8 de Julio

Miércoles XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 8 julio 2026

Lectio

1 Vid frondosa era Israel, que daba fruto abundante. No obstante, cuantos más eran sus frutos, más multiplicaba sus altares; cuanto más prosperaba su tierra, más embellecía las estelas. 2 Tiene dividido el corazón, y ahora lo va a pagar, pues el Señor romperá sus altares y derribará sus estelas. 3 Ahora dicen: "Ya no tenemos rey, no respetamos al Señor, y ¿qué puede hacer el rey por nosotros?". 7 Lo que sí ha desaparecido es Samaría, cuyo rey es una brizna en la superficie del agua. 8 Lo que sí son devastados son los Altos de Avén, pecado de Israel, así como espinas y zarzas trepan por sus altares. Ahora sí que dice Israel a los montes: "Cubridnos", y a las colinas: "Caed sobre nosotros". 12 Pues bien, sembrad justicia y cosecharéis amor. Roturad un campo nuevo, que ya es tiempo de buscar al Señor, para que él venga y derrame sobre vosotros la justicia (Os 10,1-3.7-8.12).

         Oseas compara a Israel con una viña, imagen entrañable para los autores bíblicos (Is 3,14; 5,1-7; 27,2; Jer 3,21; 12,10; Ez 15,1; 17,6-10; Sal 80,9-19). Efectivamente, Israel se ha vuelto cultivador, se ha enriquecido y, con el bienestar material, ha tomado impulso para abandonarse a un culto materialista e idólatra. Como recuerda Oseas, "tiene dividido el corazón" (v.2).

         El profeta subraya con vigor la insinceridad que el materialismo ha producido, en concomitancia con la erección de estelas paganas (las massebe, o columnas talladas con ambiciones artísticas) y una depravación idólatra.

         En medio de ese materialismo idólatra, el pueblo se lamenta de no tener un rey como las demás naciones. El comentario del profeta constituye una verdadera desaprobación, y les recuerda que, sin Yahveh, Israel está perdido, tenga o no tenga rey.

         La destrucción de Samaria, que ocurrirá muy poco después (721 a.C) de Oseas (750 a.C), está predicha con vigor, junto con el fin de su rey, arrastrado como "una brizna" en las trágicas aguas del asedio.

         "Espinas y zarzas" alude al Génesis (Gn 3,18), y son las que treparán por las ruinas de sus altares. El pueblo, consciente al final de su propio daño, deseará que los montes le caigan encima para ocultar su propia vergüenza. ¿Cómo no sentir aquí algo así como un anticipo del anuncio de Cristo (Lc 23,30)?

         En el v. 12 invita Oseas al pueblo a cambiar de vida. En ese sentido, "sembrad justicia" ha de ser entendida como obediencia a la voluntad de Dios, capaz de cosechar un clima de amor.

         Todavía una imagen agrícola más, la de un "campo nuevo", como el corazón del pueblo invitado a realizar esta justicia, es un ejemplo del modo fundamental de buscar a Dios: como él quiere.

En aquel tiempo, 1 Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar espíritus inmundos y curar toda clase de enfermedades y dolencias. 2 Los nombres de los doce apóstoles son los siguientes. El primero Simón Pedro, y su hermano Andrés. A continuación Santiago de Zebedeo, y su hermano Juan. 3 A continuación Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el Publicano, Santiago de Alfeo y Tadeo, 4 Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó. 5 A estos doce los envió Jesús con las siguientes instrucciones: "No vayáis a regiones de paganos, ni entréis en los pueblos de Samaría. 6 Id más bien a las ovejas perdidas de Israel. 7 Id y anunciad que ha llegado el reino de los cielos" (Mt 10,1-7).

         Es interesante señalar que al discurso sobre la necesidad de la misión ("rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies"; v.38) le sigue la llamada de los doce, que son enviados de inmediato. Existe un vínculo profundo, en efecto, entre el ser llamado, el estar con el Señor y el ir a los hermanos.

         Se trata de una llamada por el propio nombre. Es decir, dentro de la propia identidad pensada desde siempre por Dios para el llamado. Como en Lc 9,1, Jesús confiere de inmediato su poder a sus discípulos, para vencer las fuerzas demoníacas y curar los males parciales, como anticipo y signo de la liberación total del mal.

         Mateo se toma un gran interés en la lista de los nombres, que siguen el mismo orden que en en el resto de evangelistas (Mc 3,16-19; Lc 6,14-16 y Hch 1,13). No es casualidad que el 1º de la lista sea Simón Pedro, el primero en dignidad. Los otros nombres aparecen emparejados.

         El autor del evangelio, Mateo, no se avergüenza de añadir a su nombre el poco honorable oficio de publicano. Por último, se recoge el nombre de Judas Iscariote, que pasará tristemente a la historia tal como aquí se dice: "el que lo entregó".

         Veamos las primeras instrucciones de Jesús a los enviados, que consisten en dedicarse (antes que nada) a los israelitas perdidos, y anunciar (por el camino) la proximidad del reino de Dios.

         El significado de estas instrucciones hemos de buscarlo en el hecho de que Jesús, judío, conoce las posibilidades latentes de su pueblo, y por eso ha de empezar por ahí: por la cercanía geográfica.

         Toda la Iglesia primitiva se movió después con este mismo estilo, predicando a los judíos (los conciudadanos) antes que a otros. La bendición de la que el mismo Israel es portador, pues, ha de ser la transmisora del reino de Dios, al resto de naciones.

Meditatio

         Puede suceder que nuestras jornadas estén marcadas, a veces, por el sello de la eficiencia a cualquier precio. Se parecen así a la vid de Oseas, que da fruto pero no por el Señor ni para el Señor. Dentro de esta búsqueda dividida, se resquebraja el corazón y se entorpece su verdadero sentido.

         Las consecuencias de esto son nefastas, en su versión de espinas de descontento profundo y zarzas de preocupaciones y falta de sentido. Ahora bien, si el corazón vuelve a buscar al Señor dentro de la justicia, que es santidad de vida con Dios y para Dios, podrá cosechar amor para sí y para los demás.

         Esto es lo que subraya el evangelio que presenta Jesús, mientras llama a los Doce y los envía con poder para liberar del mal y anunciar que el reino de Dios (el amor misericordioso del Padre) está cerca de quien, con recto corazón, busca al Señor y su voluntad.

         En nuestros días, es importante que el corazón entre en esta dinámica de llamada. Jesús nos llama por nuestro nombre. Para él, yo también soy único e irrepetible. Me conoce y me ama desde siempre. Su proyecto de salvación no consiste sólo en sacarme fuera de la falsedad de una vida centrada en intereses de corto alcance, sino que quiere hacer de mí nada menos que un instrumento de su salvación.

         Lo que importa es creer que él me da su poder y, en su nombre, yo puedo llegar a ser luz para los hermanos. Eso sí, siempre que permanezca en contacto con él mediante una fuerte oración, y mi corazón esté orientado a él y a los intereses del Reino.

Oratio

         No permitas, Señor, que sea yo como la viña de tu pueblo, cuando mi corazón se aleja de ti y se convierte en mentiroso recorriendo caminos de falsa lozanía. Haz que no mire la eficiencia a cualquier precio, la búsqueda de lo que me agrada ni las categorías mundanas, tales como éxito, ropa, dinero, aplauso, imagen o interés personal.

         Ayúdame a "sembrar justicia", a responder a tu llamada y a realizar, momento a momento, y junto a ti, todo lo que el Padre quiere de mí. Concédeme "roturar el campo nuevo" y vivir para anunciar tu reino, un reino de paz, de amor, de paciencia, de mansedumbre y de una esperanza que va más allá de cualquier dificultad.

         Continúa llamándome por mi nombre, Señor. De viña idólatra, hazme sarmiento vivo de la Vid verdadera. Concédeme dar fruto para el Reino, en ti y por ti.

Contemplatio

         En lo más profundo de sí misma, el alma advierte un movimiento que la atrae hacia Dios. De manera imperceptible, este movimiento le dice que todo irá bien, con tal de que le deje hacer a Dios y no viva de otra cosa que de su fe auténtica en medio de un abandono total.

         Ciertamente, dijo Jacob, "el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía" (Gn 28,16). ¿Buscas a Dios, querida alma? Has de saber que él está en todas partes. Todo te lo anuncia, todo te lo da. Incluso ahora ha pasado junto a ti, a tu alrededor, dentro y a través de ti. Mora en ti y tú lo buscas.

         Si buscas la idea de Dios en su sustancia, y buscas la perfección, ¡cuidado!, porque ésta se encuentra en todo lo que te sale al encuentro. Tus mismas acciones, tus sufrimientos y atracciones, todo es enigma bajo el que Dios te llama. Él no necesita tus ideas sublimes para habitar en ti (cf. Pierre de Caussade, J; Abandono en la Providencia Divina, Milán 1919, p. 35).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Recobrad el ánimo, los que buscáis a Dios" (Sal 69,33).

Conclusio

         El amor a lo bello sigue siendo un anhelo fundamental de la vida monástica y cristiana. Dostoyevski decía que la belleza podría salvar el mundo, y yo estoy convencido de ello. Ahora bien, ¿dónde se encuentra esta belleza? ¿Dónde puede germinar?

         La condición para que florezca la belleza, y connote las obras creadas, es la pobreza. Allí donde está la pobreza (no la miseria), y la sencillez (la capacidad de reconducir las cosas a lo esencial), forzosamente acabamos por reconducir las cosas a su armonía, y entonces todo muestra una fuerza sinfónica, su consonancia natural, y crea por sí sólo una obra de arte en el entorno.

         Ninguna de las cosas que existen están privadas de belleza, puesto que todas las cosas eran muy bellas cuando fueron creadas. De ahí que sea preciso descubrir de nuevo y hacer resaltar esta belleza, reconvirtiendo las cosas a la unidad y simplicidad deificante (cf. Bianchi, E; Recomenzar, Génova 1991, p. 58).

 Act: 08/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A