4 de Septiembre

Viernes XXII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 4 septiembre 2026

Lectio

1 Hermanos, que se nos considere como ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, lo que se exige a los administradores es que sean fieles. 3 En cuanto a mí, bien poco me importa el ser juzgado por vosotros o por cualquier tribunal humano, pues ni siquiera yo mismo me juzgo. 4 De nada me remuerde la conciencia, mas no por eso me considero inocente, porque quien me juzga es el Señor. 5 Así pues, no juzguéis antes de tiempo. Dejad que venga el Señor, y él iluminará lo que se esconde en las tinieblas, y pondrá de manifiesto las intenciones del corazón. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que merezca (1Cor 4,1-5).

         En el seno de la Iglesia de Corinto había algunos que empezaban a contestar la legitimidad y la autenticidad del ministerio que Pablo ejercía entre ellos y sobre ellos. Ante ellos, y en 1º lugar, Pablo afirma que somos "ministros de Cristo". Es decir, sus servidores, y nada más (v.1).

         Nos viene espontáneamente a la mente recordar aquellas palabras de Jesús a los apóstoles, cuando les dijo: "Cuando hayáis hecho lo que se os mande, vosotros decid: Somos siervos inútiles, que hemos hecho lo que teníamos que hacer" (Lc 17,10). Este 1ºr rasgo prueba la identidad del apóstol, y le define en relación con ese Jesucristo que le ha llamado.

         En 2º lugar, Pablo afirma que somos "administradores de los misterios de Dios" (v.1). Es decir, ecónomos, porque somos responsables de la oikonomía que ve obrando tanto a Dios (que dispensa sus misterios) como a los apóstoles (que han sido llamados a dar lo que han recibido).

         Este 2º rasgo caracteriza al ministerio apostólico con respecto a los fieles, que tienen derecho a recibir lo que Dios, por manos de sus ministros, dispensa a manos llenas.

         A los administradores se les pide que sean fieles (v.2). El término griego empleado puede aludir a la fidelidad personal del apóstol, respecto a su Señor, pero también expresa la fidelidad del siervo a su servicio.

         Por último, el apóstol se siente sometido sólo "al juicio de Dios" (vv. 3-5). De aquí podemos colegir una extrema libertad frente a todos, mas no respecto a Dios, ante el cual estamos rendidos para siempre. No es difícil reconocer en estos elementos característicos del ministerio apostólico una auténtica espiritualidad, de la que Pablo da testimonio en todas sus cartas.

En aquel tiempo, 33 los maestros de la ley y los fariseos dijeron a Jesús: "Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia, y hacen oraciones, e igualmente los discípulos de los fariseos. En cambio, tus discípulos comen y beben". 34 Jesús les contestó: "¿Podéis hacer ayunar a los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? 35 Llegará un día en que el novio les será arrebatado, y entonces ayunarán". 36 Y les puso estos ejemplos: "Nadie corta un trozo de tela de un traje nuevo y lo pone en un vestido viejo, porque estropeará el nuevo y al viejo no le caerá bien la pieza del nuevo. 37 Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo reventará los odres, se derramará el vino y los odres se perderán. 38 El vino nuevo se echa en odres nuevos, 39 y nadie habituado a beber vino añejo querrá el nuevo, porque dirá: El añejo es mejor" (Lc 5,33-39).

         De aquí en adelante, el evangelio va a presentar 3 polémicas mantenidas por Jesús con los discípulos de Juan el Bautista y con los fariseos, una que tiene que ver con la práctica del ayuno y dos con la observancia del sábado.

         Sabemos que la limosna, la oración, y el ayuno, constituyen 3 compromisos inderogables para los discípulos de Cristo (Mt 6,1-18), pero lo que importa a Jesús es el modo en que se lleva a cabo esa limosna, esa oración y ese ayuno. En el pasaje de hoy, se confirma la importancia del espíritu con el que el ayuno puede y debe ser practicado.

         La alegoría matrimonial nos impulsa a considerar a Jesús como "el esposo" (vv.34-35), cuya presencia no puede dejar de ser considerada un motivo de alegría, y cuya ausencia será, a buen seguro, motivo de tristeza.

         La espiritualidad cristiana no podrá separarse nunca de las expresiones paternalistas del evangelio (del padre con sus hijos), ni de las expresiones nupciales (de la esposa con su esposo). Sabemos que, ya desde el AT, se había desarrollado ampliamente la alegoría matrimonial, a la hora de iluminar tanto las relaciones de Israel con su Señor como las relaciones de todo creyente conDios.

         No es difícil distinguir aquí, como perspectiva fuertemente lucana, los tiempos de Jesús de los tiempos de la Iglesia. La Iglesia está representada por los invitados que participan de la alegría del esposo. Sin embargo, en otras ocasiones está representada por la esposa o por el amigo del esposo, que está cerca de él y lo escucha (Jn 25,30).

Meditatio

         Siempre es útil reflexionar sobre la novedad traída por Jesucristo y atestiguada por el evangelio. Pues bien, esta novedad es algo que Lucas pone de manifiesto hoy, con las parábolas del traje nuevo y del vino nuevo. Señalemos, en 1º lugar, el carácter paradójico con el que nana Lucas la 1ª parábola.

         En efecto, no habla simplemente Jesús de un pedazo de tela para ponerlo en un traje viejo, sino de la acción de alguien que "corta un trozo de tela de un traje nuevo y lo pone en un vestido viejo". Está claro que Jesús quiere censurar la actitud de aquellos que, al rechazar la novedad del evangelio, acaban por estropear lo que es nuevo y tampoco reparan lo que es viejo.

         Nuevo puede ser entendido en referencia al AT. En este caso, el discípulo de Jesús intuye que la palabra de Jesús llega como cumplimiento de las profecías, y que su adhesión de fe a Jesús le pone en continuidad con todos aquellos que, antes de Cristo, ya se abrieron a la escucha de la palabra de Dios y se dejaron guiar por los profetas.

         Nuevo puede ser entendido en referencia a los maestros alternativos que, con todos los medios posibles, hacían prosélitos también en tiempos de Jesús. En este caso, los apóstoles se encontraron en la necesidad de tomar decisiones drásticas (Jn 6,60-69) para no dejarse hipnotizar por los "falsos maestros" y por "guías ciegos e hipócritas" (Mt 23,15-17).

         Nuevo, por último, puede ser entendido en referencia a ciertas actitudes que caracterizaban la vida de los discípulos de Jesús antes de su encuentro con el maestro. En este caso, el discípulo de Jesús advierte el deber de dejar para tomar, de abandonar para recibir, de perder para encontrar.

Oratio

         Oh Señor, sácanos del surco de nuestros hábitos, pues la tarea principal de una persona que quiere madurar es, paradójicamente, la de alcanzar la inocencia de un niño. Oh Señor, dame una mente fresca, inocente, llena de porqués y, por eso mismo, abierta y capaz de conocimiento infinito.

         "Nadie corta un trozo de tela de un traje nuevo y lo pone en un vestido viejo". Por eso, oh Señor, concédeme el sentido del buen gusto, que no me mantenga encerrado en lo viejo sino que, aun apreciándolo, sepa captar la novedad de tu gracia, dotada siempre de originalidad y elegancia espiritual.

         "Los discípulos de Juan ayunan, y los tuyos comen y beben", así que, oh Señor, concédeme ese sentido del equilibrio que no me ligue a normas y prácticas ya superadas, sino a intuiciones afortunadas que me conduzcan a tomar decisiones adaptadas a todo tipo de situaciones.

Contemplatio

         El sumo bien está en la plegaria y en el diálogo con Dios, porque equivale a una íntima unión con él. Así como los ojos del cuerpo se iluminan cuando contemplan la luz, así también el alma dirigida hacia Dios se ilumina con su inefable luz. Es decir, con una plegaria que no sea de rutina, sino hecha de corazón, y que no esté limitada a un tiempo concreto, o a unas horas determinadas, sino que se prolongue día y noche sin interrupción.

         Cuando quieras reconstruir en ti aquella morada que Dios se edificó en el primer hombre, adórnate con la modestia y la humildad, y hazte resplandeciente con la luz de la justicia. Decora tu ser con buenas obras (como con oro acrisolado) y embellécelo con la fe y la grandeza de alma (a manera de muros y piedras).

         Por encima de todo, como quien pone la cúspide para coronar un edificio, coloca la oración, a fin de preparar a Dios una casa perfecta y poderle recibir en ella como si fuera una mansión regia y espléndida. Esto es, por la gracia divina, como si poseyeras la misma imagen de Dios colocada en el templo del alma (cf. San Juan Crisóstomo, Sobre la Oración, VI).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Somos ministros de Cristo, y administradores de los misterios de Dios» (1Cor 4,1).

Conclusio

         Yo fundamento mi comprensión del mundo, de los otros, y de mí mismo, en la figura simbólica del Siervo de Yahveh, y en ese amor que no puede ser arrebatado sino ofrecido. El Siervo de Yahveh, el "cordero de Dios", es exactamente lo contrario que el "chivo expiatorio", ese que todos están de acuerdo en excluir para preservar la unidad del grupo.

         En el cristianismo, el grupo fue fundado por una víctima que fue excluida por los otros y que, aceptando ser excluida, denunció y puso al desnudo el sistema del "chivo expiatorio". Con la lógica simbólica de la víctima conforme, la cruz queda sustraída a una interpretación puramente punitiva, en términos de retribución (la sangre derramada, a cambio de salvación), un hecho al que Job ya había puesto término con su propio sufrimiento.

         El extraordinario poder de Jesús reside en un sacrificio consentido que va a destruir de manera definitiva todo el sistema que se fundamenta en la víctima. Eso es lo que subraya Jesús cuando dijo: "Nadie tiene poder para quitarme la vida, y soy yo quien la doy por mi propia voluntad" (cf. Ricoeur, P; Entrevista en L'Avenire, el 8-IX-1999).

 Act: 04/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A