21 de Octubre

Miércoles XXIX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 21 octubre 2026

Lectio

Hermanos, 2 conocéis la misión que Dios me ha confiado, en su gracia, con respecto a vosotros. 3 Se trata del misterio que se me dio a conocer por revelación, y sobre el que os he escrito brevemente más arriba. 4 Por su lectura podréis comprobar el conocimiento que yo tengo del misterio de Cristo, 5 un misterio que no fue dado a conocer a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas; 6 un misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, como miembros de un mismo cuerpo y participando de la misma promesa hecha por Cristo a través del evangelio, 7 del que la gracia y la fuerza poderosa de Dios me han constituido servidor. 8 A mí, el más insignificante de todos los creyentes, se me ha concedido el don de anunciar a las naciones la insondable riqueza de Cristo, 9 y cómo se cumple este misterioso plan, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todas las cosas. 10 Los principados y potestades que habitan en el cielo tienen ahora conocimiento, por medio de la Iglesia, de la múltiple sabiduría de Dios, 11 contenida en el plan que desde la eternidad proyectó realizar en Cristo Jesús, Señor nuestro. 12 Mediante la fe en él, y gracias a él, nos atrevemos a acercarnos a Dios con plena confianza (Ef 3,2-12).

         Antes de convertir en oración la profunda meditación precedente, se abre Pablo confidencialmente a sus destinatarios, y les anuncia el misterio de Cristo a los paganos.

         Pablo es consciente de la grandeza del designio de Dios, que sólo ahora, en Cristo, se ha manifestado del todo. Por eso anuncia a los efesios, y celebra, la eficacia de un poder que no viene de él, sino de la insondable riqueza de Cristo (v.8).

         Los cristianos de Efeso están llamados, tanto o más como los judíos, a formar el mismo cuerpo místico de Cristo en la Iglesia, y a participar en las mismas promesas divinas, en la misma herencia y en la vida eterna con alegría.

         Sí, Pablo llama a todos los hombres, por voluntad del Altísimo, a gozar de la magnanimidad de un Dios en el que, desde siglos, estaba escondido el misterio de la salvación. A él, el más pequeño (lit. ínfimo; v. 8) entre los santos (es decir, entre los creyentes), le corresponde anunciar el pleno cumplimiento de las antiguas promesas de Dios.

         La inagotable riqueza del misterio de Cristo, expresado por su Iglesia, no corresponde tan sólo a los hombres, sino que es mucho más amplio. Hasta las realidades angélicas (principados, potestades...) están implicadas en orden a la múltiple sabiduría (v.10) de un Dios que, a través del misterio de su Hijo (encarnado, muerto y resucitado por nosotros), guía la historia de la salvación. Esta realidad crea en nosotros el coraje de una fe auténtica, que se convierte en plena confianza en el Señor.

En aquel tiempo, 39 Jesús dijo a sus discípulos: "Tened presente que, si el amo de la casa supiera a qué hora viene el ladrón, no le dejaría asaltar su casa. 40 Vosotros, pues, estad preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre". 41 Pedro dijo entonces: "Señor, esta parábola ¿se refiere a nosotros, o a todos?". 42 El Señor continuó diciendo: "¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el dueño puso al frente de su servidumbre para distribuir a su tiempo la ración de trigo? 43 ¡Dichoso ese criado si, al llegar su amo, lo encuentra haciendo lo que debe! 44 Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. 45 Si ese criado empieza a pensar: Mi amo tarda en venir, y se pone a golpear a los criados y criadas, a comer, a beber y a emborracharse, 46 su amo llegará el día que menos lo espere, y a la hora que menos piense, y lo castigará con todo rigor, como merecen los que no son fieles. 47 El criado que conoce la voluntad de su dueño, y no hace lo que él quiere, recibirá un castigo muy severo. 48 El que no conoce su voluntad, y hace cosas reprobables, recibirá un castigo menor. A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá. A quien mucho se le confió, mucho se le pedirá" (Lc 12,39-48).

         Con esta parábola nos pone en guardia Jesús contra una vida espiritualmente soñolienta, considerando que no se nos avisará de la hora en que el Señor nos llamará para que demos cuenta de nuestra vida. El tema sigue siendo todavía, por tanto, el de la vigilancia.

         Pedro se siente inquieto por la figura del ladrón que asalta la casa de quien no ha estado vigilante, posiblemente porque siente la tentación de acomodarse en una paz fingida. Y en vez de dejarse provocar por la parábola de una manera positiva, le pregunta a Jesús si el relato va por los discípulos o por todos. Lo que inquieta al apóstol es saber si los que han seguido a Jesús (es decir, los que viven como creyentes y practicantes), pueden estar tranquilos.

         ¿Por qué dirigirles a ellos, a los privilegiados, un discurso tan inquietante? Jesús, tal como hace con frecuencia, responde con otra pregunta: "¿Quién es el administrador fiel y prudente?" (v.42).

         El Señor Jesús es un gran provocador, y por eso echa mano de otra parábola para expresar lo que agrada al dueño (el Señor): encontrar al siervo en su puesto de trabajo, cumpliendo honestamente su voluntad. De ser así, le ascenderá y le nombrará administrador de todas sus riquezas (v.43). En cambio, el siervo que se aprovecha de su lejanía, para dar rienda suelta a su violencia (prevaricadora) e instintos (desordenados), será castigado con severidad (v.45).

         Una mayor severidad recaerá sobre aquellos que, por estar en condiciones de conocer más al Señor, y penetrar en el sentido de su voluntad, no se han entregado a un cumplimiento lleno de amor y se han comportando como el siervo infiel (v.47).

Meditatio

         En las dos lecturas de hoy, sobre todo en el evangelio, nos avisa el Señor que el amor de Dios es exigente, y que la vida no puede ser vivida sin compromisos. Ahora bien, ¿cómo evitar el cansancio, o esa especie de soñolencia en la vida espiritual, que sin quererlo penetra en los pliegues de nuestra vida?

         Ante todo, se trata de abrir bien los ojos a las maravillosas riquezas de la llamada de Dios, que nos capacita plenamente para llevar una vida llena de amor gratificante. En este sentido, recuerda Pablo que "a mí, el más insignificante, se me ha concedido este don" (v.8).

         El apóstol percibe la amplitud y profundidad de este don, vive su asombro y está persuadido que el designio del Padre es tal que "puedo acercarme a él con plena confianza" (v.12). Esto es lo que importa, no descuidando la dimensión contemplativa y abriendo los ojos a los maravillosos horizontes de nuestra fe.

         Si mi mirada es una mirada rejuvenecida cada día por la "insondable riqueza de Cristo", no llegaré a sobrecargarme de ocupaciones y preocupaciones, ni me ahogaré en la euforia del éxito ni en la depresión del fracaso, ni perseguiré consensos inútiles o intereses personales.

         Si me dejo aferrar por el maravilloso misterio de Cristo no seré como el siervo descuidado que se olvida del regreso del Señor, ni me entregaré a las incitaciones del egoísmo y de sus delirios, sino a un trabajo confiado en la gran fuerza y alegría que Jesús me da para llevarlo a cabo de forma brillante.

Oratio

         Oh Padre, concédeme tu Espíritu Santo, para que me enseñe a descubrir cada día las inenarrables riquezas de Jesús. No permitas que mi vida espiritual se vuelva asfíctica y se anquilose en el agitado activismo, sin apertura de horizontes a las maravillas de tu proyecto salvador.

         Concédeme encontrar espacios contemplativos en mis días frecuentemente quemados por el hacer, en el interior del aparato de las lógicas mundanas. Fascíname de tal modo que el asombro que me produzcas me permita vivir trabajando con solicitud en la entrega de mí mismo, por ti y por tu Reino.

Contemplatio

         Con la ascensión, el cuerpo de Cristo, entrelazado con nuestra carne y con toda la carne de la tierra, ha entrado en el ámbito trinitario. Desde ese momento, lo creado está en Dios y es "su zarza ardiente", como dice Máximo el Confesor. Al mismo tiempo, lo creado sigue sepultado en la muerte, en la opacidad y en la separación a causa del odio, de la crueldad y de la inconsciencia de los hombres.

         Hacerse santo es desplazar estas pesadas cenizas y hacer aflorar la incandescencia secreta, así como permitir a la vida, en Cristo, absorber la muerte. Dice San Ambrosio que "en Cristo lo tenemos todo", y que "si quieres curar tus heridas, él es médico", y que "si ardes de fiebre, él es fuente", y que "si temes a la muerte, él es vida", y que "si aborreces las tinieblas, él es luz". Dichoso el hombre que espera en él (cf. Clement, O; A las Fuentes con los Padres, Roma 1999, p. 54).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que resplandezca en mis acciones, oh Señor, tu misterio de vida y salvación".

Conclusio

         La educación de nuestro pensamiento y su correlativo obrar, en proporción al estado y a la llamada recibida por cada uno, tiene que ver con la "sabiduría de la praxis".

         Esta sabiduría consiste en la adquisición de hábitos virtuosos, para pensar correctamente sobre los juicios y consiguientes acciones que puedan exigir las vicisitudes de la vida actual (individual, social, política e internacional) que hoy se presenta ante nuestra conciencia.

         Los resultados poco brillantes de los cristianos en la vida social y política no se deben a la malicia de los adversarios ni a las deficiencias culturales, sino a la no adquisición de hábitos virtuosos adecuados, a la hora de analizar las direcciones concretas de la acción.

         La causa de muchos fracasos ha sido la falta de una luminosa templanza, de una afinada justicia, de un juicio independiente, de una iniciativa mordaz, de un espíritu de iniciativa, de una capacidad de resistencia, de un sentido de la responsabilidad, de una defensa veraz del evangelio (cf. Dossetti, G; Palabra y Silencio, Bolonia 1997, p. 93).

 Act: 21/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A