16 de Septiembre

Miércoles XXIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 16 septiembre 2026

Lectio

31 Hermanos, aspirad a los carismas mejores. Es más, os voy a mostrar un camino que supera a todos. 1 Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como campana que suena o címbalo que retiñe. 2 Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque mi fe fuese tan grande como para trasladar montañas, si no tengo amor no soy nada. 3 Aunque repartiera todos mis bienes a los pobres, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor de nada me sirve. 4 El amor es paciente y bondadoso, no tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia. 5 No es grosero ni egoísta, no se irrita ni lleva cuentas del mal, 6 no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. 7 Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. 8 El amor no pasa jamás. Desaparecerá el don de profecía, cesará el don de lenguas, se esfumará el don de conocimiento. 9 Ahora, nuestro saber es imperfecto, como imperfecta es nuestra capacidad de hablar de Dios, 10 mas cuando venga lo perfecto desaparecerá lo imperfecto. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño y razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé las cosas de niño. 12 Ahora vemos por medio de un espejo, mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco imperfectamente, mas entonces conoceré como Dios mismo me conoce. 13 Ahora subsisten tres cosas: la fe, la esperanza, el amor, pero la mayor de ellas es el amor (1Cor 12,31-13,13).

         En el centro de los capítulos dedicados a la relación entre carismas y ministerios, Pablo propone el Himno al Amor, la página más bella de sus cartas y, tal vez, de toda la historia de la humanidad.

         En 1º lugar, Pablo lleva cuidado a la hora de presentar el amor como el carisma más grande, como el camino mejor, como el don que supera al resto. Por consiguiente, está claro que el Himno al Amor no es para el apóstol un puro desahogo espiritual y evasivo, sino que quiere que esté situado en el centro de la vida cristiana, de la vida espiritual y, por extensión, en el centro de la vida humana, como su fundamente.

         En 2º lugar, Pablo recomienda a los corintios que aprendan a amar como Dios ama. Es decir, por sus mismos motivos, con la misma intensidad (infinita), del mismo modo (incondicionado), con la misma carga afectiva (inagotable).

         En 3º lugar, Pablo exige a los cristianos que amen como Cristo ama. Es decir, con la misma disponibilidad (total), con la misma entrega (de sí mismos), con una plena apertura (a los otros) y con el deseo de amar conjuntamente.

         En 4º lugar, Pablo recuerda que el amor ha de transformarse en caridad, estar ligado a la fe y a la esperanza (la tríada teologal por excelencia) y ser la rectora de todo lo demás, por su origen divino, por su participación cristológica y por su destino comunitario.

En aquel tiempo 31 dijo el Señor: "¿Con qué compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? 32 Se parecen a esos muchachos que se sientan en la plaza y, unos a otros, cantan esta copla: Hemos tocado la flauta y no habéis danzado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado. 33 Vino Juan el Bautista, que no comía ni bebía, y dijisteis: Está endemoniado. 34 Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Ahí tenéis a un comilón y a un borracho, amigo de los publicanos y pecadores. 35 Con todo, la sabiduría le ha dado la razón" (Lc 7,31-35).

         Tras haber comparado a Jesús con el profeta Elías, ahora Lucas lo considera en relación con Juan el Bautista. Las diferencias entre ambos son evidentes y significativas, pero el objetivo principal del evangelista consiste en dar a conocer el fervor con que el pueblo, tras haber seguido a Juan, acoge ahora a Jesús.

         Jesús, para censurar a quienes tratan de oscurecer este fenómeno, se vale de una comparación que deja entrever un duro juicio. La pregunta del v.31 es, a buen seguro, retórica, y no debemos referirla a todos los contemporáneos de Jesús, sino sólo a aquellos que no quisieron escuchar al precursor (v.33) ni ahora quieren escuchar al Nazareno (v.34).

         La comparación presenta a esos niños que patalean porque no quieren ir ni a las bodas ni a los funerales. Semejante obstinación hace pensar que la culpa no está en Juan ni en Jesús (cada uno con sus propios mensajes), sino en una actitud prefijada impermeablemente por el corazón, cerrada a toda posible conversión.

         Desde un punto de vista histórico, merecen atención dos expresiones. La 1ª se refiere a Juan, y dice: "Está endemoniado" (v.33). La 2ª se refiere Jesús, y dice: "Ahí tenéis a un comilón y borracho" (v.34). Se trata de dos modos expeditivos de hablar, claramente reveladores de una mentalidad cerrada en sí misma e incapaz de ver nada bueno.

         La expresión final, relativa a que "la sabiduría le ha dado la razón" (v.35), nos hace pensar en otra categoría de personas, diametralmente opuesta. Se trata de esos que buscan sinceramente la verdad, se dejan interpelar por toda predicación auténtica y, sin saberlo, se abren al Espíritu de Dios.

Meditatio

         Tras haber analizado el Himno al Amor, queremos preguntarnos ahora sobre el valor de las palabras con las que lo introduce Pablo: "Aspirad a los carismas mejores", y: "Os voy a mostrar un camino que supera a todos".

         ¿Por qué presenta Pablo el amor como "un camino que supera a todos"? Para empezar, porque contempla (a contraluz) cómo Jesús nos amó, hasta morir. Nos encontramos, por tanto, ante un misterio pascual, vértice de toda la enseñanza de Pablo en su Carta I a los Corintios.

         Se trata, por tanto, del via crucis, que se vuelve via lucis para quien, con todas sus fuerzas, se mantiene fiel a las reglas del discipulado y a la ley fundamental del amor.

         Lucas, discípulo de Pablo (Hch 9,2; 22,4; 24,22), pretende plasmar esta imagen dinámica el cristianismo, y por eso presenta su evangelio como camino y no como doctrina. Esta imagen orienta hacia la realidad, interpela a la libertad de elección, y surte espiritualmente el interior, para poder llegar a la salvación.

         En este marco general podemos comprender, con mayor facilidad, la carga de significado insertada por Lucas en la auto-definición de Jesús: "Yo soy el camino", a la que también se referirá Juan (Jn 14,6). De este modo, la reflexión teológica del NT llega a su cima, sobre todo porque el evangelista Juan deja entender con claridad que Jesús es "el camino" por ser "la verdad y la vida".

Oratio

         ¡Oh Señor, libéranos de un corazón endurecido! Así eran los corazones de los fariseos y de los maestros de la ley. Unos, encerrados en su testarudez y en su presunta justicia. Otros, cegados por el poder, la ambición y el orgullo de ser seguidos por los demás.

         ¡Oh Señor, abre nuestro corazón a tu luz! Sólo así nuestra inteligencia, activada por un bien superior, podrá remover los obstáculos que la bloquean, y nuestra voluntad podrá orientarse hacia ti, sin perder tiempo ni esconderse detrás de miedos injustificados.

         ¡Oh Señor, danos un corazón sencillo! Sólo de este modo no se nos comparará con esos niños caprichosos que rechazan toda invitación. Al contrario, como niños intrépidos podremos aventurarnos en el mundo de tus maravillas, de tu amor misterioso, de cosas nuevas siempre por descubrir.

         ¡Oh Señor, haz que nuestro corazón sea semejante al tuyo! Esto no es una pretensión, ni una veleidad, sino que realmente hay en nosotros un vivo deseo de conocer tus pensamientos, de compartir tus proyectos y de andar por tus caminos.

Contemplatio

         "La acequia de Dios va llena de agua, y prepara los trigales". No hay duda de qué acequia se trata, pues dice el salmista que "el correr de las acequias alegra la ciudad de Dios", y el mismo Jesús dice: "El que beba del agua que yo le daré, manará agua que salta hasta la vida eterna", y: "El que cree en mí, de sus entrañas manarán torrentes de agua viva".

         Así pues, esta acequia está llena del agua de Dios. Nos hallamos, efectivamente, inundados por los dones del Espíritu Santo, y la corriente que rebosa del agua de Dios se derrama sobre nosotros desde aquella fuente de vida.

         También encontramos ya preparado nuestro alimento. ¿Y de qué alimento se trata? De aquel mediante el cual nos preparamos para la unión con Dios: la comunión eucarística de su cuerpo, por la que tenemos acceso a su santidad. Esto es lo que el salmo da a entender, cuando dice "prepara los trigales".

         A nosotros, los renacidos por el bautismo, se nos concede experimentar las primicias del Espíritu Santo, penetrar en la inteligencia de los misterios, el conocimiento de la profecía, la palabra de sabiduría, la firmeza de la esperanza, los carismas medicinales y el dominio sobre los demonios sometidos. Estos dones nos penetran como llovizna y, recibidos, proliferan en multiplicidad de frutos (cf. San Hilario de Poitiers, Comentario del Salmo 64, XXII).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Subsisten la fe, la esperanza, el amor. La más excelente es el amor" (1Cor 13,13).

Conclusio

         Debemos amar a Dios, pues éste es "el primer mandamiento" de Jesús. Amarle significa obedecerle, pues dice Jesús que, "quien me ama, guardará mi palabra". Si Dios nos manda seguirle, y ser sus obreros, es porque quiere que le sigamos en este trabajo. ¿Cómo? Abyectos y recogidos. ¿En qué? En el amor.

         Si no se nos llama a la vida del apóstol, abstengámonos de darnos a nosotros, y no nos arroguemos los derechos de otros. ¿Por qué? Porque nos estaríamos llamando a nosotros mismos, y enviándonos a nosotros mismos.

         Permanezcamos en lo que somos. Sí él nos llamó, estemos junto a él. Si él nos invitó a su casa de Nazaret, vayamos a Nazaret. Si él nos pidió ser obreros, seámoslo, y ejerzamos este trabajo de forma pobre, oscura y escondida ¿Qué trabajo? El trabajo del amor (cf. San Carlos de Foucauld, Obras Espirituales, Milán 1961, p. 171).

 Act: 16/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A