10 de Agosto

Lunes XIX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 10 agosto 2026

Lectio

2 El año 5 de la deportación del rey Joaquín, 3 yo, Ezequiel, hijo del sacerdote Buzí, recibí la palabra del Señor en el país de los caldeos, junto al río Quebar. Allí me invadió la fuerza del Señor. 4 Vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube rodeada de resplandores, un fuego resplandeciente y, en el centro del fuego, como el fulgor de un relámpago. 5 En medio del fuego vi la figura de cuatro seres animados, cuyo aspecto era humano. 24 Oí el ruido de sus alas, que era como el de las aguas caudalosas, como la voz del Poderoso, como el estruendo tumultuoso de un ejército. Cuando los seres se paraban, replegaban sus alas. 25 En la plataforma que había sobre sus cabezas se produjo un gran estrépito. 26 Encima de la plataforma apareció una especie de zafiro en forma de trono, y sobre esta especie de trono apareció una figura de aspecto humano. 27 Desde lo que parecían sus caderas para arriba era semejante a un metal brillante, y desde sus caderas para abajo tenía aspecto de fuego. 28 El resplandor que rodeaba esta figura era semejante al arco iris que aparece en las nubes en un día de lluvia. Era la apariencia visible de la gloria del Señor. Cuando la vi, caí rostro en tierra (Ez 1,2-5.24-28).

         El libro de Ezequiel se abre con una teofanía (manifestación de Dios), en que el incognoscible Dios se revela a sí mismo, y revela su gloria (v.28). Ezequiel, por medio de imágenes remotas a nuestro modo de decir y de pensar, nos comunica su experiencia de Dios.

         El profeta ve la gloria que se desplaza desde el templo al lugar donde se encuentran los deportados, y nos viene a decir que Dios no es propiedad de ningún pueblo, ni está atado al templo ni a la tierra prometida, como tal vez pensaba el pueblo de Israel. Dios se manifiesta como fuerza, como luz.

         Los "seres animados" (v.5) que el profeta distingue en el centro de la nube (rodeada de resplandores), que recuerda ciertas representaciones mesopotámicas, pretenden significar las prerrogativas divinas: la inteligencia, la fuerza, la potencia, la rapidez. Estos símbolos, recogidos en el Apocalipsis, serán identificados por la tradición cristiana medieval con los 4 evangelistas (Ap 4,7).

         Dios se manifiesta en el lugar de la deportación. Es decir, se revela allí donde el hombre se encuentra exiliado y el pueblo se encuentra sumergido en males. Se manifiesta bajo una "figura de aspecto humano" (v. 26), como para significar que Dios es cercano a los hombres (con un rostro, un corazón...).

         Si tuviéramos que resumir en pocas palabras el mensaje, podríamos decir que Ezequiel, a través de esta descripción, invita a ver la presencia y la acción de Dios en los acontecimientos de la historia. Donde todo parece ruina, allí trabaja él para salvar y liberar al hombre hasta el fondo.

         Ezequiel cae "rostro en tierra" (v.28) cuando aparece la gloria de Dios. Con este gesto, da a entender que se encuentra en presencia de Dios, un Dios cognoscible e incognoscible, trascendente y cercano, comprometedor y llamado a ser adorado allí donde nos salga al encuentro.

22 Un día que estaban juntos en Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, 23 y le darán muerte, pero al tercer día resucitará". Ellos se entristecieron mucho. 24 Cuando llegaron a Cafarnaum, se acercaron a Pedro los que cobraban el impuesto del templo, y le dijeron: "¿No paga vuestro maestro el impuesto?". 25 Pedro contestó: "Sí lo paga". Al entrar en la casa, se anticipó Jesús a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran los impuestos y contribuciones, a sus hijos o a los extraños?". 26 Pedro contestó: "A los extraños". Jesús le dijo: "Por tanto, los hijos están exentos. 27 Con todo, para que no se escandalicen, ve al lago, echa el anzuelo y saca el primer pez que pique. Ábrele la boca y encontrarás en ella una moneda de plata. Tómala y dásela por mí y por ti" (Mt 17,22-27).

         El fragmento evangélico que hemos leído se compone de 2 partes. La 1ª parte (vv.22-23), que tiene su paralelo en Marcos y Lucas, y es el 2º de los 3 grandes anuncios de la pasión.

         Aquí aparece un solo verbo en voz activa ("le darán muerte"), que indica el obrar pecaminoso de los hombres. Todo lo demás está en pasiva, significando que nada es casualidad sino que forma parte del proyecto amoroso y salvífico de Dios. "Va a ser entregado" remite a Is 53, que Mateo emplea a menudo para referirse a Jesús (Mt 10,4; 26,15.16.23; 27,2), al igual que hace Pablo (Rm 4,25; 8,32; 1Cor 11,23; Gál 2,20; Ef 5,2).

         La 1ª predicción de la pasión habla de entregar a Jesús "en manos de los ancianos y de los sacerdotes" (Mt 6,21). Es decir, por las instituciones religiosas judías. En esta 2ª predicción, Jesús es entregado "en manos de los hombres", en general. El término resucitará (lit. "será resucitado") expresa la esperanza de Jesús en la acción del Padre.

         La enseñanza global de esta 1ª parte de la lectura de hoy es que Jesús sabe a dónde va. Lee que su destino está ya en las antiguas profecías. Habla de sí mismo como del "Hijo del hombre", el representante del pueblo de los santos que recibirán, después de la persecución, todo poder (Dn 7).

         El Jesús resucitado afirmará que ha recibido "autoridad plena sobre cielo y tierra" (Mt 28,18). La pasión, que es la historia de una entrega en manos de todos los hombres, se convierte en entrega en manos del Padre, en manifestación de su glorificación e historia de salvación.

         Los vv. 24-27 (2ª parte de la perícopa de hoy) son propios de Mateo. El problema de los impuestos que debían pagar los judíos a los ocupantes paganos era un problema que agitaba a los judíos de aquel tiempo (Mt 22,15-22) y había sido objeto de debate en el interior de la primitiva comunidad cristiana (Rm 13,6).

         Aquí, sin embargo, lo que está en discusión es el impuesto del templo. Dado que Jesús es "más importante que el templo" (Mt 12,6), y "el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,16), es lógico que no esté obligado a pagar el impuesto del templo. Si lo hace es para no escandalizar ni irritar, pues su hora (la de reedificar el nuevo templo) no ha llegado todavía.

Meditatio

         En el 1º anuncio de la pasión, Jesús decía que "tiene que" suceder (Mt 16,21), y en este 2º anuncio que "va a ser", empezando así el camino hacia Jerusalén. El Hijo del hombre es entregado (por Judas, por los jefes, por el Padre), y todos pueden recoger el don que el Señor hace de sí mismo. A este respecto, decía San Fausto:

"Ponerse en manos de otro es el acto de confianza y de amor más grande que alguien pueda realizar. El Hijo se entrega en manos de los hermanos con el mismo amor con el que se entrega en las del Padre. Esta entrega de sí mismo que nos hace a nosotros es nuestra salvación. Aunque nosotros lo rechacemos y le quitemos la vida, él la entrega por nosotros. El gran misterio de Dios es que él tiene fe en el hombre, se fía de él y hasta se pone en sus manos, haga lo que haga".

         Jesús es consciente de lo que va a suceder, y no se echa atrás. Él es el Hijo exento, pero acepta pagar el tributo del esclavo. De este modo nos libera de nuestra extranjería respecto a Dios, nos hace hijos suyos, exentos de deber nada a nadie, tanto si se trata de una autoridad religiosa como civil.

         La nueva situación de libertad en que venimos a encontrarnos no ha de apartarnos de la vida ni de nuestras obligaciones con los demás. Si debemos sentirnos en cierto modo deudores es con los deberes de la caridad y en virtud de la misma, "para que no se escandalicen".

Oratio

         Oh Dios, tus juegos son infinitos, y sólo quien posee la sutileza de tu Espíritu puede comprenderlos. Tú provees a tus hijos de lo que tienen necesidad, desbaratando todos los cálculos humanos.

         En el pez pescado en el mar, inesperadamente, tú hiciste encontrar la moneda, tributo con el que pagar al templo por tu Hijo y por Pedro, primicia de todo discípulo.

         En tu Hijo, pescado del abismo de la muerte, nos has hecho encontrar el verdadero precio de nuestro rescate. En él, entregado en nuestras manos, encontramos nuestra verdadera libertad, nos convertimos en tus hijos y podemos gritarte como nuestro único Abbá.

         Gracias, Padre, por el día del domingo, día en que entregas en nuestras manos a tu Hijo para que encontremos en él el precio de nuestro rescate. Gracias por la Palabra que nos libera y el Pan que nos fortifica en el camino.

Contemplatio

         Jesús, Hijo del hombre, tú has usado tus manos para ponerlas en los oídos del sordo (para darle la capacidad de oír), en los labios del mudo (para hacerle hablar), en los ojos del ciego (para darle la vista) y sobre el leproso (para sanarlo de su enfermedad). Con tu mano volviste a levantar a quien había caído en los brazos de la muerte.

         Al hombre tullido, Señor, tú le mandaste extender la mano, para reemprender su trabajo. Cuando fuiste entregado en manos de los hombres, sin oponerte, tú extendiste tus manos en un gesto solemne de abrazo universal y te abandonaste en manos del Padre. Al resucitar, tú invitaste a ver y tocar aquellas manos que llevaban impreso el sello de tu amor y atestiguaban que se había pagado el tributo por nuestra liberación.

         Si miramos nuestras manos, habremos de enrojecer. Deberíamos emplearlas para trabajar, usarlas para ayudar y sanar, levantarlas para bendecir y orar. Sin embargo, con excesiva frecuencia las usamos para golpear y para abatir, para aferrar con avidez y robar.

         Señor Jesús, haz de nosotros lo que quieras. Sé tú quien nos entregue en manos de los hombres y en manos del Padre. Sólo de este modo nos convertiremos en el pez pescado que lleva el tributo del rescate por nosotros y por todos.

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dios nos ha llamado a compartir la pasión y la gloria del Señor Jesús" (2Ts 2,14).

Conclusio

         En ocasiones quisiera irme a vivir a un lugar solitario y silencioso, donde no haya confusión ni distracción, donde pudiera dedicar sólo a él mi tiempo. Me doy cuenta de que todo lo que hay a mi alrededor me distrae y me lleva a donde no quiero ir: a la envidia, a la maldad, al pecado corporal.

         Debo prepararme para aquel momento, y preparado para cuando me llame a él. No puedo dejar pasar los días. Cada segundo es importante, esencial, indispensable, y no debo malgastar de este modo mi tiempo.

         Cuando me preguntan sobre mi enfermedad, rara vez soy yo quien empieza a hablar de ella. Al oír lo que pienso, y cómo hablo de ella, me dicen que soy pesimista. ¡No! Soy realista. Sé lo que me sucederá, sé cómo moriré, he visto morir a otros, y yo también me apagarse lentamente, día tras día, en qué hospital y cómo.

         He visto llorar a un hombre que me decía: "Tengo miedo de morir, pero moriré". Sé que esto también me sucederá a mí. Ahora bien, ¿cómo decirle a alguien: "Sí, tengo miedo, pero no veo la hora"? Tú me llamas, y yo responderé: "Aquí estoy". No lo diré a nadie más.

         Me ponen inyecciones y me dan pastillas. ¡Todo esto sirve! Sirve para sentirme mejor, mas ¡ayúdame, Señor! ¿Continuaré fingiendo que todo va normal, como si no hubiera pasado nada? Dios, indícame el camino.

         Es de noche, y no veo a dónde quieres que vaya. El camino está oscuro, así que sé tú una luz para mí. No me siento mártir, ni como otros que heroicamente han muerto por ti, Señor. ¡Qué valor, qué fuerza! Todo esto me hace sentirme pequeño e inútil, pero yo mantengo mi esperanza en ti (cf. Chinellato, M; Cuaderno de Notas, sobre un joven scout, estudiante de agronomía, muerto de leucemia).

 Act: 10/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A