10 de Julio

Viernes XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 10 julio 2026

Lectio

2 Vuelve a mí, Israel, pues tu iniquidad te ha hecho caer. 3 Busca las palabras apropiadas y vuelve a mí diciendo. "Perdona todos nuestros pecados y acepta el pacto, pues como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios. 4 Asiria no nos salvará, ni volveremos a montar a caballo, ni llamaremos más dios nuestro a la obra de nuestras manos, pues en ti encuentra compasión el huérfano". 5 Yo sanaré tu infidelidad, te amaré gratuitamente, pues ha cesado mi ira. 6 Seré como rocío para ti, Israel, crecerás como el lirio y echarás raíces como los árboles del Líbano. 7 Se desplegarán tus rama, tendrás el esplendor del olivo, y como el del Líbano será tu perfume. 8 Volverás a sentarte a mi sombra, de nuevo crecerá el trigo, como la vid florecerás, y serás famoso como el vino del Líbano. 9 Efraín no tendrá ya nada que ver con los ídolos. Yo escucho su plegaria y velo por él, yo soy como un ciprés lozano, y de mí proceden todos tus frutos. 10 ¿Quién es tan sabio como para entender esto? ¿Quién tan inteligente como para comprenderlo? Mis caminos son rectos, por ellos caminan los inocentes y en ellos tropiezan los culpables (Os 14,2-10).

         Estamos ante el último vaticinio de Oseas, admirable tanto por el contenido como por el arrebato lírico-afectivo. El profeta proclama una vez más el amor apasionado de Dios por Israel, resaltando la invitación a volver al Señor con conciencia del propio pecado (vv.2-3).

         Se trata, en sustancia, de la llamada repetida por otros profetas para que Israel se muestre, esencialmente, cónsone con el espíritu de la alianza (Am 5,21-24; Is 1,10-17; Miq 6,6-8; Sal 50,8-21; 51,18).

         En respuesta al compromiso penitencial del pueblo, que se entrega a Yahveh persuadido de la inutilidad, y del daño de cualquier recurso a las potencias extranjeras (Asiria), y de toda confianza ilusoria en las propias iniciativas al margen de Dios (v.4), el Señor mismo saldrá garante de un futuro de esperanza para el pueblo (v.5).

         El punto decisivo de la perícopa reside en el despliegue de 2 imágenes bellísimas de la naturaleza, o metáforas de la omnipotencia de Dios que permite a Israel dar frutos todavía (v.9).

         En 1º lugar, se compara a Dios con el rocío, que vivifica lo que era árido. De esta suerte, el pueblo vuelve a tener la lozanía de la flor del lirio. Se parte de la magnificencia del próvido olivo y de la fragancia del Líbano, cuyos cedros difunden perfume, para expresar el reflorecimiento de Israel en cuanto acepta volver al Señor (vv.6-7).

         En 2º lugar, se compara al Señor con un árbol a cuya sombra descansará la gente, sacando nuevas fuerzas para hacer florecer, como la vid, toda la nación (v.8). Dios es, para un Israel renovado por completo, alguien que vigila y escucha. Como el ciprés, el árbol firme y fuerte perennemente verde.

         El v. 10 cierra la perícopa confiando a los sabios la comprensión de todos los vaticinios. Para el autor de esta expresión conclusiva (que tal vez no sea Oseas), la sabiduría consiste en "caminar con rectitud por los caminos del Señor".

En aquel tiempo, 16 Jesús a sus discípulos: "Os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. 17 Tened cuidado, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas. 18 Seréis llevados por mi causa ante los gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los paganos. 19 Cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo hablaréis, ni de qué diréis. Dios mismo os sugerirá en ese momento lo que tenéis que decir. 20 No seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. 21 El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y los matarán. 22 Todos os odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el fin se salvará. 23 Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Os aseguro que no recorreréis todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre" (Mt 10,16-23).

         La perícopa de hoy está penetrada por la fuerza dramática y salvífica de la pertenencia a Cristo. El "he aquí" inicial introduce esta nueva enseñanza sobre la misión. Se trata de trillar los caminos de la mansedumbre y de la no violencia, aun siendo conscientes de estar rodeados por un mundo feroz y agresivo.

         La imagen de las ovejas asimila al evangelizador con el Cordero que "quita el pecado del mundo" (Jn 1,29): aquel que cargó con nuestras iniquidades y nuestros dolores (Is 59,11) para realizar el proyecto de un Dios que quiere que todos los hombres se salven (1Tm 2,4).

         La mansedumbre y el pacifismo del evangelizador no implican debilidad ni simpleza, sino 2 virtudes aparentemente opuestas:

-la prudencia de la serpiente, como ejercicio de una inteligencia vigilante, realista y crítica, que se sustrae al engaño,
-la sencillez de la paloma, como ejercicio del proceder limpio y confiado, de quien sabe que está en las manos de Dios.

         La exhortación a llevar cuidado con los hombres (cuando se trate de lobos dispuestos a tramar perfidias) tiene que ver con la prudencia. La exhortación a no preocuparse por lo que haya que decir (poniendo toda la confianza en el Espíritu Santo) tiene que ver con la sencillez.

         La perspectiva de lo que tendrá lugar antes del triunfo definitivo de Cristo no es una perspectiva idílica, pues el mal es engendrador de mal y agita las mismas relaciones familiares, llegando hasta las raíces de la vida (v.21). No obstante, quien soporte ser odiado (no por propias fechorías, sino por Cristo; v.22) será salvo.

         Se trata, en definitiva, de perseverar contra el mal, intentando huir de los perseguidores (v.23) y con la certeza de que, en el discurrir de los días, sigue siendo inminente la venida del Hijo del hombre, con su victoria definitiva (v.23).

Meditatio

         Vivir espiritualmente la vida significa experimentar que ninguna potencia humana nos salva y que no es elaborando proyectos de autosuficiencia, ni poniendo nuestra confianza en nuestras obras, como realizamos el reino de Dios en nosotros y a nuestro alrededor. El secreto de una vida verdadera es, pues, el continuo retorno al corazón habitado por Dios.

         Decían los padres que hacer memoria de Dios es lo que nos hace caminar con el Señor y dar frutos en él. La estrategia consiste, por consiguiente, en una interioridad activa, que va de la dispersión (que supone hacer muchas cosas) a la conciencia de que el Señor mora en nosotros (con frecuentes contactos de amor). Este proceso será, verdaderamente, como "sentarse a su sombra" (Os 14,8) y encontrar reposo. Será un florecer espiritual y un dar fruto apostólico.

         Esta aventura no es fácil, pero el Señor será rocío de Espíritu Santo, que nos sugerirá cómo relacionarnos con el mundo en que vivimos para que podamos ser sencillos (en la búsqueda de Dios, y de todo lo que es verdad de amor) y prudentes (en el discernimiento de los caminos que no nos alejen de esta verdad).

         La elección de un estilo de vida marcado por la mansedumbre del Cordero, en una sociedad penetrada por grandes y triunfantes violencias, nos asemeja al Señor Jesús, el Cordero que "quita el pecado del mundo". En él y por él, dentro de una fe que lo envuelve todo, es como discurren los días serenos, incluso en medio de las dificultades y persecuciones. Lo sabemos bien, "ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe" (1Jn 5,4).

Oratio

         Señor, hazme volver a ti, a cada hora y en cada momento. Dentro del torbellino de cosas que debo hacer, que sea tu recuerdo, el de tu presencia gloriosa en mí, lo que me permita dar fruto en todas las obras que has proyectado para mí.

         Sé para mí, Señor, rocío del Espíritu Santo, tanto para mi continuo florecer (en la relación de amor vital y nupcial contigo) como para el modo de relacionarme con los hermanos. No permitas que la violencia, típica de este mundo, me envenene o se mezcle conmigo. Que no me debilite en los miedos.

         Hazme apacible con la fuerza de tu amor, Señor. Que el perdonar con facilidad sea el estilo con que discurran mis días, y que la humilde aceptación y comprensión del otro, incluso cuando no pueda y no deba compartir su credo y sus ideas, se convierta en mí en una participación en tu ser amor salvífico.

Contemplatio

         Líbranos de todas las acciones impuras y repugnantes a tu inhabitación en nosotros, Señor. Que no apaguemos los esplendores de tu gracia que ilumina la vista de los ojos interiores. Que sepamos que tú te unes a nosotros gracias a la oración y a una vida irreprensible y santa (1Cor 6,17).

         Puesto que uno de la Trinidad se ha ofrecido en sacrificio, y otro lo recibe y se muestra propicio con nosotros, acepta, oh Señor, nuestra súplica. Dispón en nosotros tus santas moradas, a fin de que saboreemos al Cordero celestial y recibamos el maná que da la vida inmortal y una salvación nueva a través de un camino de amor (cf. Gregorio de Narek, Libro de Oraciones, XXXIII, 5).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sé rocío para mí, Señor, y yo floreceré en ti".

Conclusio

         En el ejercicio de su propia actividad laboral se esforzará el cristiano por tener siempre la intención de hacerlo todo para gloria de Dios y para el mayor bien del prójimo. ¿Cómo? Así mismo: comparándose a menudo con aquellos de la comunidad, o de su lugar de trabajo, que puedan ayudarle.

         Sobre todo, con el Señor, a través de la escucha de su palabra y de la oración, a fin de que el trabajo sea ámbito de gracia y santificación para sí, y aquellos con quienes se encuentra superen sus contradicciones, y se den por resueltos los sufrimientos que pesan sobre el trabajo humano.

         Esta espiritualidad del trabajo es un modo concreto de dar gracias a Dios por sus dones, y vivir la vuelta a él de todo lo que, de manera gratuita, nos ha dado al llamarnos a la vida y a la fe.

         Educar significa dar gratis a otros lo que nos ha sido dado gratuitamente. La educación es una forma elevada de restitución de los bienes recibidos, y por eso la Iglesia se siente llamada a ser comunidad educadora en la gratitud a Dios (dador de dones) y en el servicio a las nuevas generaciones (cf. Martini, C; Hablar al Corazón, Milán 1996, p. 44).

 Act: 10/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A