15 de Septiembre
Martes XXIV Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 15 septiembre 2026
Lectio
12 Hermanos, del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un cuerpo, así también Cristo. 13 Todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un solo cuerpo, y todos hemos bebido del mismo Espíritu. 14 Por su parte, el cuerpo no está compuesto de un solo miembro, sino de muchos. 27 Vosotros formáis el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro de ese cuerpo. 28 Dios ha asignado a cada uno un puesto en la Iglesia. Primero están los apóstoles, después los profetas, a continuación los maestros. A continuación vienen los que tienen el don de hacer milagros, de curar enfermedades, de asistir a los necesitados, de dirigir la comunidad, de hablar lenguajes misteriosos. 29 ¿Son todos apóstoles? ¿Hablan todos en nombre de Dios? ¿Enseñan todos? 30 ¿Tienen todos el poder de hacer milagros o el don de curar enfermedades? ¿Hablan todos un lenguaje misterioso, o pueden todos interpretar ese lenguaje? 31 En todo caso, aspirad a los carismas mejores (1Cor 12,12-14.27-31).
Tras haber tratado los sacramentos del bautismo y de la eucaristía, como acontecimientos centrales en la vida de los cristianos, Pablo dedica 3 capítulos de esta carta suya a la problemática de las relaciones entre los carismas y los ministerios en el interior de la Iglesia.
Al comienzo del cap. 12, Pablo afirma que la autenticidad de los carismas depende de la pureza de la profesión de fe, pues "nadie que hable movido por el Espíritu de Dios puede decir maldito sea Jesús", como "tampoco nadie puede decir Jesús es Señor si no está movido por el Espíritu Santo" (v.3).
Existe, por tanto, una pluralidad de carismas, pero una misma y sola fuente de todos ello: la divina Trinidad (vv.4-6). Inmediatamente después, afirma el apóstol que la manifestación del Espíritu Santo, a través de los diversos carismas, ha sido dada a cada uno para la utilidad común. Es decir, para el bien de toda la Iglesia.
En este punto se inserta el discurso más teológico de Pablo, con el que quiere hacer comprender que los dones que recibimos, y los servicios que estamos llamados a prestar, tienen su fundamento en la gracia que recibimos por medio de los sacramentos, en virtud de los cuales formamos un solo cuerpo: el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
Todos "hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo", y "todos hemos bebido también del mismo Espíritu" para formar un solo cuerpo (v.13). Esta unidad no suprime la diversidad de los dones y ministerios, sino que la garantiza, la reconduce a su fuente divina trinitaria y la orienta a su destino eclesial.
En aquel tiempo, 11 Jesús fue a un pueblo llamado Naín, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. 12 Cerca ya de la entrada del pueblo, se encontraron con que llevaban a enterrar al hijo único de una viuda, acompañada por mucha gente del pueblo. 13 El Señor, al verla, se compadeció de ella y le dijo: "No llores". 14 Acercándose, Jesús tocó el féretro, y los que lo llevaban se pararon. Entonces dijo: "Muchacho, a ti te digo: Levántate". 15 El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. 16 El temor se apoderó de todos, y alababan a Dios diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo". 17 La noticia se propagó por toda la región de los judíos y por toda aquella comarca (Lc 7,11-17).
Este fragmento es exclusivo de Lucas, y por eso podemos analizarlo con la intención de recoger algunas características típicas del tercer evangelista, a diferencia de los demás.
En 1º lugar, a Lucas le gusta relacionar a Jesús con Elías (1Re 17,10-24) y Eliseo (2Re 4,18-37), sobre todo porque ambos resucitan a 2 hijos únicos de madres viudas. En 2º lugar, Lucas presta una atención particular a las mujeres. Aquí, la figura de la madre viuda, que ha perdido a su único hijo, produce un impacto en Jesús, el cual, "al verla, se compadeció y le dijo: No llores" (v.13).
En esta atención particular de Jesús no debemos reconocer sólo un rasgo de su psicología, sino también la opción realizada por él en favor de los débiles, entre los que la mujer se integraba.
Por último, Jesús es aclamado como "un gran profeta" (v.16). Según Lucas, este título tiene una peculiar carga de significado, pues Jesús lo es no tanto por lo que dice (como demuestra en su Discurso de Nazaret; Lc 4,14) sino por lo que hace (acciones, gestos, amenazas...) y cómo se comporta (siente com-pasión, se con-mueve, comparte el sufrimiento de aquella madre).
De este modo, Jesús no sólo manifiesta su divinidad, sino que también comparte con los hombres su humanidad.
Meditatio
Quien lea completo el cap. 12 de la Carta I a los Corintios podrá captar el pensamiento de Pablo en toda su extensión y genialidad. En el texto de hoy, el 1º pensamiento de Pablo tiene que ver con la relación entre los carismas y los ministerios, como punto de referencia de la ortopraxis cristiana.
El 1º paso dado por Pablo, en este campo, es probar la relación entre los carismas recibidos y su origen trinitario. Seguimos estando en el ámbito de la fe, pero es evidente que Pablo no habla aquí de una Trinidad abstracta (esto es, en sí misma), sino de la Trinidad económica (esto es, en relación nuestra).
El 2º paso que establece Pablo tiene que ver con la relación entre la dimensión personal y la dimensión comunitaria de los carismas. Obviamente, con la intención de acabar con toda pretensión de privatizar el don divino, o constreñirlo a los intereses individuales, o derivarlos a diferentes categorías de cristianos.
Para ilustrar su pensamiento, en un 1º apólogo hace Pablo hablar a los miembros del cuerpo humano, y comprender que la belleza y armonía de la Iglesia se basan en la variedad de sus miembros, todos solícitos en contribuir al bienestar común. Es su Principio de Complementariedad.
Para ilustrar su pensamiento, en un 2º apólogo lanza Pablo su Principio de Subsidiariedad, por el que todos los miembros, incluidos los más nobles, tienen necesidad de los otros, hasta de los más humildes. En consecuencia, no puede haber división en la comunidad, del mismo modo que no debe haber división en el cuerpo humano (1Cor 12,15-26).
Oratio
Con la vida, Señor, tú nos has confiado a cada uno una misión, para que la llevemos a término. No obstante, hay quienes también quieren, por ignorancia o interés, imponernos su propia misión. ¡Oh Señor, haznos fuertes!
Con la vida, Señor, tú nos has otorgado cualidades únicas e irrepetibles, que nos hacen idóneos para llevar a cabo nuestro servicio. En el mundo y en la Iglesia hay muchas personas esperando este servicio, así que, para gloria tuya, ¡haznos, oh Señor, disponibles!
Con la vida, Señor, tú nos has sumergido en un rincón del mundo, para que cada uno, con su nota característica, contribuya a mejorar la bellísima armonía que brota de tu designio de salvación. ¡Oh Señor, haznos solidarios!
Con la vida, Señor, tú nos has hecho partícipes de tu vida, como iconos vivientes de tu vida de amor y de comunión, y señores de lo creado para tu gloria. ¡Oh Señor, danos un corazón agradecido y humilde!
Contemplatio
El Espíritu Santo dirige al pueblo de Dios con los ministerios, y lo enriquece con las virtudes, y "distribuye sus dones a cada uno, según quiere" (1Cor 12,11), y reparte sus gracias entre los fieles de cualquier condición, y realiza variedad de obras para la renovación de la Iglesia. Todo eso hace el Espíritu Santo, según aquellas palabras: "A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu, para común utilidad" (1Cor 12,7).
Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más comunes, son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, y hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo.
Los dones extraordinarios no hay que pedirlos (temerariamente), ni hay que esperar de ellos los frutos de los trabajos apostólicos (presuntuosamente). El juicio sobre su autenticidad, y sobre su aplicación, pertenece a los que presiden la Iglesia, a quienes compete no apagar el Espíritu, probarlo todo y quedarse con lo bueno (cf. Vaticano II, Lumen Gentium, 12).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vosotros formáis el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro" (1Cor 12,27).
Conclusio
Señor, me resulta más fácil reconocer tu presencia en la hostia consagrada que en los miles de miserables que sufren y penan por las calles. ¿Cómo puedo pasar por las calles con el pan eucarístico, y hacerlo indiferente a los que yacen abandonados?
Concédenos, Señor, la gracia de adorar tu presencia en el pan eucarístico, de modo que reconozcamos y honremos tu presencia en todo ser humano, sobre todo en los marginados.
Si tú te presentaras en una favela, distribuyendo alimentos y vestidos, los pobres te aclamarían como a un profeta, y yo seguramente te llamaría comunista.
Si revolución es sinónimo de "cambio radical y profundo", entonces yo quiero ser un revolucionario, porque deseo reformas básicas sin más pérdida de tiempo. ¡Ya llevamos un siglo de retraso! (Dom Helder Cámara).
Act:
14/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A