25 de Agosto

Martes XXI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 25 agosto 2026

Lectio

1 Sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo, y el momento de nuestra reunión con él, 2 os ruego que no os alarméis por revelaciones, rumores o supuestas cartas nuestras en las que se diga que el día del Señor es inminente. 3 Que nadie os engañe, sea de la forma que sea. 13 Dios os ha elegido para que seáis los primeros en salvaros por medio del Espíritu que os consagra y de la verdad en que creéis. 14 A eso precisamente os ha llamado Dios por medio del evangelio que os hemos anunciado, a que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 15 Así pues, hermanos, permaneced firmes y guardad las tradiciones que os hemos enseñado de palabra o por escrito. 16 Que nuestro Señor nuestro, y nuestro Padre Dios, que nos han amado y nos han dado gratuitamente un consuelo eterno y una esperanza espléndida, 17 os consuelen en lo más profundo de vuestro ser y os confirmen en todo lo bueno que hagáis o digáis (2Ts 2,1-3.13-17).

         Pablo entra hoy en materia y hace frente al tema principal, el relacionado con el "día del Señor" o venida última y definitiva de Cristo en gloria. En 1º lugar, Pablo limpia el campo de ideas equivocadas, difundidas por pretendidos profetas sobre la inminencia de este día. En 2º lugar, a Pablo le interesa disipar el entusiasmo soñador difundido y suprimir todo motivo de agitación que turbe la serenidad en la comunidad.

         Las ideas engañosas se vencen con las convicciones robustas. Por ello, Pablo recuerda los fundamentos de la vocación cristiana: la elección, la salvación, la santificación del Espíritu, la llamada a través del evangelio y la espera de la gloria.

         Los cristianos, por el amor gratuito de Dios, están insertados ya en este proyecto que se está realizando a lo largo de la historia, y que sólo tendrá su consumación al final. En consecuencia, es necesario permanecer firmes y fieles a la memoria viva de Jesús atestiguada por sus primeros apóstoles, su garantía de verdad.

En aquel tiempo, 23 Jesús continuó diciendo: "¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que hay que hacer, sin descuidar aquello. 24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! 25 ¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera el vaso y el plato, mientras por dentro seguís llenos de rapiña y ambición! 26 ¡Fariseo ciego, limpia primero por dentro el vaso, y también por fuera quedará limpio! (Mt 23,23-26).

         Continuamos hoy con la serie de ayes de Jesús. Si ayer escuchábamos 4 ayes, hoy escuchamos otros 2 ayes, relacionados con el legalismo exterior.

         El 1º ay de Jesús (vv.23-24) insiste en la ceguera de quien se preocupa por observar escrupulosamente las prescripciones más minuciosas de la ley, y descuida a continuación las exigencias fundamentales de la voluntad de Dios.

         Los hipócritas, cuando observan la ley, no piensan amar ni a Dios ni al prójimo, no se preocupan de las actitudes fundamentales, no se interrogan sobre la justicia, la misericordia y la fidelidad. Lo único de lo que se preocupan es de la exactitud escrupulosa e incluso obsesiva. De ahí que Jesús les diga que "coláis el mosquito y os tragáis el camello" (v.24).

         El 2º ay de Jesús (vv.25-26) se detiene en la contraposición entre lo exterior y lo interior. Lo importante es la pureza del corazón (que permite al hombre ver a Dios; Mt 5,8), y no tanto la limpieza exterior (que lleva a la autocomplacencia). El esmero exterior debe ser una irradiación natural de la belleza interior, y no una cobertura que esconde un interior "lleno de rapiña y ambición".

Meditatio

         El recurso a la tradición, para hacer frente a las dificultades y a las seducciones engañosas del mal, podría parecer una señal de cierre con respecto a la novedad. Sin embargo, esto no es así. Pablo es un hombre muy abierto, y es él mismo quien escribe: "Tomad en consideración todo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de limpio, de amable, de laudable, de virtuoso y de encomiable" (Flp 4,8).

         La apertura no significa, sin embargo, acoger todo de manera indiscriminada, sino que requiere sabiduría y discernimiento. Juan, por su parte, exhorta a sus destinatarios de este modo: "Queridos míos, no deis crédito a cualquiera que pretenda poseer el Espíritu. Haced, más bien, un discernimiento para ver si viene de Dios" (1Jn 4,1).

         La tradición a la que se refiere Pablo no es la farisea (desmenuzada en una masa de preceptos rígidos), sino la transmisión vital del recuerdo de Jesús, que es recuerdo vivido con fidelidad creativa en situaciones históricas diversas, quee es recuerdo que tiene raíces firmes y antenas sensibles para captar los signos de los tiempos.

         Nuestra vida no puede ser siempre un novum indefinido, pues nuestra fe no parte nunca de cero y sí que se inserta en una historia de creyentes que tiene sus orígenes en Jesús y que se ha ido enriqueciendo con la vida de las diferentes generaciones de testigos. No somos ni los primeros ni los últimos, sino continuadores agradecidos, responsables y creativos.

Oratio

         Señor, hoy vivimos en un supermercado de ideas, prescripciones y etiquetas. No existe una cultura bien definida, no existe una tradición aceptada por todos, y nuestros criterios de discernimiento y de decisión, aplastados bajo el peso de la prisa, se basan con frecuencia en la funcionalidad, en la utilidad y en la eficacia.

         A menudo nos mostramos también nosotros como los maestros de la ley, y trocamos lo esencial por lo marginal, lo importante por lo urgente, el ser por el parecer. Nos preocupamos de un modo exagerado por lo exterior, olvidando la pureza y la belleza interior.

         Tú, Señor, nos guías y nos hablas continuamente a través de la Escritura, de la tradición viva de la Iglesia, de la historia, de los acontecimientos, de las personas. Nos hablas sobre todo a través del susurro de tu Espíritu en nuestro corazón.

         Nosotros, acostumbrados a los truenos y a los relámpagos de los medios de comunicación, no siempre somos capaces de percibir la voz suave en la brisa ligera del viento. Señor, ten paciencia con nosotros: no nos abandones en el caos.

Contemplatio

         Jesús reprende hoy a los fariseos por su insensatez, pues mandaban despreciar los mandamientos mayores. Ayer los reprendía porque ataban fardos pesados e insoportables. En definitiva, los reprende por su corrupción moral, pues defendían lo único que a ellos les interesaba y despreciaban lo que querían. Por ejemplo, "pagáis el diezmo de la menta y del anís, y habéis abandonado el juicio, la misericordia y la fidelidad".

         Como se ve, Jesús pone el dedo en la herida de los fariseos: el diezmo (que ellos cobran) y la limosna (que ellos no ejercen). Jesús no los reprende por guardar la ley, sino por no guardar toda la ley, o la parte de la ley que a ellos no les interesaba. De ahí que aquí añadiera: "Aquello debe hacerse, y no omitirse esto".

         Cuando trata de lo puro o impuro, Jesús muestra que a la pureza interior le sigue necesariamente la exterior, y no al revés. Cuando la cuestión era sobre actos de caridad, Jesús pasa indiferentemente por ellos, por no ser aún tiempo de suprimir clara y terminantemente la antigua ley (cf. San Juan Crisóstomo, Comentario de Mateo, LXXIII, 1).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Las palabras que os he dicho son espíritu y vida" (Jn 6,63).

Conclusio

         Caminar tras los pasos de Jesús conduce siempre a la obediencia al Padre que marca totalmente la vida de Jesús, y sin la cual ésta permanecería absolutamente inaccesible. En esta obediencia echa también sus raíces la particular amistad de Jesús con los hombres, y su presencia junto a los perdidos.

         La imagen del Dios que brota de la obediencia de Jesús, en el abandono total de su vida al Padre, no es la imagen de un Dios que exalta el dominio y la autoridad. Es la imagen de un Dios que levanta y libera, que introduce en un nuevo y prometedor futuro, que sale al encuentro con los brazos abiertos de su misericordia.

         Una vida tras los pasos de Jesús es una vida que se sitúa en esta obediencia al Padre. En la oración nos atrevemos a practicar este abandono, sin cálculos de vida, al Padre. De este comportamiento brota el vivo testimonio del Dios de nuestra esperanza en el centro de nuestro mundo.

         El precio que debemos pagar por este testimonio es alto, y conduce a una vida con muchos frentes. Jesús no fue un rebelde, pero fue confundido y escarnecido por Herodes como si fuera un rebelde, y enviado a la cruz por sus paisanos.

         El que sigue a Jesús, el que no teme la obediencia, el que no aleja de sí el cáliz, será víctima de esta confusión con que el mundo tratará de confundirnos y hacer confuso nuestro mensaje (cf. Sínodo de Wurzburg, "Nuestra Esperanza", en II Regno Documenti, VI, 1976).

 Act: 25/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A