15 de Octubre
Jueves XXVIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 15 octubre 2026
Lectio
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, al pueblo de Dios que está en Efeso y cree en Cristo Jesús. 2 A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor. 3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales. 4 Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. 5 Llevado de su amor, él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, 6 para que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria. 7 Con su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón de los pecados, 8 en virtud de la riqueza de gracia que Dios derramó abundantemente sobre nosotros, en un alarde de sabiduría e inteligencia. 9 Él nos ha dado a conocer sus planes más secretos, los que había decidido realizar en Cristo, 10 llevando la historia a su plenitud al constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (Ef 1,1-10).
La Carta a los Efesios, que nos presenta la liturgia a partir de hoy, fue escrita por el apóstol Pablo durante el período de su 1ª prisión en Roma (61-63 d.C). En ella, el apóstol propone su propia visión de la historia cósmica y humana, como un grandioso proyecto de amor del Padre que, en su Hijo Jesucristo, atrae todo lo creado hacia sí, especialmente al hombre.
Tras haber derrotado al pecado y la muerte, con su resurrección, Jesucristo engendra una nueva humanidad, redimida ya del pecado. En esta nueva situación se sitúa la Iglesia, creciendo progresivamente como único y armónico cuerpo cuya cabeza es Cristo.
Tras el acostumbrado saludo, prorrumpe Pablo en un himno de alabanza al Padre, que desde toda la eternidad ha planificado hacer partícipes a todas sus criaturas de su misma vida divina (v.4). A continuación, el himno resalta su inefable misericordia, que restablece en su condición de hijo al hombre gracias a Cristo redentor, que nos ha obtenido con su sangre la remisión de los pecados (vv.5-7).
La redención es un misterio que se despliega a lo largo de la historia. En ella, Cristo restaura la semejanza originaria del hombre con Dios, y hace a éstos miembros de un único cuerpo (miembros con fisonomía diferente, pero profundamente unidos; v.10).
"Dios ha dado a todas las criaturas a Jesucristo, como cabeza". De este modo, según San Juan Crisóstomo, "se va formando la unión perfecta, cuando todas las cosas estén bajo una cabeza y reciban de lo alto un vínculo indisoluble".
En aquel tiempo 47 dijo el Señor: "¡Ay de vosotros, que construís mausoleos a los profetas asesinados por vuestros padres! 48 De esta manera, vosotros mismos sois testigos de que estáis de acuerdo con ellos, porque ellos los asesinaron y vosotros les construís mausoleos. 49 Es más, por eso mismo dijo la sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, mas a unos los matarán y a otros los perseguirán. 50 Dios va a pedir cuentas a esta generación, por la sangre de todos los profetas vertida desde la creación del mundo, 51 desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, a quien mataron entre el altar y el santuario. Os aseguro que se le pedirán cuentas a esta generación. 52 ¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia! Vosotros no habéis entrado, y a los que querían entrar se lo habéis impedido". 53 Cuando Jesús salió de allí, los letrados y los fariseos comenzaron a acosarlo y a proponerle muchas cuestiones, 54 tendiéndole trampas con intención de sorprenderlo en alguna de sus palabras (Lc 11,47-54).
Los doctores de la ley no eran, en tiempos de Jesús, mejores que sus padres, y por eso Jesús, con una profunda ironía, desenmascara su falsedad. En concreto, Jesús pone de manifiesto que su veneración por los profetas es hipócrita, porque no muestran estar dispuestos a escuchar las llamadas de Dios, exactamente igual que hicieron sus padres en el pasado.
Del mismo modo que los profetas fueron rechazados y asesinados por resultar incómodos, así también es rechazado ahora Jesús, palabra definitiva del Padre. Los sabios, al construir mausoleos a los profetas, no por ello muestran ser seguidores de los mismos, sino posiblemente todo lo contrario. Sobre todo, por tratar de ocultar a los asesinos que los asesinaron.
El Gólgota confirmará este análisis de Jesús, apoyado por una "sentencia del juicio profético" (vv.49-51) que concibe la historia de Israel, incluido el período post-exílico, como una "historia de porfiada obstinación" (según Josef Ernst) que ha producido constantemente sus víctimas, "desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías" (la 1ª y la última muerte relatadas en la Biblia hebrea).
A modo de inciso, notemos que la culpa evocada por Jesús permanece totalmente en el ámbito del AT. Es más, da la impresión de que Lucas quiera sugerir algo concreto: que la misericordia del Padre no pedirá cuentas por la sangre de su Hijo, la cual está a punto de ser derramada. En efecto, "Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él" (Jn 3,17).
Sin embargo, "Dios sí va a pedir cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas vertida desde la creación del mundo", porque "el que no cree en él ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios" (Jn 3,18).
Los doctores de la ley, aun disponiendo de los instrumentos necesarios, no han seguido ni reconocido el camino que conduce a Dios, indicado por la propia ley. Al contrario, lo han hecho inaccesible también al pueblo, privando a los preceptos y las normas de su auténtico significado.
Meditatio
¡Qué contraste entre la conmovida contemplación del grandioso proyecto de salvación ideado por Dios y las dramáticas invectivas de Jesús contra los letrados judíos, que opusieron siempre un firme rechazo a las llamadas divinas! La Iglesia, sometiendo a confrontación estas obstinaciones, nos lanza por lo menos una doble llamada.
La 1ª llamada nos dice que el plan de la salvación es maravilloso. Contemplémoslo, y obtendremos un profundísimo consuelo frente a los inevitables momentos de dificultad. También obtendremos alegría para los tiempos de crecimiento y maduración, realizando así en nosotros el plan de Dios.
Hagamos esta contemplación de forma vigilante, porque muchos a quienes Dios confió este plan, antes que a nosotros, le opusieron resistencia y perdieron de vista la meta. ¡Que no nos suceda lo mismo a los que escuchamos esta palabra!
La 2ª llamada nos dice que no somos responsables tan sólo de nosotros mismos. Dios nos ha revelado a unos pocos (los cristianos) su voluntad (que todos los hombres se salven en Cristo). Esto significa no escandalizar a nadie con nuestra propia vida (cerrazones, extra-limitaciones...), y también salir valientemente a esos hombres a los que queremos salvar, como vehículos del plan amoroso de Dios.
Oratio
Bendito seas, oh Padre, que en tu Hijo nos has dado "la redención por medio de su sangre" y nos invitas a contemplar en ella tu gran amor. Nuestro corazón debería estar repleto de gratitud, pero no somos demasiado capaces de hacerlo por parecernos este acontecimiento un poco alejado de nosotros y de nuestra vida.
Tal vez nos sintamos también algo desconectados, pues ¿qué podemos darte nosotros a cambio? Nuestro amor es débil, tenemos miedo hasta del menor sufrimiento, y sólo tenemos para ofrecerte nuestros pecados. Acéptalos y ejerce sobre ellos tu misericordia.
Contemplatio
Dios podría haber creado una cantidad ingente de seres con los que comunicarse directamente. No obstante, él prefirió unirse a una naturaleza creada (la humana), de tal modo que la criatura fuera asumida e insertada en la divinidad para constituir con ella una sola persona. Su bondad, por tanto, es infinita, y por sí misma está inclinada a la comunicación, y decidió actuar de este modo.
Entre todas las criaturas que Dios decidió producir, eligió a la humanidad por encima del resto, y unió ésta a la persona de Dios Hijo. Con ello, la suma Providencia dispuso no limitar su bondad sólo a la persona de su amadísimo Hijo, sino dilatarla por medio de él a otras muchas criaturas (cf. San Francisco de Sales, Tratado del Amor de Dios, I, 2).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El amor del Señor abarca el universo" (de la liturgia).
Conclusio
¿Qué significa "antes de la creación del mundo"? Significa que Dios ya existía por sí mismo, cuando todavía no existía el cielo, ni la tierra, ni tampoco yo. Existía él, y él pensó en mí, en la tierra y en un cielo envolvente de su amor. Pensó en mí antes que yo existiera, y por eso para mí el amor de Dios es eterno.
Este es un pensamiento que da vértigo, y todavía lo es más el siguiente: que nos envió a su propio Hijo, también pre-existente al cielo y a la tierra. Lo envió para complacerse en mí, y ver a su Hijo en mí, y poder decir: "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco" (Mc 1,11).
El Señor me amó, sin un porqué. Como dice Santo Tomás de Aquino, "la raíz última del amor de Dios está en su gratuidad", lo cual va unido a otro principio también enunciado por Santo Tomás: "No me ama porque yo sea bueno, sino que me hace bueno al amarme". Esta certeza da a nuestro corazón una gran paz. Si Dios me amara por algo, siempre podría pensar que, si este algo dejara de existir, dejaría de amarme.
Los cielos y la tierra pueden hundirse, pero no así el amor de Dios. El amor de Dios no está fundado sobre nada creado, sino que es eterno y está por encima de todo. Por ello, abandonarse en este amor divino es la principal de las claves de la humanidad, y de toda la creación. Yo soy casi nada, pero en mí posa la mirada de Dios. Él no quiere nada de mí, pero sí que me abra a este amor (cf. Magrassi, M; Amar con el Corazón de Dios, Milán 1983).
Act:
15/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A