5 de Septiembre

Sábado XXII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 5 septiembre 2026

Lectio

6 Hermanos, en atención a vosotros me he puesto como ejemplo, junto con Apolo, para que aprendáis en nosotros aquello de "no ir más allá de lo que está escrito" y para que nadie se apasione por uno en contra de otro. 7 Además, ¿quién te hace a ti superior a los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido? 8 ¡Ya estáis satisfechos! ¡Ya sois ricos! ¡Habéis llegado a ser reyes, sin contar con nosotros! ¡Ojalá lo fueseis de verdad, para que también nosotros reinásemos con vosotros! 9 Al parecer, a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha destinado al último lugar, como condenados a muerte, y nos ha convertido en espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres. 10 Así pues, nosotros somos unos necios por Cristo, y vosotros sabios en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros llenos de gloria, nosotros despreciados. 11 Hasta el presente no hemos padecido más que hambre, sed, desnudez y malos tratos. Andamos errantes, 12 y nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos. Nos insultan, y nosotros bendecimos; nos persiguen, y lo soportamos; 13 nos difaman, y respondemos con bondad. Nos hemos convertido en la basura del mundo, y el deshecho de todos hasta ahora. 14 No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos muy queridos. 15 Aunque tuvierais diez mil maestros en la fe, padres no tenéis muchos, y he sido yo quien os ha hecho nacer a la vida cristiana por medio del evangelio (1Cor 4,6-15).

         Pablo desarrolla hoy el discurso sobre la verdadera identidad de los ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios, y lo hace con algunas expresiones que merecen ser unificadas.

         Los apóstoles están ligados, ante todo, y de manera indivisible, a los fieles. Por ello, Pablo les vino a decir a los corintios: No podéis pretender caminar por vuestra cuenta, ni mucho menos llegar a puerto, sin nosotros. La conciencia del apóstol se une a la de todos los fieles porque, como ellos y junto con ellos, se siente salvado por la gracia de Cristo. Por otro lado, Pablo les vino a decir: Nosotros deseamos llegar a la meta, y hacerlo con vosotros. 

         La irónica expresión "ser reyes sin contar con nosotros" (v.8) es extremadamente clara, y expresa su deseo de compartir eternamente la alegría de la salvación con todos aquellos a los que ha podido prestar el servicio de la evangelización.

         Los apóstoles son "condenados a muerte" (v.9), como Cristo y después de Cristo. Esta especie de condena pende sobre la cabeza de Pablo desde que encontró a Cristo en el camino a Damasco. Desde entonces, sabe con toda certeza que no hay otro camino para recorrer que el de la cruz, y que no puede usar otro lenguaje más que el de la cruz, y que no hay otra perspectiva que se abra ante él que no sea la de un nuevo calvario.

         Esa condena se va realizando históricamente en diferentes tiempos y lugares. Y también aquí, en Corinto, y por medio de vosotros, según parece decirles Pablo. En efecto, los apóstoles son padres respecto a los fieles, y éstos son sus "hijos míos muy queridos" (v.14). Se trata de la paternidad espiritual, que supera los límites de una familia humana y se extiende a las dimensiones de una Iglesia sin fronteras. Esa fue la experiencia de Pablo.

1 Un sábado, Jesús atravesaba unos sembrados. Sus discípulos cortaban espigas y se las comían, desgranándolas con las manos. 2 Unos fariseos los vieron y dijeron: "¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?". 3 Jesús les respondió: "¿No habéis leído lo que hizo David, cuando tuvo hambre él y sus compañeros? 4 Entró en el templo de Dios, tomó los panes de la ofrenda, comió y dio a los que lo acompañaban, siendo así que sólo a los sacerdotes les estaba permitido comerlos". 5 Y añadió: "El Hijo del hombre es señor del sábado" (Lc 6,1-5).

         Lucas nos refiere, en dos pasajes consecutivos, algunas polémicas que Jesús debió sostener con los fariseos respecto al sábado (día de descanso) y a algunas prácticas más o menos permitidas en ese día. Lo que más nos sorprende, en este caso, es el modo positivo y dialogante con el que Jesús entra en la polémica.

         En efecto, Jesús intenta desconectar a sus interlocutores de una mentalidad excesivamente jurídica, ligada de manera servil a una casuística que, de hecho, condujo a los fariseos a recopilar un elenco de 613 preceptos para los que quisieran permanecer fieles a Dios (por supuesto, de una manera servil, en paralelo a los 10 mandamientos).

         Jesús intenta separar a los fariseos de esa mentalidad, y recurre al ejemplo del judío más respetado en Israel: el rey David, y su libre elección frente a una tradición que parece no admitir excepciones. Se trata de un motivo más, por tanto, para asumir el modelo de libertad frente a la tradición, sobre todo si ésta no es bien interpretada (Mc 7,1-15) y amenazan con someter el hombre a la ley y no viceversa.

         La afirmación final de Jesús es extremadamente clara e iluminadora: "El Hijo del hombre es señor del sábado" (v.5). Por un lado, Jesús se compara a David. Por otro lado, con una afirmación que no deja lugar a dudas, y manifiesta un tono apodíctico, afirma su propia superioridad con respecto a David (como "señor del sábado") y, con ello, su dignidad divina.

Meditatio

         Según el evangelio, nuevo no significa inédito (lit. nunca oído) sino originario, en el sentido de que Jesús ha venido a restablecer el proyecto del Dios creador para volver a entregarlo a todos aquellos que aceptan seguirle por el camino de la verdad.

         Tenemos un ejemplo claro de este proyecto de Jesús en Mt 19,1-12, donde Jesús, en polémica con los fariseos sobre la espiritualidad conyugal, les invita a superar la lógica de los permisos (concedidos por Moisés, a causa de la dureza de sus corazones) mediante la lógica de la entrega recíproca total según el proyecto originario.

         Nuevo, según el evangelio, no significa actual (lit. a la última) sino auténtico, en el sentido de que Jesús, con sus propuestas de vida nueva, tiende a despertar en cada persona lo que en ella hay de genuino y de válido. Jesús ha venido a liberar la libertad, y por eso, cuando fue necesario, no vaciló en contraponer su propuesta a las propuestas alternativas de otros falsos mesías que prometían fáciles y baratas libertades.

         Nuevo, según el evangelio, no significa genial (lit. lo propio de uno) sino esencial, en el sentido de que Jesús vino a suprimir, o por lo menos a aligerar, los excesivos fardos que amenazan con entristecer y tal vez mortificar el corazón de cada persona.

         Desde este punto de vista, resultan extremadamente iluminadoras estas palabras de Jesús: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11,28-30).

Oratio

         Oh Señor, el sufrimiento me da miedo, pero es inútil negarlo, rechazarlo o evadirse de él, porque es parte inherente de la vida de cada apóstol. Me da miedo el sufrimiento físico causado por las enfermedades, por las privaciones, por el cansancio o por un cuerpo consumido que desmejora con el paso de los años.

         Me da miedo el sufrimiento psicológico derivado de las incomprensiones, de las resistencias a las realidades evidentes, de las limitaciones escondidas que devienen en violencia, de los juegos destinados a apoyar nuestros puntos de vista. Me da miedo el sufrimiento espiritual velado por las dudas, la aridez, las incertidumbres y la indiferencia.

         Me da miedo, oh Señor, pero ése ha sido el camino para todos tus discípulos y amigos, y así ha de ser también para nosotros, para los que hemos elegido seguirte.

Contemplatio

         Reconoce tu altísima dignidad, oh cristiano, y entiende bien cuál ha de ser tu conducta y cuáles los premios que se te prometen. La misericordia quiere que seas misericordioso, la justicia desea que seas justo, mas el Creador quiere verse reflejado en ti, y ver reproducida su imagen en tu corazón. Eso es algo que tú puedes, oh cristiano, mediante la imitación de las obras divinas.

         Para que todo sea limpio para ti, oh cristiano, practica la limosna, y así llegarás a gozar de aquella otra bienaventuranza que te promete el Señor, como consecuencia de lo que hasta aquí se te ha dicho: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Gran felicidad es ésta, amadísimos hermanos, para la que se prepara un premio tan grande.

         ¿Qué significa "tener limpio el corazón", sino desear las virtudes que antes he citado? ¿Qué inteligencia puede llegar a concebir, o qué palabras lograrán explicar, la grandeza de una felicidad que consiste en ver a Dios? (cf. San León Magno, Homilías, XCV, 6).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Hijo del hombre es señor del sábado" (Lc 6,5).

Conclusio

         Recientemente he llegado a reconocer la necesidad del Método de la No Violencia, en las relaciones internacionales. Como no estaba convencido de su eficacia en los conflictos entre naciones, pensaba yo que, aunque no puede ser nunca un bien positivo, la guerra podría servirnos como un bien negativo, para prevenir la difusión y el crecimiento de una fuerza malvada.

         La guerra, por muy horrible que sea, podría ser preferible a rendirse a un sistema totalitario. Ahora, sin embargo, veo que el potencial destructivo de las armas modernas elimina por completo la posibilidad de que la guerra represente un bien negativo. Si admitimos que la humanidad tiene derecho a sobrevivir, entonces deberemos encontrar una alternativa a la guerra y a la destrucción.

         En esta época de vehículos espaciales y de misiles balísticos teledirigidos, la alternativa se sitúa entre la no violencia y la no existencia. No soy pacifista, sino realista, y considero la posición pacifista como el mal menor en las circunstancias actuales.

         No proclamo que estoy libre del dilema moral que el cristiano no pacifista debe afrontar, pero estoy convencido de que la Iglesia no puede permanecer en silencio mientras el género humano se encuentra ante la amenaza de la aniquilación nuclear. La Iglesia, si es fiel a su misión, debe pedir el final de la carrera armamentística (cf. Helio, E; Eslóganes del Alma, Milán 1971, p. 92).

 Act: 05/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A