de sus mensajeros.
Tras haber hablado de la infausta suerte corrida por el rey judío Sedecías, por los sacerdotes y los profetas, los ancianos y los jóvenes, el canto se dirige a Sión, le recuerda los engaños de los que fue víctima y la invita a llorar sobre su propia suerte.
5 Al entrar en Cafarnaum, se le acercó a Jesús un centurión 6 suplicándole: "Señor, tengo en casa un criado paralítico que sufre terriblemente". 7 Jesús le respondió: "Yo iré a curarlo". 8 El centurión replicó: "Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra y mi criado quedará sano. 9 Yo soy un subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes, y digo a uno ¡ve! y va; y a otro ¡ven! y viene, y a mi criado ¡haz esto! y lo hace". 10 Al oírlo, Jesús se quedó admirado y dijo a los que le seguían: "Os aseguro que jamás he encontrado en Israel una fe tan grande. 11 Por eso os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el banquete del reino de los cielos, 12 mientras que los hijos del reino serán echados fuera, a las tinieblas, done llorarán y rechinarán sus dientes". 13 A continuación, Jesús dijo al centurión: "Vete, y que suceda según tu fe". Y en aquel momento el criado quedó sano. 14 Al llegar a la casa de Pedro, Jesús encontró a su suegra acostada con fiebre. 15 Jesús tomó su mano, y la fiebre desapareció. Ella se levantó y se puso a servirle. 16 Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus con su palabra, y curó a todos los enfermos. 17 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: "Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8,5-17).
El milagro del centurión aparece también en Lc 7,1-10 y en Jn 4,46-54. Mateo nos habla de un hijo que todavía está siendo criado (pais), Lucas de un criado (dulos) y Juan de un hijo (huios). De hecho, se trata de un prodigio en el que confluyen el poder taumatúrgico de Cristo (que obra de inmediato, "en aquel momento", incluso a distancia), y la fe del funcionario (elogiada por el Maestro).
Esto brinda a Cristo la ocasión de condenar el rechazo de sus paisanos, y describir su triste desenlace. El llanto y el "rechinar de dientes" es una expresión idiomática que indica una gran desesperación, con plena conciencia del mal realizado.
Cristo se hospeda en Cafarnaum, en la casa de Pedro, cuya suegra tiene fiebre. Aquí (único caso en Mateo) es Jesús quien toma la iniciativa y realiza el milagro, con el mismo toque reservado al leproso.
Es interesante señalar los diferentes rasgos con que narran el episodio los sinópticos (el realismo de Mc 1,33, y los matices de Lc 4,39). Los tres concuerdan en el hecho de que, inmediatamente después de ser curada, la mujer "se puso a servir", a forma de 1ª diaconisa de la historia cristiana.
Los vv. 16-17 resumen la obra desplegada por Cristo en favor de los endemoniados (de los que no ha hablado Mateo todavía) y de los enfermos. Puesto que Cristo ha venido a cumplir las Escrituras, se cita al profeta Isaías (Is 53,4), adaptándolo al nuevo contexto. Es decir, que en vez de los sufrimientos y dolores (con los que habría de cargar el Siervo de Yahveh) se habla aquí de flaquezas y enfermedades, a forma de expiación liberadora.
Meditatio
Entrar en contacto con leprosos, paganos y mujeres no era conveniente para un rabino, y podía producir un estado de impureza legal. A pesar de todo, Jesús no se sustrae a las peticiones de curación (según Lucas, también le pidieron que curara a la suegra de Pedro) e infringe los tabúes que habrían contradicho la lógica misma de la encarnación.
En efecto, si Dios asume un cuerpo humano es para comunicarse con ese cuerpo del hombre, pues "el cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo" (1Cor 6,13).
Jesús interviene en consideración a la fe del enfermo (en el caso del leproso) o de la casa (en el caso de la suegra de Pedro), pero tiene palabras de elogio sobre todo para la fe que un pagano ha manifestado en su palabra. Se trata de una fe de la que dice Jesús: "Jamás he encontrado en Israel una fe tan grande", una fe que nadie había sido capaz de igualar hasta entonces.
Hoy no es ya el toque taumatúrgico que el Señor despliega en la eucaristía lo que pretendemos experimentar, sino la simple fuerza de su palabra. Traigamos a nuestra mente las palabras de vida que nos ha transmitido el Señor, e interroguémonos sobre el impacto curador que éstas han producido y siguen produciendo todavía en nosotros.
Oratio
Tú, oh Señor, nos has enseñado que "se redime sólo aquello que se asume" (Vaticano II, Ad Gentes, 3). Por eso "tomaste nuestras flaquezas y cargaste con nuestras enfermedades", y no buscaste un chivo expiatorio sobre el que cargar el mal que aflige el corazón del hombre, sino que cargaste tú mismo con él.
Reavivo en mí la certeza, Señor, de que tú pretendes restituir el género humano a la condición originaria de belleza y sanidad con que salió de las manos del Creador. Mientras pretendo secundar en mí tu obra taumatúrgica, acojo las penas y los sufrimientos que la vida me reserva, a fin de asociarme a tu pasión redentora en favor de la santa Iglesia y de toda la humanidad (Col 1,24).
Contemplatio
¿Qué dice el centurión? Esto mismo: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa". Oigámosle cuantos hemos aún de recibir a Cristo, porque es posible recibirle también ahora. Oigámosle e imitémosle, y recibamos al Señor con el mismo fervor que el centurión.
"Di una sola palabra y mi criado quedará sano". Mirad cómo este centurión, a la par que el leproso, tiene de Cristo la opinión conveniente. En efecto, no dijo el centurión "suplícalo a Dios", ni "haz oración y ruega", sino: "Mándalo solamente".
El centurión no busca la presencia física de Jesús para salvar a su siervo, ni lleva el enfermo al médico. Su comportamiento atestigua que no tiene una idea limitada de Cristo, sino divina, y por eso le dice: "Di una sola palabra".
Al comienzo, el centurión ni siquiera le manifiesta su petición, sino que se limita a exponer la enfermedad del criado. Su gran humildad le impide pensar que Cristo consentirá concederle de inmediato la curación, y accederá a visitar su casa. Con tener una fe tan grande, todavía se consideraba indigno a sí mismo.
Cristo, para mostrar que era digno de que él entrara en su casa, hizo mucho más que entrar. En concreto, lo admiró y lo proclamó, y le dio más de lo que había venido a pedirle. Sí, el centurión vino a pedir la salud corporal para su criado, y se fue con el reino de Dios en las manos.
Mirad cómo se cumple aquí lo de "buscad el reino de los cielos, y todo eso se os dará por añadidura". Por haber dado muestras de una fe y una humildad tan grandes, no sólo le dio el Señor el cielo, sino la salud de su criado por añadidura (cf. San Juan Crisóstomo, Comentario de Mateo, XXVI, 1-4).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Di una sola palabra y quedaré sano" (Mt 8,8).
Conclusio
Preguntas qué has de hacer cuando te asaltan por todas partes tuerzas aparentemente irresistibles, y oleadas que te cubren y pretenden arrancarte del suelo.
En ocasiones, estas oleadas proceden del sentimiento de ser rechazado, olvidado o mal entendido. Algunas veces proceden de la rabia, del resentimiento o incluso de un deseo de venganza. Otras veces, de la autocompasión o del desprecio a nosotros mismos. Estas oleadas te hacen sentirte como un niño impotente, abandonado por sus padres.
¿Qué debes hacer? Toma la opción consciente de desplazar la atención, desde tu corazón ansioso por estas oleadas, hacia Aquel que camina sobre las olas y dice: "Soy yo, no tengáis miedo" (Mt 14,27; Mc 6,50; Jn 6,20). Continúa teniendo tu mirada fija en él, con la confianza de que él llevará la paz a tu corazón.
Mira a Jesús y dile: "Señor, ten piedad". Dilo una vez y otra, pero no con ansiedad sino con la confianza en que él está muy cerca de ti y llevará tu alma al reposo (cf. Nouwen, H; La Voz del Amor, Brescia 1997, p. 131).
Act:
27/06/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()