5 de Agosto
Miércoles XVIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 5 agosto 2026
Lectio
1 Aquel día yo seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellas serán mi pueblo. 2 Yo me apiadaré en el desierto de los que escaparon de la espada, e Israel marchará hacia su reposo. 3 Yo me manifiesta de lejos. Con amor eterno te amo, y por eso te mantengo mi favor. 4 Te edificaré de nuevo y serás reedificada, doncella de Israel. De nuevo tomarás tus panderos y saldrás a bailar alegremente. 5 De nuevo plantarás viñas en los montes de Samaría, y quienes las planten las vendimiarán. 6 Llegará un día en que los centinelas gritarán en la montaña de Efraín: "¡Venid, subamos a Sión, hacia el Señor, nuestro Dios!". 7 ¡Gritad de alegría por Jacob, ensalzad a la capitana de las naciones! Que se escuche vuestra alabanza y decid: "El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel" (Jer 31,1-7).
El oráculo que constituye el fragmento litúrgico de hoy describe el retorno de los exiliados a la patria. Se trata de un anuncio que va dirigido a todo Israel, no ya dividido en dos reinos sino bajo una única soberanía de Dios (v.1).
La iniciativa del retorno corresponde al amor gratuito y fiel de Dios, que sale al encuentro del pueblo y le manifiesta la superabundancia de su ternura (v.2). Como en tiempos del éxodo de Egipto, aunque ahora de un modo todavía más glorioso, Dios forma la identidad del pueblo, le da la ciudad donde habitar, la tierra para cultivar y conseguir su propio sustento (vv.4-5).
El efecto que produce un don tan grande es la alegría, expresada aquí con el sonido de los instrumentos y las danzas (v.4). La alegría rebosante de Israel contagiará a las naciones vecinas. Éstas, convergiendo hacia Jerusalén (restablecida como centro del culto yahvista), alabarán a Dios por haber llevado a cabo de modo admirable la salvación (inesperada) del pequeño grupo de los supervivientes de la deportación (vv.6-7).
En aquel tiempo, 21 Jesús se marchó de Genesaret y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22 En esto, una mujer cananea venida de aquellos contornos se puso a gritar: "Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David; mi hija vive maltratada por un demonio". 23 Jesús no le respondió nada, pero sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros". 24 Él respondió: "Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". 25 Ella fue, se postró ante Jesús y le suplicó: "¡Señor, socórreme!". 26 Jesús respondió: "No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perrillos". 27 Ella replicó: "Eso es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". 28 Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides". Y desde aquel momento quedó curada su hija (Mt 15,21-28).
Jesús había dispensado una enseñanza religiosa que parecía revolucionaria a sus contemporáneos. Entre otras cosas, afirmaba que el origen de toda impureza se encontraba en el corazón del hombre, y que era consecuencia del uso equivocado de la libertad (Mt 15,10-20).
Esto desquiciaba la instalación legalista del judaísmo fariseo, e introducía como criterio de religiosidad auténtica la actitud interior del hombre, condensada en la confianza en Dios y en su amor preveniente.
Precisamente, eso es lo que la mujer extranjera y pagana pide a Jesús (v.28), al que reconoce como Mesías y Salvador (vv.22.23.25). El encuentro entre Jesús y la mujer cananea anuncia y realiza ya el encuentro entre la salvación y el paganismo.
Sin negar la elección preferencial de Israel, el "hijo primogénito" (v.24; Os 11,1), la misión salvífica de Jesús se dirige a todo el mundo. Ésta será la característica de la acción de la Iglesia, por mandato específico de su Señor y Maestro (Mt 28,18-20).
Meditatio
La relación del creyente con Dios no es una relación económica, que pueda medirse en términos de dar y recibir. Más bien, es la respuesta a una sorpresa: la de que Dios me ama, y lo hace con un amor excesivo (por todas partes, para siempre, por libre iniciativa, no condicionado por mi respuesta) y eterno (fuera de las medidas del espacio y del tiempo). Efectivamente, Dios se muestra incansablemente oferente.
En algunas ocasiones, cierto lenguaje parece sub-entender que soy yo quien complace a Dios al prestar atención a sus palabras. ¡Qué equivocado estoy! Sobre todo, porque Dios me precede siempre y de manera superabundante, al mismo tiempo que me deja la alegría de pedir (preludio del estupor que produce recibir).
Puedo entrar en este dinamismo vital del amor si me fío de él, que me habla de la historia que quiere escribir conmigo. Quien quiera que yo sea, puedo suscitar en mi corazón el deseo de que Dios muestre su amor en mí. No existe el menor impedimento para nadie, pues la vía de la relación vital y fecunda con Dios está abierta de par en par para todos.
Oratio
Estaba lejos de ti, y tú viniste a buscarme. Estaba en peligro de muerte, y tú viniste a salvarme. Estaba sin esperanza, y viniste a serenar mi vida. Estaba cansado de tanto gritar, y tú me respondiste y me escuchaste. Ahora sé que me amas desde siempre, y por siempre, Dios mío, cantaré tu amor.
Contemplatio
Querido hermano, Jesús es médico de las almas y de los cuerpos. Así pues, si tienes una herida te llevaré a él, y le suplicaré que te cure. Si tú también lo quieres, pídeselo, puesto que es él quien da todos los dones buenos. Te concederá no sólo lo que le pidas, sino infinitamente más de lo que pidas.
Me acercaré a él con mucha audacia, mas si no te acercas también será una gran vergüenza. Jesús no rechaza a nadie. Nuestro Dios y salvador quiere que nos salvemos, pero nos corresponde a nosotros gritar incesantemente: "Sálvame, Señor". Y él te salva (cf. Juan de Gaza, Epistolario, Roma 1991, p. 240).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Con amor eterno te amo" (Jer 31,3).
Conclusio
Toda la naturaleza es caridad, y el amor de Dios nos rodea por todas partes. Su amor es el agua que bebemos, el aire que respiramos y la luz que vemos. Todos los fenómenos naturales no son más que formas materiales diferentes del amor de Dios.
Nos movemos dentro del amor de Dios como el pez en el agua. Y estamos tan cerca de él, y tan embebidos de su amor y de sus dones (nosotros mismos somos don suyo), que no nos damos cuenta de ello por falta de perspectiva. Su amor nos rodea por todas partes y no lo sentimos, como tampoco sentimos la presión atmosférica.
Dios ha provisto a la Tierra durante 4.000 millones de años, y se ha preocupado de los pájaros y de los insectos durante cientos de millones de años.
Tú, en cambio, te sientes sólo y abandonado en el universo, y caminas preocupado por tus asuntos como si nadie se preocupara de ti. Olvidas que Alguien se preocupa a cada instante de todos tus trabajos, y regula el movimiento de tu sangre y el funcionamiento de todas tus glándulas.
Tú crees que los pequeños problemas de tu vida cósmica los puedes resolver sólo tú. En cambio, Dios escucha el grito del ciervo en el arroyo que le pide una compañera, y se la da. Él se preocupa del cuclillo que pide su comida, él guía a las cigüeñas en su emigración, él vela sobre la comadreja y el tejón cuando duermen en sus madrigueras. La rana, el escarabajo y el cuervo encuentran el alimento cada día a la hora debida.
Todos, Señor, "están pendientes de ti, y esperan que les des la comida a su tiempo. Tú se la das y ellos la toman, abres tu mano y quedan saciados" (cf. Cardenal, E; Canto al Amor, Asís 1982, p. 53).
Act:
05/08/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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