15 de Junio

Lunes XI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 15 junio 2026

Lectio

1 Nabot, el jezraelita, tenía una viña en Jezrael, junto al palacio de Ajab, rey de Samaria. 2 Cierto día, Ajab dijo a Nabot: "Cédeme tu viña para hacer una huerta, pues está contigua a mi palacio. En su lugar te daré un huerto mejor o, si lo prefieres, su valor en dinero". 3 Nabot dijo a Ajab: "¡Líbreme el Señor de darte la heredad de mis antepasados!". 4 Ajab regresó a palacio triste e irritado, por la respuesta negativa de Nabot. Se acostó, se volvió contra la pared y no quiso comer. 5 Su esposa Jezabel se acercó a la cama y le dijo: "¿Por qué estás de mal humor y no quieres comer?". 6 Él respondió: "Porque he hablado con Nabot y le he dicho: Véndeme tu viña, y te daré un huerto a cambio. Y él ha respondido: No te la cederé". 7 Su mujer le dijo: "¿Eres tú realmente rey de Israel? Levántate, come y no te preocupes. Yo te daré la viña de Nabot, el jezraelita". 8 Jezabel escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello real y se las envió a los ancianos y notables de Jezrael. 9 En las cartas decía: "Proclamad un ayuno, y haced que Nabot se siente delante de la asamblea. 10 Poned ante él dos hombres perversos que declaren contra él diciendo: Ha maldecido a Dios y al rey. Sacadlo fuera y matadlo a pedradas". 11 Los ancianos y notables de la ciudad de Nabot procedieron como les había mandado Jezabel en las cartas. 12 Proclamaron un ayuno y llevaron a Nabot ante la asamblea. 13 Llegaron los dos hombres perversos, se sentaron frente a él y acusaron a Nabot ante el pueblo diciendo: "Nabot ha maldecido a Dios y al rey". Lo sacaron fuera de la ciudad, lo mataron a pedradas 14 y mandaron a decir a Jezabel: "Nabot ha muerto apedreado". 15 En cuanto lo supo Jezabel, dijo a Ajab: "Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el jezraelita, el que se negó a vendértela, pues ya no vive y ha muerto". 16 Al oír esto, Ajab se levantó, bajó a la viña de Nabot y tomó posesión de ella (1Re 21,1-16).

         El rey Ajab I de Israel no sólo confía más en los manejos políticos que en la protección divina (1Re 20), sino que se mancha también hoy con un doble y grave crimen por instigación de su mujer Jezabel, ávida de extender las posesiones de la casa real.

         El hurto y el homicidio perpetrados a espaldas de Nabot, el campesino israelita atacado en su propia tierra, indican la degradación moral de la monarquía, a pesar del montaje que parece conferir legalidad a lo obrado por el rey (la proclamación del ayuno y la convocación de la comunidad, como se acostumbraba a hacer en estado de catástrofe nacional).

         La maldición del rey, en no menor medida que la de Dios, implicaba la lapidación (Ex 22,27; Lv 24,16), siempre que estuviera acreditada por dos testigos (Nm 35,30; Dt 17,6), aunque estos resultaran falsos.

En aquel tiempo 38 dijo Jesús a sus discípulos: "Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 39 Pues bien, yo os digo: No hagáis frente al que os hace mal. Al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha preséntale también la otra; 40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, dale también el manto; 41 y al que te exija ir cargado mil pasos, ve con él dos mil. 42 Da a quien te pida, y no vuelvas la espalda al que te pide prestado" (Mt 5,38-42).

         La 5ª antítesis de Jesús a la ley judía consiste en su enmienda a la Ley del Talión (Ex 21,24; Lv 14,19; Dt 19,21), atestiguada en toda la antigüedad (como en el Código de Hammurabi, del s. XVIII a.C) y basada en el principio de retribución y en la exigencia de reparación, como freno a la retorsión (Gn 4,23).

         Dice San Jerónimo que "nuestro Señor, al abolir esta reciprocidad, corta de raíz el pecado, pues en la ley está la pena y en el evangelio está la gracia". En efecto, "allí se castiga la culpa, y aquí se desarraiga la fuente del pecado". Por eso nos enseña Jesús a ser tolerantes, a no oponernos con espíritu de venganza a quien nos pone en una situación de prueba, sabiendo que de ese modo se corta la espiral de la violencia y de la prepotencia.

         La referencia al manto sirve para indicar la ropa con que la gente se protegía de la intemperie y se cubría en las horas de descanso. Por su parte, los 1.000 pasos era la distancia que se permitía recorrer en sábado.

         Pablo recoge también la enseñanza de Cristo, cuando dice: "No te dejes vencer por el mal, sino vence al mal a fuerza de bien" (Rm 12,17.21). Esto es lo más excelente de estos preceptos, comenta Juan Crisóstomo, que añade: "Mientras que nos persuaden a nosotros a soportar el mal, al mismo tiempo enseñan el amor a quien ofende, mediante la virtud y la sabiduría".

         Viendo nuestro comportamiento desprendido y tolerante, "Cristo quiere que sus discípulos sean como la sal, que se conserva a sí misma y mantiene los elementos con los que se mezcla", apostilla San Juan Crisóstomo.

Meditatio

         El precepto "ojo por ojo, diente por diente" ponía un límite a la propagación de la venganza en la antigüedad. Llegado Cristo, éste pide un comportamiento que extirpe su misma raíz, a forma de Principio de No-Violencia que neutralice la reacción en cadena, y no porvoque un mal cada vez mayor.

         La Biblia latina registra la tolerancia como uno de los frutos del Espíritu (Gál 5,22) y de la magnanimidad, que nos recuerda que "Dios ama a quien da con alegría" (2Cor 9,7).

Oratio

         Me resulta difícil, Señor, saber perder en la vida. Soy celoso de mi tiempo, de mis cosas, de mi salud, de mis ideas, como si fuera su dueño absoluto y pudiera disponer de ellos según mi talento. Soy incapaz de ceder, de condescender, de adaptarme al juego del otro.

         Estoy siempre a la defensiva, Señor, y tutelo mis derechos (reales o presuntos) con la ilusión de tener siempre razón, de no cometer nunca errores, de conseguir imponerme siempre.

         No obstante, Señor, tú me pides que viva desarmado, y que me mida con la impotencia, la precariedad, el fracaso y la pérdida. Me pides que me mida con la cruz. Hazme comprender, Señor, que "encuentra lo mejor de sí mismo quien decide perder", según dijo Haring.

Contemplatio

         La historia de Nabot sucedió hace muchos siglos, y sigue repitiéndose todos los días. En efecto, todos los días los ricos siguen codiciando los bienes de los otros, y siempre están insatisfechos con lo que ya poseen.

         Ajab no nació una sola vez, sino que sigue renaciendo continuamente y no desaparece nunca del mundo. Por un Ajab que muere, nacen mil. Tampoco Nabot es el único pobre que ha sido asesinado, pues cada día aparece un Nabot apedreado y un pobre aniquilado.

         ¿Hasta dónde, oh ricos, os dejaréis llevar por vuestro loco egoísmo? ¿Es que pensáis poseer el planeta? Los bienes del mundo pertenecen a todos, y ¿quién os autoriza a monopolizar para vosotros el derecho de propiedad?

         La naturaleza nada sabe de ricos, y nos hace a todos pobres. Cuando salimos del vientre materno estamos desnudos, no tenemos nada. Y cuando bajamos a la fosa es imposible que nos podamos llevar a ella nuestras propiedades. Sobre el ataúd del rico hay el mismo montón de tierra que sobre el ataúd del pobre. Aquel trozo de tierra, que antes no bastaba para la codicia del rico, ahora es incluso demasiado para albergar su cuerpo.

         Todos nacemos iguales, todos morimos iguales, y si no me crees ve y cava en el cementerio. Sólo verás esqueletos, y ¿cuáles son de ricos y cuáles son de pobres? En ocasiones, es cierto, son envueltos los cuerpos de los ricos con lujosos vestidos. Mas eso en nada ayuda a los muertos, sino que únicamente complace a los vivos.

         Te vistan como te vistan, oh rico, cuando mueres pierdes la belleza externa, y te vas sin adquirir la interior. Y no sólo eso, sino que juegas también una mala pasada a tus herederos. En primer lugar, éstos pleitearán entre sí. En segundo lugar, si logran hacer paces, conservarán con ansias y preocupaciones tu herencia. En tercer lugar, si son derrochadores la dilapidarán en poco tiempo.

         Esa será tu culpa póstuma: la de inducir a tus herederos a repetir los pecados que te condenaron a ti (cf. San Ambrosio de Milán, Nabot, I, 1).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No vuelvas la espalda al que te necesita" (Mt 5,42).

Conclusio

         El triunfo sobre el otro sólo se consigue haciendo que su mal termine muriendo, y haciendo que no encuentre lo que busca (la oposición, pues con esto busca inflamar un nuevo mal). El mal se debilita si, en vez de encontrar oposición, es soportado y sufrido. ¡Éste es el adversario que no esperaba el mal, éste es al que no puede vencer!

         Naturalmente, esto sólo se da donde ha desaparecido el último resto de resistencia, y es plena la renuncia a vengar el mal con el mal. En este caso, el mal no puede conseguir su fin de crear un nuevo mal, y se queda solo. El sufrimiento desaparece cuando es sobrellevado, y el mal muere cuando dejamos que venga sobre nosotros sin ofrecerle resistencia.

         La deshonra y el oprobio se revelan como pecado cuando el que sigue a Cristo no cae en el mismo defecto, sino que los soporta sin atacar. El abuso del poder queda condenado cuando no encuentra otro poder que se le oponga. La pretensión injusta de conseguir "mi túnica" se ve comprometida cuando yo entrego también "el manto", y el abuso de mi servicialidad resulta visible cuando no pongo límites.

         La disposición a dar todo lo que me pidan muestra que Jesucristo me basta, y que sólo quiero seguirle a él. En la renuncia voluntaria a defenderse se confirma la vinculación incondicionada del seguidor a Jesús, y la ausencia de ataduras con respecto al propio yo. Sólo en la exclusividad de esta vinculación puede ser superado el mal (cf. Bonhoeffer, D; El Precio de la Gracia, Salamanca 1999, pp. 89-90).

 Act: 15/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A