11 de Septiembre

Viernes XXIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 11 septiembre 2026

Lectio

16 Hermanos, anunciar el evangelio no es para mí un motivo de gloria, sino una obligación, ¡y pobre de mí si no anunciara el evangelio! 17 Por esto ya merecería recompensa, aunque fuese por propia iniciativa. No obstante, yo lo cumplo como un encargo que me ha sido confiado. 18 ¿Dónde está, pues, mi recompensa? Aquí mismo: en en que lo anuncio gratuitamente, no haciendo valer mis derechos. 19 Siendo como soy, plenamente libre, me he hecho esclavo de todos para ganar a todos los que pueda. 22 He tratado de adaptarme lo más posible a todos, para salvar a algunos. 23 Todo lo hago por el evangelio, del cual espero participar. 24 ¿No sabéis que, en las carreras del estadio, todos corren, y solamente uno alcanza el premio? Corred vosotros así, para alcanzar la meta. 25 Los atletas se abstienen de todo, con el fin de obtener una corona corruptible. Nosotros, por nuestra parte, aspiramos a una corona incorruptible. 26 Yo también corro, pero no a la ventura. Yo también lucho, pero no como quien da puñetazos al aire. 27 En todo esto, yo disciplino mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, después de enseñar a los demás, quede yo descalificado (1Cor 9,16-19.22-27).

         Al igual que en el cap. 4, también en éste se ve obligado Pablo a defender no tanto su propia persona como su obra de apóstol, en medio de Corinto. No han faltado quienes, en efecto, le acusaban de obrar por interés en el ejercicio de su ministerio, como si buscara alguna recompensa material o una afirmación personal. La reacción de Pablo se articula en unos cuantos pasajes fundamentales.

         Para empezar, Pablo afirma que predicar el evangelio es una obligación para él, y no un motivo de gloria (v.16). Emerge aquí la psicología del siervo, del que se ha puesto libremente al servicio de su Señor y no puede sustraerse a esta obligación concreta. Pablo sabe que es un mandado, y que no puede hacer huelga en la viña del Señor. Más aún, afirma "¡pobre de mí si no anunciara el evangelio!" (v.16).

         Pablo se sabe sometido constantemente al juicio de Dios, de quien espera todo veredicto de fidelidad o infidelidad. Esta amenaza pesa sobre él y, lejos de quitarle el espíritu de iniciativa, le invita a tomar siempre nuevas iniciativas apostólicas. La única recompensa que espera es la de predicar gratuitamente el evangelio, que de manera gratuita le ha sido confiado (Mt 10,8).

         En la cima de todas sus preocupaciones, está ese santo orgullo que lleva a Pablo a decir: "Todo lo hago por el evangelio" (v.23). Es hermoso e instructivo señalar esta total concentración física y espiritual del apóstol en su ministerio, en el que se manifiesta cada vez más generoso, desinteresado y consagrado (2Cor 6,3-10; Flp 3,7-14).

En aquel tiempo, 39 Jesús les puso también esta parábola: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40 El discípulo no es más que su maestro, sino que a lo mucho será como su maestro. 41 ¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano, y no adviertes la viga que hay en el tuyo? 42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja que te saque la mota que tienes en el ojo, cuando no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano" (Lc 6,39-42).

         La mota en la viga. Éste podría ser el título del fragmento evangélico que hemos leído hoy en la liturgia de la palabra. En efecto, la enseñanza de Jesús versa sobre este gran contraste, y se dirige a sus contemporáneos para ponerles en guardia contra el peligro de la presunción (que lleva a la ruina) de los fariseos (que, en materia de presunción, no tenían rival).

         Estas palabras de Jesús van dirigidas a los discípulos. Se trata de una parábola que no tiene necesidad de explicaciones, porque desmantela con toda claridad la actitud de quien dice ejercer un ministerio de guía respecto a sus hermanos. A contraluz, aparece una insistente invitación de Jesús a la humildad, en virtud de la cual el que es guía no se erige en juez de los hermanos, sino que se expone voluntariamente a la recíproca corrección.

         Del discurso parabólico pasa Jesús, de una manera insensible, a un discurso expositivo ("el discípulo no es más que su maestro") y a un discurso provocador ("¿cómo es que ves?", "¿cómo puedes decir?", "¡hipócrita!"; vv.41-42). La intención de Jesús es suscitar actitudes de vida eclesial en aquellos a quienes confía su evangelio (esto es, su propuesta de vida nueva).

         No hay verdadera espiritualidad cristiana sin la práctica de los mandamientos, y menos aún sin una adhesión total a la novedad evangélica. En labios de Jesús, el Discurso sobre la Mota y la Viga se convierte así en una invitación, más insistente que nunca, a asumir nuestras propias responsabilidades y a no caer en las trampas que, en su tiempo, habían enredado la práctica de los fariseos.

Meditatio

         En el fragmento evangélico de hoy sorprende el contraste entre la invitación (dirigida al discípulo, para que sea como el maestro) y la sentencia (sobre la hipocresía, pronunciada inmediatamente después). Se trata de la tensión en la que vive todo discípulo y todo seguidor de Jesús.

         Por un lado, estamos invitados a poner al maestro Jesús frente a nosotros como el único digno de ser escuchado e imitado. Por otro lado, nos sentimos invitados a ponernos frente a él como frente a un modelo difícilmente imitable, pues "el discípulo no es más que su maestro" (v.40).

         No podemos querer tender a una perfección divina, pues eso sería una actitud temeraria e indigna de un verdadero discípulo. Sin embargo, estamos invitados a prepararnos bien para seguir lo más cerca posible a nuestro maestro y guía. Por ello, quien ha sido llamado a ser guía de otros ha de ser primero un discípulo fiel.

         Jesús censura a los malos guías de ciegos, necios e hipócritas. Este término tiene en su uso bíblico un sentido más amplio que el que le atribuimos en nuestro lenguaje común. Si bien en ciertas ocasiones indica un disimulo voluntario (Mt 22,18), en otras denota el contraste entre la conducta exterior y el pensamiento interior (Mt 15,7; 23,25.27) o bien censura la falsedad más o menos consciente de aquellos (como es el caso de hoy).

         La falsedad está tejida de soberbia, y rezuma presunción. Por ello, la advertencia es clara: que sólo sabe mandar quien sabe obedecer, y que sólo sabe juzgar quien es dócil.

Oratio

         Servir al Padre fue para ti, Señor, una manifestación de tu amor. Enséñame el verdadero espíritu de servicio, el que marca el camino de la abnegación, de la pobreza, de la persecución y de la obediencia hasta la entrega total de nosotros mismos.

         Servir a los hermanos fue para ti, Señor, tu alegría. Enséñame a aliviar las heridas ajenas, a consolar a los afligidos, a hacer vivir a los deprimidos, a calmar a los violentos, a instruir a los ignorantes, a predicar el evangelio sin presunción.

         Para ti, Señor, servir fue una opción que orientó tu existencia y cualificó toda tu vida. Enséñame y hazme comprender que, para mí, tampoco es opcional el servicio, sino que forma parte constitutiva de mi vida de apóstol, para "llevar a Cristo al mayor número posible de hermanos".

Contemplatio

         Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero no olvides una cosa: que todo esto es asunto tuyo. Si quieres que Cristo te ayude, procura someterte a su voluntad. De hacerlo, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades.

         Ten por cierto que somos peregrinos y viajeros en este mundo, y que nuestra patria es el cielo. El que se engríe, por tanto, se desvía del camino y corre hacia la muerte. ¿Por qué? Porque ganar la vida eterna no es algo que podamos hacer por nosotros solos, ya que esa opción la perdimos por el pecado. Por eso, debemos dar siempre gracias a Cristo, y amarle, y obedecerle, y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él.

         Cristo se nos ha dado en alimento, así que ¡desdichado quien ignora un don tan grande! Cristo se nos ha dado a poseer, así que ¡ay de aquel que no se preocupa de recibirlo!

         Hija mía, el bien que deseo para mí lo pido también para ti. Para conseguirlo, no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo. Más aún, atrévete a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma que necesitamos. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti de buena gana. Lo harán para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, llena de enemigos que acechan (cf. San Cayetano, Carta a Elisabet Porto, Vaticano 1954, p. 50).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "¡Pobre de mí si no anunciara el evangelio!" (1Cor 9,16).

Conclusio

         No es fácil hablar de la humildad, y para poder hacerlo es preciso penetrar a través de un muro de incomprensión y de resistencia.

         Por ejemplo, Nietzsche se auto-erigió en portavoz del pensamiento de muchos, cuando tachó de vil la esencia del cristianismo. ¿Por qué vil? En su opinión, porque estaba lleno de débiles, de fracasados y de esclavos que habían convertido su mezquindad en virtud.

         ¿Qué es, entonces, la humildad? Según mi opinión, es una virtud que forma parte de la fortaleza. Sólo quien es fuerte puede ser realmente humilde. Sólo la fuerza es capaz de inclinarse libremente para servir a quien es más débil o inferior.

         Desde esta óptica, Dios es el primer humilde, porque es el más grande. Para Dios, no hay nada que pueda constreñirle. No obstante, él prefiere arriesgarse a rebajar su grandeza para ganar a los débiles e inferiores (cf. Guardini, R; Mensaje de Juan, Brescia 1984, p. 24).

 Act: 11/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A