17 de Septiembre

Jueves XXIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 17 septiembre 2026

Lectio

1 Os recuerdo, hermanos, el evangelio que os anuncié, que recibisteis y en el que habéis perseverado. 2 Es el evangelio que os está salvando, si lo retenéis tal y como os lo anuncié. De no ser así, habríais creído en vano. 3 En primer lugar, yo os transmití lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, 4 que fue sepultado, que resucitó al tercer día, 5 que se apareció a Pedro y luego a los Doce. 6 Después se apareció a más de 500 hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todavía, si bien algunos han muerto. 7 Después se apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. 8 Por último se me apareció a mí, como si fuera un aborto. 9 Yo soy el menor de los apóstoles, e indigno de llamarme apóstol por haber perseguido a la Iglesia de Dios. 10 Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Al contrario, he trabajado más que todos los demás, o más bien la gracia de Dios conmigo. 11 En cualquier caso, tanto ellos como yo, esto es lo que anunciamos, y esto es lo que habéis creído (1Cor 15,1-11).

         Parece ser que entre los cristianos de Corinto se propagaban dudas sobre la verdad de la resurrección de Cristo, con perjuicio para la integridad de la fe y la unidad eclesial. Por ello, Pablo no puede eludir la cuestión, e interviene directamente en el tema.

         En 1º lugar, la resurrección de Cristo es objeto del testimonio apostólico. Son muchos, y todos ellos dignos de fe, los que vieron el sepulcro vacío y vieron resucitado al Señor. Entre ellos "estoy también yo", afirma Pablo, que "por la gracia de Dios soy lo que soy" (v.10).

         En 2º lugar, la resurrección de Jesús es objeto la predicación apostólica. A partir de ella, los apóstoles no sólo se adhirieron a la novedad de Cristo con todas sus fuerzas, sino que fueron investidos para su tarea misionera. Si Cristo no hubiera resucitado, "nuestra predicación sería vana", afirma Pablo, y "habríamos trabajado en vano".

         En 3º lugar, la resurrección de Cristo es objeto de la fe de los primeros cristianos. Si Cristo no hubiera resucitado, "vana sería nuestra fe", remacha el apóstol, y "seríamos las personas más infelices del mundo". Infelices porque habríamos vivido engañados, y nos sentiríamos decepcionados.

         Está claro, por tanto, que al servicio de este acontecimiento (es decir, la resurrección de Cristo), fundador del cristianismo, está no sólo la tradición apostólica, sino también el testimonio de la comunidad creyente y de todo auténtico discípulo de Jesús.

En aquel tiempo, 36 un fariseo invitó a Jesús a comer. Cuando entró en casa del fariseo, Jesús se sentó a la mesa. 37 En esto, una mujer, una pecadora pública, al saber que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume, 38 se puso detrás de Jesús, junto a sus pies, y llorando comenzó a bañar con sus lágrimas los pies de Jesús, y a enjugárselos con los cabellos de la cabeza, mientras se los besaba y se los ungía con el perfume. 39 Al ver esto el fariseo, pensó para sus adentros: Si éste fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. 40 Entonces Jesús tomó la palabra y le dijo: "Simón, tengo que decirte una cosa". Él replicó: "Di, maestro". 41 Jesús prosiguió: "Un prestamista tenía dos deudores. Uno le debía 500 denarios y el otro 50 denarios. 42 Como no tenían para pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Quién de ellos lo amará más?". 43 Simón respondió: "Supongo que aquél a quien le perdonó más". Jesús le dijo: "Así es". 44 Y volviéndose a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, tú no me diste agua para lavarme los pies, mientras ella ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. 45 Tú no me diste el beso de la paz, mientras que ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 Tú no ungiste con aceite mi cabeza, mientras que ella ha ungido mis pies con perfume. 47 Por ello, te aseguro que se le han perdonado sus muchos pecados, por tales muestras de amor. Al que se le perdona poco, poco amor mostrará". 48 Entonces, dirigiéndose a la mujer, Jesús le dijo: "Tus pecados quedan perdonados". 49 Los comensales se pusieron a pensar para sus adentros: ¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados? 50 Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado. Vete en paz" (Lc 7,36-50).

         En este fragmento evangélico se entrelazan 2 temas de fondo. El 1º asume un tono polémico, y contempla la relación entre Jesús y el fariseo. El 2º asume un tono de propuesta, y contempla la relación entre Jesús y la mujer. Considerando atentamente el relato, advertimos que los dos temas se entrelazan y se iluminan recíprocamente.

         Al fariseo le quiere hacer comprender Jesús que la persona no es sólo su fachada exterior, ni sólo su experiencia anterior. Una mujer, aunque sea notoriamente pecadora, siempre es capaz de tener corazón y emprender un camino nuevo. Lo único que necesita es encontrar un hermano que la comprenda y la redima. Y él, Jesús, ha venido para eso.

         A la mujer le quiere hacer comprender Jesús que la vida no sólo vale por el cúmulo de experiencias realizadas (por lo general, parciales y deletéreas), sino por el encuentro central y decisivo con una persona capaz de rescatar y renovar. Y él, Jesús, ha venido para eso.

         A nosotros, destinatarios del evangelio de Jesús, se nos quiere hacer comprender que es la fe lo que nos salva. La fe en él, verdadero hombre y verdadero Dios, que es amigo de los hombres y capaz de perdonar nuestros pecados. Él es el Dios que, con su palabra consoladora y eficaz, nos dice también a cada uno de nosotros: "Tu fe te ha salvado. Vete en paz" (v.50).

Meditatio

         Si la eucaristía constituye el centro de la fe cristiana (como hemos estado meditando estos últimos días), la resurrección de Jesús es la cumbre de toda la historia de salvación. Para usar las palabras del mismo apóstol Pablo, si ese acontecimiento no hubiese sucedido, no hubiese sido posible todo lo demás (predicación apostólica, testimonio personal, comunidad eclesial).

         La resurrección es, en 1º lugar, una alegre noticia, que manifiesta la omnipotencia de Dios para salvar a toda la humanidad. Es una noticia destinada a embellecer la historia personal y global de la humanidad, y a difundir belleza y armonía por todo el cosmos.

         La resurrección es, en 2º lugar, el hecho clave de Jesús y de la Iglesia, del mundo y de la historia. En consecuencia, nosotros no creemos en una verdad abstracta, sino en un acontecimiento que tuvo lugar en la historia y que nos compromete de manera personal con Aquel que la llevó a cabo.

         La resurrección es, en 3º  lugar, una promesa, que abre una perspectiva de novedad respecto a la vida. En concreto, la de abrir la puerta a nuestra propia resurrección, como acontecimiento real y posible.

Oratio

         Oh Señor, la pecadora del evangelio es para nosotros una llamada provocadora al amor incondicionado. Tú le perdonaste sus pecados de manera gratuita, y con ello nos enseñaste la lógica del perdón que da sin razones y sin intereses. Dar, pero sobre todo darse, es una cosa bella. Oh Señor, "tu misericordia es eterna".

         A la pecadora le perdonaste mucho porque ella hizo palanca sobre tu amor, y con ello nos enseñaste la lógica del perdón que valora a cada persona por el don que es. Donar, pero sobre todo perdonar, es una cosa bella. Oh Señor, "tu misericordia es eterna".

         A la pecadora le entregaste el don de tu paz porque creyó en ti con fe, y con ello nos enseñaste la lógica del abandono que ofrece compasión a quien se confía. Abandonar lo superfluo, pero sobre todo abandonarse a ti, es una cosa bella. Oh Señor, "tu misericordia es eterna".

Contemplatio

         Al desposarse el Omnipotente con la débil, el Altísimo con la humilde, y hacer reina a la esclava, puso en su costado a la que antes estaba a sus pies, y le otorgó las arras del matrimonio. 

         Del mismo modo que todo lo del Padre es del Hijo, y todo lo del Hijo es del Padre, porque por naturaleza son uno, igualmente el Esposo dio todo lo suyo a la esposa, y la esposa dio todo lo suyo al Esposo, y así se hicieron ambos uno consigo mismo. Este es mi deseo, dice Cristo dirigiéndose al Padre en favor de su esposa: que "sean uno en nosotros, como tú en mí y yo en ti".

         El Esposo, que es uno con el Padre y uno con la esposa, hizo desaparecer de su esposa todo lo que había en ella de impropio, lo clavó en la cruz y por ella expió todos sus pecados. Todo lo malo lo borró por el madero, asumió lo que tenía de bueno y revistió a su esposa de lo que era propio de la naturaleza divina. Así, él es el Esposo real y completo de la esposa (cf. Isaac de Stella, Homilías, XI).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día" (1Cor 15,3).

Conclusio

         El Dios uno y trino, en un decreto de amor rebosante, llamó a los hombres a que fueran miembros de su familia trinitaria, y entrasen en su inefable comunión de amor.

         Por esta pietas suya, por la que ve en nosotros no sólo criaturas, sino hijos amados, se siente Dios tan herido por nuestros pecados, y se indigna tanto, que exige corazones dispuestos a hacer penitencia, en una prueba más de que realmente nos considera valiosos para él.

         La pietas de Dios es superior a nuestros pecados. Éstos son una violación de esa pietas, pero la pietas de Dios es más tenaz que la nuestra, y va despertando continuamente en nosotros el espíritu de adopción y el sentido de familia (cf. Haring, B; Gracia y Sacramentos, Roma 1965, p. 194).

 Act: 17/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A