7 de Agosto
Viernes XVIII Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 7 agosto 2026
Lectio
1 Mirad, ya viene por los montes el mensajero que anuncia la paz. Celebra tus fiestas, Judá, y cumple tus promesas, porque no volverá a invadirte el malvado y será totalmente aniquilado. 2 Un destructor avanza contra ti, así que monta guardia en la muralla, vigila la ruta, prepárate para luchar y reúne todas tus fuerzas. 1 ¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, repleta de fraude, llena de violencia y de rapiña sin fin! 2 Escuchad: chasquidos de látigos, estruendos de ruedas, galopes de caballos, saltar de carros, 3 cargas de caballería, flamear de espadas, fulgurar de lanzas, multitud de heridos, montones de muertos e infinidad de cadáveres con los que se tropieza al andar. 6 Te cubriré de basura, te deshonraré y te expondré a pública vergüenza. 7 Todo el que te vea huirá de ti 8 y dirá: "Nínive está desolada". ¿Quién te compadecerá? ¿Dónde encontrar quien te consuele? (Nah 2,1.2; 3,1-3.6-8).
El profeta Nahúm, de cuyo librito está tomado el pasaje litúrgico de hoy, desarrolló su actividad en el Reino de Judá, probablemente durante la 2ª mitad del s. VII a.C. Sus oráculos anuncian el final del poder asirio, que dominaba por entonces con una gran ferocidad toda la región del Oriente Medio.
La crueldad de Nínive, capital de Asiria, está descrita con realismo e intensidad (vv.1-3). El fraude y la rapiña constituyen su política, y el estruendo de los carros de guerra se eleva a lo alto. Sus soldados, animados por una furia homicida, siembran a su paso violencia y muerte. El profeta contempla el final de tanto horror, y proclama el anuncio de la liberación.
El pueblo judío puede celebrar con alegría la salvación y la paz recuperadas (v.1), que Dios le concede humillando al opresor (v.6). Nahúm tiene, pues, un mensaje de consolación para Judá, mientras que Nínive (símbolo del caos y de las fuerzas del mal, que amenazan la armonía del orden querido por el Creador) no tiene quien la consuele (v.7).
En aquel tiempo, 24 Jesús dijo a sus discípulos: "Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 25 El que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí la conservará. 26 ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿Qué puede dar para recobrarla? 27 El Hijo del hombre está a punto de venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles. Entonces tratará a cada uno según su conducta. 28 Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin ver al Hijo del hombre venir como rey" (Mt 16,24-28).
Jesús ha confirmado ya su propia identidad de mesías y de Hijo de Dios, y ha indicado el carácter sufriente de su mesianismo (Mt 16,16-17.21). Ahora, pues, habla de aquellos que desean seguirle.
La suerte del discípulo no será diferente a la del Maestro (Mt 10,24). Más aún, toda actitud y toda decisión del discípulo tendrán significado para su relación con la vida del Maestro. En consecuencia, la escala de valores y de prioridades está determinada por la referencia a la persona de Jesús, cuyo recorrido histórico de sufrimiento vivido en el amor habrá de apropiárselo el discípulo (v.24).
El discípulo experimentará la paradoja del "perder para conservar", del "morir para vivir" (v.25). Con sus obras manifestará la decisión fundamental de poner a Jesús, y no a sí mismo, en el centro de su vida. Su recompensa la recibirá en el momento del juicio (v.27).
El siervo de Yahveh es también el Juez escatológico, el mesías humillado es también el Rey glorioso. Podrán comprenderlo bien los que le están escuchando (v.28), dado que durante su vida terrena tendrán lugar los acontecimientos anunciados (Mt 16,21).
Meditatio
Los atropellos y las violencias parecen ser las garantes de la seguridad y prosperidad de los fuertes, al precio de la aniquilación de los débiles. Sin embargo, no es ésta la verdad de la vida, y la historia muestra la precariedad del poder humano, registra el desmoronamiento de los imperios y describe la caída de los que se presentan como indestructibles.
La lógica que vence es, por tanto, otra. ¿No será la lógica de perder la propia vida, sin rechazar el sufrimiento que de ello pueda derivarse, y seguir amando de todos modos? Eso es lo que hizo Jesús. Cuando vivo así, me convierto en anuncio silencioso (aunque eficaz) de la auténtica liberación.
Oratio
Señor Jesús, quisiera seguirte por el camino que tú recorres. Yo siento que tú no me obligas a ir contigo, y que tan sólo me invitas. También he comprendido que sólo tu camino es el camino de la vida, y que tú eres el camino y la vida. Sé que, caminando contigo y como tú, amar se conjuga con sufrir, y siento miedo. Me gustaría un amor más barato.
Desde mi punto de vista, absorbido por completo en el presente, dar equivale a perder y es un pésimo negocio. Sin embargo, el amor que no se entrega por completo no es sino una copia camuflada del egoísmo.
Que yo pueda aprender, Señor, la fuerza de la entrega sin condiciones. Infúndeme la fuerza de los pequeños y la desconfianza de todo aquello que tiene el agrio olor a violencia, usurpación o aniquilación. Pon mis pasos en los tuyos, Jesús, y que yo aprenda la sabiduría de tu amor crucificado.
Contemplatio
Sé fiel, queridísima hermana, a aquel a quien has hecho tus promesas. Por él mismo serás coronada con el laurel de la vida. Breve es nuestra fatiga aquí, pero la recompensa es eterna.
Que no te confundan los estrépitos del mundo, que huye como una sombra. Soporta de buena gana los males adversos, y que los bienes prósperos no te exalten. Éstos requieren la fe, y aquéllos la exigen.
Oh queridísima, mira hacia el cielo al que nos invita, toma la cruz y sigue al Cristo que nos precede. Tras las diferentes y abundantes tribulaciones, gracias a él, entraremos en su gloria (cf. Santa Clara, Escritos, Madrid 1993).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Envía, Señor, a tu mensajero de paz" (Nah 2,1).
Conclusio
El sufrimiento no está por debajo de la dignidad humana, pues se puede sufrir de modo digno o indigno. Por ejemplo, la mayor parte de los occidentales no comprende el arte del dolor, y viven obsesionados por mil miedos, sin una verdadera vida.
Estoy a diario en Polonia, sobre los campos de batalla. Estos campos se han vuelto verdes de veneno, y yo estoy a diario rodeado de hambrientos, maltratados y moribundos. También estoy junto al jazmín y a este trozo de cielo que hay detrás de mi ventana, porque en una vida hay sitio para todo, sobre todo para la fe en Dios y para un final miserable.
Debemos tener la fuerza necesaria para sufrir solos, y no ser una carga para los otros con nuestros propios miedos y fardos. Esto es algo que todavía tenemos que aprender. No digo esto por resignación, sino porque tal vez ya he vivido esta vida mil veces, y otras tantas veces estoy muerta, y no puede sucederme ya nada nuevo.
No, se trata de vivir la vida mil veces minuto a minuto, y luego dejar un espacio al dolor. El dolor ha exigido siempre su lugar, y lo que cuenta es la forma de soportarlo e integrarlo en la vida. A veces debo inclinar la cabeza bajo el gran peso que tengo sobre la nuca, y entonces siento la necesidad de unir las manos y quedarme así durante horas.
Estoy en condiciones de soportarlo todo, y a la vez estoy segura de que la vida es bellísima, digna de ser vivida y repleta de significado. Lo digo a pesar de todo, puesto esto no quiere decir que una se encuentre siempre en el estado de ánimo más elevado, ni plena de fe.
Podemos estar cansados como burros después de haber realizado una larga caminata, pero eso también forma parte de la vida, y dentro de ti hay algo que no te abandonará nunca más (cf. Hillesum, E; Diario, 1941-1943, Milán 2000, p. 136).
Act:
07/08/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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