18 de Junio
Jueves XI Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 18 junio 2026
Lectio
1 Surgió el profeta Elías como un fuego, cuya palabra quemaba como antorcha. 2 Él hizo venir sobre ellos el hambre y en su celo los diezmó. 3 Por la Palabra del Señor, él cerró los cielos e hizo también bajar fuego tres veces. 4 ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién pretenderá parecerse a ti? 5 Tú arrancaste a un muerto de la muerte y del abismo, por la palabra del Altísimo. 6 Tú llevaste reyes a la ruina, y arrojaste de sus lechos a hombres ilustres. 7 Tú escuchaste censuras en el Sinaí, y decretos de venganza en el Horeb. 8 Tú ungiste reyes como vengadores, y profetas que te sucedieron. 9 Tú fuiste arrebatado en torbellino ardiente, en un carro con caballos de fuego. 10 De ti está escrito que, en los castigos futuros, aplacarás la ira antes que estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las tribus de Jacob. 11 Felices los que te vieron y murieron fieles al amor, porque por ellos nosotros viviremos. 12 Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún príncipe le hizo temblar, y nadie fue capaz de subyugarlo. 13 Nada fue demasiado difícil para él, e incluso profetizó una vez muerto su cuerpo. 14 Durante su vida hizo prodigios, y, una vez muerto fueron admirables sus obras (Eclo 48,1-14).
El texto de hoy del Eclesiástico constituye algo así como el elogio fúnebre de los profetas Elías y Eliseo, que desarrollaron su ministerio en el Reino del Norte (s. IX a.C) en un momento crítico para el yahvismo.
De Elías, el profeta de fuego, se recuerda el papel que desarrolló en la carestía y en la sequía, la llama encendida por 3 veces en el Carmelo, la ayuda que prestó a la viuda de Sarepta, la oposición que ejerció respecto a Ajab, Ocacías y Jorán, su frecuentación de la montaña santa (1Re 19,9-14), la unción y el repudio del rey, la investidura de profetas y su ascensión al cielo, junto a una alusión al futuro papel mesiánico del profeta (Mal 3,23).
De Eliseo, cuyo nombre significa "Dios salva", se recuerda el papel político y taumatúrgico que desempeñó, con una alusión al prodigio póstumo del que se habla en 2Re 13,20. Este último aspecto ha sido repetido en diferentes circunstancias, como en la sunamita y el doble nacimiento del hijo (2Re 4,8-37), la multiplicación de los panes (2Re 4,42-44) y la curación de Naamán (2Re 5).
En aquel tiempo, 7 dijo Jesús a sus discípulos: "Al orar, no digáis muchas palabras, como hacen los paganos, creyendo que Dios les va a escuchar por hablar mucho. 8 No seáis como ellos, pues ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis. 9 Vosotros orad así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, 10 venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. 11 Danos hoy el pan que necesitamos. 12 Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. 13 No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. 14 Si vosotros perdonáis a los demás sus culpas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. 15 Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas" (Mt 6,7-15).
La referencia a la oración brinda a Mateo la oportunidad de insertar en este sitio la enseñanza del Padrenuestro. Todo guía espiritual y todo grupo de discípulos tenían sus propias modalidades de oración (Lc 11,1). La oración de Jesús alude tanto a evitar la ostentación farisaica como la polilogía de los paganos (ese multiplicar palabras que resuena en los oídos del Señor como un desagradable bla bla bla).
Observa San Jerónimo que "si el pagano habla mucho en la oración, de ahí se sigue que el cristiano debe hablar poco". Por su parte, Juan Casiano señala que la succinta brevitas, en la oración, vence las distracciones.
Algunos podrían objetar que si Dios conoce el objeto de nuestra oración, y si conoce aquello de lo que tenemos necesidad, es inútil que dirijamos nuestra palabra a quien ya lo sabe todo. A esos, apremia San Jerónimo, se les puede responder lo siguiente: "Nosotros no somos gente que cuenta, sino hombres que suplican".
En efecto, continúa diciendo Jerónimo, "una cosa es expresar nuestras necesidades a quien no las conoce, y otra pedir ayuda a quien las conoce. Allí se da la comunicación, y aquí el homenaje. Allí contamos de modo fiel nuestras desgracias, y aquí lo míseros que somos". De hecho, en la Glosa se lee que "Dios quiere que le pidan, a fin de dar sus dones a quienes los desean, de suerte que no envilezcan".
La oración del Señor, que San Agustín define como "regla de la oración" (orationis forma), contiene "una inmensidad de misterios", según Landulfo de Sajonia. Está introducida con la doble puesta en guardia respecto a la oración farisaica (vv.5) y a la pagana. Esta última estaba destinada a forzar la voluntad de la divinidad para que atendiera a las peticiones de sus devotos, y por eso era prolija y ruidosa.
La oración enseñada por Jesús, más que intentar hacernos oír por Dios, nos compromete a escuchar a Dios. Es decir, a entrar en su plan de salvación.
El Padrenuestro puede ser leído como "el compendio de todo el evangelio", como recordaba Tertuliano). En efecto, resulta fácil encontrar no pocas citas en el texto sagrado donde se confirma que, antes de darla a los discípulos, fue la oración del mismo Cristo.
En 1º lugar, en el Padrenuestro están recogidos todos los compromisos que el hombre está llamado a asumir (santificación del nombre, edificación del Reino y cumplimiento de la voluntad divina) y los dones que recibe (pan de vida, remisión de los pecados, liberación del maligno).
En 2º lugar, los modos verbales típicos, intraducibles a las lenguas modernas, indican que los designios divinos ensalzan un cumplimiento absoluto e incondicional, aunque su traducción a la vida real de los hombres, a lo largo de la historia, puede sufrir desmentidos y retrasos.
Meditatio
Dado que el Padrenuestro es la regla de la oración cristiana, estudiaré las posibilidades de profundizar en las modalidades con las que recitarlo y vivirlo.
Pensando en la triple señal de la cruz que hago sobre la frente, sobre los labios y sobre el pecho, antes de la proclamación del evangelio, intentaré activar la mente y el corazón con la boca, a fin de que las palabras del Señor puedan morar en mí. Si ninguna de ellas debe caer en el vacío, sino que todas han de cumplirse, eso vale en especial para el Padrenuestro.
Esto reviste un carácter sacramental, en la medida en que me hace hijo de Dios y constituye la renovación cotidiana de la Alianza, con los compromisos que incluye (1ª parte del Padrenuestro) y los beneficios que otorga (2ª parte del Padrenuestro).
Tomando conciencia de que me estoy dirigiendo al Padre, me identifico con la mente y con los sentimientos de Cristo y acojo el grito del Espíritu de adopción. Al pronunciar las palabras con una atención total, "me detendré en cada frase hasta que encuentre significados, comparaciones, gustos y consuelos", como solía decir San Ignacio de Loyola.
Oratio
"Padre nuestro", excelso en la creación, suave en el amor, rico en la herencia, tú habitas "en el cielo" y eres espejo de eternidad, corona de júbilo y tesoro de felicidad.
"Santificado sea tu nombre", de suerte que se vuelva miel en la boca, melodía en el oído y devoción en el corazón.
"Venga a nosotros tu Reino", alegre sin contrariedad, tranquilo sin turbación y seguro sin pérdidas.
"Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo", de suerte que rechacemos lo que tú abominas, amemos lo que tú amas y cumplamos lo que te es grato.
"Danos hoy nuestro pan de cada día", el pan de la doctrina, de la penitencia y de la virtud.
"Perdona nuestras deudas", las contraídas contigo, con el prójimo y con nosotros mismos. "Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores", que nos han ofendido con palabras, o en nuestra persona y cosas.
"No nos dejes caer en la tentación", que es la que procede del mundo, de la carne y del demonio. Y "líbranos del mal", tanto presente como pasado y futuro. (cf. Landulfo de Sajonia, Padrenuestro).
Contemplatio
Quien da a Dios el nombre de Padre, por ese solo nombre confiesa ya que se le perdonan los pecados, que se le remite el castigo, que se le justifica, que se le santifica, que se le redime, que se le adopta por hijo, que se le hace heredero, que se le admite a la hermandad con el Hijo unigénito, que se le da el Espíritu Santo. No es posible, en efecto, dar a Dios el nombre de Padre y no alcanzar todos esos bienes.
Con este solo golpe, el Señor mata el odio, reprime la soberbia, destierra la envidia, trae la caridad (madre de todos los bienes), elimina la desigualdad (de las cosas humanas) y nos muestra que el mismo honor merece el emperador que el mendigo, pues todos somos iguales (cf. San Juan Crisóstomo, Comentario de Mateo, XIX, 4).
Actio
Como Palabra para repetir y vivir hoy con frecuencia, elíjase alguna de las invocaciones del Padrenuestro, la que produzca en nosotros una resonancia interior más intensa.
Conclusio
La 1ª parte del Padrenuestro se dirige atrevidamente al tú al Dios. Se trata de una oración de agradecimiento llena de júbilo, por el hecho de que podamos llamar, amar y alabar de manera confiada al Santísimo como nuestro Padre y como nuestro tú.
La 1ª parte del Padrenuestro expresa el compromiso de verificar nuestras aspiraciones y nuestras acciones, a fin de ver hasta qué punto se toman en serio y honran el nombre del Padre y nuestra vocación de hijos. También nos pone frente a nuestra misión de promover, para honor del único Dios y Padre, la paz y la solidaridad salvífica entre todos los hombres.
Recitar el Padrenuestro significa preguntarse por la seriedad con la que recibimos, intentamos comprender y confesamos el plan salvífico de Dios. Esto es fundamental e imprescindible, sobre todo desde el compromiso que hemos asumido de amar a Dios en todo y por encima de todo, y cumplir su voluntad santa y amorosa.
La 2ª parte del Padrenuestro habla del amor al prójimo. Se trata del nosotros, de vivir de manera radical la solidaridad salvífica con todos los hombres y en todos los campos de la vida.
La recitación del Padrenuestro nos introduce en la vida trinitaria de Dios, en la historia salvífica de todos los campos, en un programa claro y convincente de vida (cf. Haring, B; El Padrenuestro, programa de Vida, Brescia 1995, p. 16).
Act:
18/06/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
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R C A B A
M U R C I A
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