18 de Julio

Sábado XV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 18 julio 2026

Lectio

1 ¡Ay de aquellos que planean maldad, traman el mal en sus lechos y, en cuanto es de día, lo ejecutan porque tienen poder para ello! 2 Codician campos y los roban; casas, y se apoderan de ellas. Oprimen al cabeza de familia y a todos los suyos, al dueño y su heredad. 3 Por eso, así dice el Señor: "También yo planeo un mal contra esta gente despreciable, un mal del que no podréis apartar vuestro cuello. No podréis ir más con la cabeza erguida, porque serán tiempos de desgracia". 4 Ese día os dedicarán este proverbio, y os entonarán esta elegía: "Estamos totalmente arruinados, se reparten la heredad de nuestro pueblo. ¿Cómo es que se nos quita? Los que nos han conquistado han sorteado nuestros campos". 5 Así pues, no tendréis a nadie que sortee los lotes en la asamblea del Señor (Miq 2,1-5).

         La actividad del profeta Miqueas se sitúa en el contexto social y religioso del Reino de Judá, en pleno s. VIII a.C. Miqueas, casi contemporáneo del primer Isaías, denuncia la idolatría y las injusticias sociales cometidas por los jefes del pueblo (corte real, sacerdotes, profetas), a las que se ha visto sometida toda la población.

         El justo juicio de Dios no tardará y su castigo será inevitable, puesto que han abandonado la fidelidad a la alianza. Con todo, al castigo le seguirá la rehabilitación, y a la destrucción la promesa de una nueva fecundidad a partir del pequeño grupo de aquellos que, en medio de tanta iniquidad, hayan conservado íntegra la fe en Dios.

         El oráculo es una invectiva contra aquellos que, ya ricos, recurren a todo para acaparar cada vez más, usurpando casas y terrenos a sus legítimos propietarios y reduciendo a esclavitud a estos últimos. Se presenta a los acaparadores enteramente ocupados en sus lechos, tramando proyectos perversos que ejecutan en cuanto amanece el día, gracias a su poder económico (v.1).

         En este estado de cosas, en el que unos pocos ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres son cada vez más numerosos e indigentes, se levanta la voz del profeta, que proclama el juicio de Dios. Del mismo modo que los poderosos traman sus acciones inicuas (v.1), así también el Señor trama el castigo (v.3), del que no podrán huir y será justo sobre la base de la Ley del Talión (Dt 19,21).

         Aquellos que, privando a otros de sus legítimas posesiones, y reduciéndolos a esclavitud, los excluyen de la participación en la promesa de la tierra dada por Dios para siempre, serán hechos esclavos y dejarán de tener tierra.

         Miqueas expresa este grave castigo con la metáfora del yugo. Del mismo modo que el yugo impide a los prisioneros y animales levantar la cabeza, así también el grave castigo de Dios sólo permitirá caminar a los malvados con la cabeza inclinada.

         En el v. 4 el profeta pone en boca de los acaparadores castigados un canto que explica su destino: ser despojados de los bienes por los enemigos (en este caso, los asirios), así como ver repartidas sus tierras entre los invasores. Se trata de las ironías del destino. A ellos, que tramaban todos los modos posibles para enriquecerse, no les tocará ni siquiera un pedazo de la Tierra Prometida.

14 Los fariseos, al salir, se pusieron a planear el modo de acabar con Jesús. 15 Jesús lo supo y se alejó de allí. Le siguieron muchos, y Jesús los curó a todos, 16 advirtiéndoles que no dijeran que había sido él. 17Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: 18 "Éste es mi siervo, a quien elegí; mi amado, en quien me complazco. Derramaré mi espíritu sobre él, y él anunciará el derecho a las naciones. 19 No disputará, no gritará, no vociferará por las calles. 20 No romperá la caña cascada, ni apagará la mecha vacilante, hasta que haga triunfar la justicia. 21 En él pondrán las naciones su esperanza" (Mt 12,14-21).

         El hecho de haber contravenido la ley sobre el reposo sabático acarrea a Jesús el complot de los fariseos. Estos formulan el propósito (por vez 1ª, según la narración de Mateo) de matarlo. Jesús reacciona continuando en otro lugar su actividad taumatúrgica, y cura sin excepción a todos los que le siguen.

         Estas curaciones, en el contexto del milagro que acaba de realizar (Mt 12,10-13), dan razón del amor misericordioso de Dios, que Jesús ha venido a anunciar. Mateo ve realizada así la profecía de Isaías (Is 42,1-4), en la que se presenta la figura del Siervo de Yahveh.

         El Siervo de Yahveh, elegido y enviado por Dios, que lo ha colmado de su Espíritu, llevará a cabo la misión de hacer conocer a todos los pueblos la verdadera relación entre Dios y los hombres. El estilo del Siervo, sencillo y discreto, ajeno al conflicto y al clamor, atento a valorar toda posibilidad de vida, ha sido plenamente realizado por Jesús, que se acaba de declarar "sencillo y humilde de corazón" (Mt 11,29) y pide que se guarde silencio sobre su obrar (v.16).

         El evangelista Mateo, comentando los acontecimientos de la vida de Jesús a la luz del AT, recuerda que éste representa el cumplimiento de la revelación veterotestamentaria. Ayuda también a interpretar el acontecimiento de Jesús, aclara su significado y presenta en Jesús como modelo de obediencia al Padre.

Meditatio

         "Quien más tiene, más quiere tener". Se trata de un viejo dicho acuñado por la constatación de lo insaciable que se muestra en el instinto de posesión.

         Este viejo dicho mantiene una trágica actualidad: la del imperio de la prepotencia, de los que son más fuertes desde el punto de vista económico. Los estragos que esta codicia de unos pocos realiza, a expensas de muchos, se perpetran cada día, en todos los puntos del globo de la Tierra.

         El dinero es un arma aún más letal que los mecanismos explosivos, cuando se usa exclusivamente en provecho personal. El dinero hiere al hombre en su existencia física, y también en la psíquica y espiritual. Por dinero, la gente está dispuesta a todo, y pisotea afectos y valores éticos.

         El dinero, si se convierte en el fin de la vida, no admite rivales. Quien le dedica su misma persona no puede conocer ningún , sólo el yo. Por eso dijo Jesús que, o escogemos a Dios, o escogemos la lógica del dinero. No hay posibilidad de compromiso entre ambos.

         Jesús fue la 1ª persona de la historia en mostrar esta alternativa (la de Dios o el dinero), puso esta alternativa al nivel de relación con Dios y resto de seres humanos, y puso en práctica dicha alternativa, mostrando su preferencia sólo por los abandonados (a los que socorre con una atención especial).

         Sin estrépito ni clamores en la plaza, sin campañas publicitarias ni sofisticados medios de persuasión, con tono distendido y sereno, con palabras verdaderas y coherentes, Jesús va difundiendo la diferencia entre el amor de Dios y la lógica del atropello, por poco o muy explícita que ésta sea. La esperanza abre, en quien la acoge, unos horizontes luminosos.

Oratio

         Oh Dios, que has otorgado privilegio a los medios humildes, perdóname cuando sonrío de manera irónica a quien intenta seguirte en tu misma opción y cuando, por mi parte, no desdeño la violencia. Oh Dios, que te hiciste pobre, perdóname cuando pienso y digo que, de todos modos, es preciso arreglárselas y cualquier medio es bueno.

         Oh Dios, que te has inclinado sobre todo germen de vida y le has dado valor, perdóname cuando, sin remordimiento, pisoteo los derechos de mi hermano, de quien sé que no he de temer reacciones de venganza. Oh Dios, que te has mostrado atento a todos, perdóname cuando busco sólo lo que me conviene, sin preocuparme de los otros.

Contemplatio

         Dice el avaro para sí: ¿A quién hago mal, reteniendo los bienes que me pertenecen? Y yo le digo: ¿Qué bienes son los que te pertenecen, oh insensato? ¿De dónde te han venido? Te pareces a un hombre que entró en un teatro y quería impedir la entrada a los otros, para gozar él solo del espectáculo.

         Así son los ricos, acaparando los bienes de la sociedad y sosteniendo que son ellos los dueños de los mismos por el simple motivo de haber sido los primeros en cogerlos.

         Si cada uno retuviera únicamente lo que le sirve para las necesidades normales, y dejase lo restante a los indigentes, desaparecerían la riqueza y la pobreza.

         ¿No saliste desnudo del vientre de tu madre? ¿No estarás de nuevo desnudo cuando vuelvas al polvo? ¿De dónde crees que te han venido estos bienes?

         Quizás me respondas: Del azar. Y yo te digo: Muy bien, luego careces de fe y no piensas en tu Creador, y te muestras ingrato con Aquel que ha llenado tus manos de dinero.

         Quizás me respondas: Son dones de Dios. Y yo te digo: Muy bien, luego explícame por qué ha sido cautivada tanta riqueza precisamente por ti. ¿Se la debes acaso a la injusticia de un Dios que reparte de manera desigual los bienes de la vida? ¿Por qué eres tú rico, mientras otro es pobre? Si esos bienes viniesen de Dios, tan sólo te los habría concedido para que tú los repartas entre los demás.

         El avaro esconde su dinero bajo la campana de vidrio de su insaciable avaricia, y piensa que no hace daño a nadie, y que no excluye de él a una multitud de desdichados.

         ¿Quién es el avaro? El que no se contenta con lo necesario. ¿Y quién es el ladrón? El que priva a los demás de sus bienes. ¿No es el ladrón un avaro? ¿No es el avaro un ladrón? Es ambas cosas, porque aquellos bienes que debía respetar y administrar los has cogido sólo para ti.

         A quien asalta a un hombre en el camino, y le quita los vestidos, se le llama salteador. Y quien no cubre la desnudez del pordiosero, siendo que podía hacerlo, no merece un nombre diferente.

         Pertenece al hambriento el pan que guarda el avaro en su cocina. Al hombre desnudo pertenece el manto que está en su armario. Al que no tiene zapatos le pertenece el par que se estropea en su casa. Al hombre que no tiene dinero le pertenece el que tiene escondido. Por eso, más que una persona, el avaro es un explotador (cf. San Basilio de Cesarea, El Rico es un Ladrón, Bilbao 1995, pp. 57-59).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú eres justo, Señor" (Miq 2,3).

Conclusio

         La Iglesia no es un organismo político. Ahora bien, el rechazo de una función específicamente política no puede hacer olvidar el ansia de justicia y de fraternidad, y el estímulo encaminado a actuar de manera concreta. No podemos invocar a Dios como Padre si no intentamos construir de modo eficaz la fraternidad en medio de los hombres.

         El discurso religioso se hace inevitablemente social. Y fue precisamente esta experiencia eclesial la que puso en marcha en mí la reflexión crítica sobre la situación social que reina en el mundo. De modo particular, en nuestro sistema democrático occidental, por lo menos tal como se ha venido realizando hasta ahora.

         Las enormes ciudades del Tercer Mundo, donde crecen cinturones de miseria y subdesarrollo, la situación de colonialismo económico hace dudar de la sinceridad, del interés, y de la contribución que los pueblos más desarrollados desde el punto de vista industrial ofrecen a los otros pueblos.

         Además, las naciones que se sostienen sobre la explotación de otros pueblos dicen ser cristianas. Aparece así la paradoja de un cristianismo que parece alimentar la discriminación y la explotación de los pueblos, mientras que el anti-cristianismo se convierte en la bandera de las legítimas aspiraciones a la igualdad y a la participación.

         La realidad del mundo pobre, subdesarrollado, o explotado, es una crítica viviente a la parcialidad y al egoísmo de nuestros proyectos de desarrollo, y una contestación dramática a nuestro cristianismo abstracto e individualista (cf. Bettazzi, L; Hombre Farsante, Turín 1977).

 Act: 18/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A