2 de Octubre
Viernes XXVI Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 2 octubre 2026
Lectio
12 El Señor respondió a Job desde la tormenta, diciéndole: "¿Has enviado tú la mañana? ¿Has asignado tú su puesto a la aurora, 13 para agarrar a la tierra por sus bordes y sacudir de ella a los malvados? 14 Yo soy el que da forma a la tierra, como el sello a la arcilla, y la tiño de color como un vestido. 15 Yo niego la luz a los malvados, y quebranto el brazo altanero. 16 ¿Has llegado tú hasta las fuentes de los mares? ¿Has pisado tú las honduras del abismo? 17 ¿Se te han mostrado a ti las puertas de la muerte? ¿Has visto tú los umbrales de las sombras? 18 ¿Has abarcado la anchura de la tierra? Habla, si es que lo sabes todo. 19 ¿Sabes dónde habita la luz, y cuál es la mansión de las tinieblas, 20 para que puedas llevarlas a su sitio y enseñarles el camino de su casa? 21 Lo sabrás, pues tienes tantos años que para entonces ya habrías nacido". 4 Job respondió al Señor: "Hablé a la ligera, y ¿qué puedo responder? No diré una palabra más. 5 Hablé una vez, pero no volveré a hacerlo ni insistiré" (Job 38,12-21; 40,4-5).
Descubrimos hoy que toda la búsqueda de Job ha estado basada en una esperanza indestructible. Aquel a quien busca Job, en efecto, existe y nos ama. La búsqueda es, ciertamente, fatigosa y doliente, y hay mucha soledad y mucha noche en esta búsqueda. No obstante, al final se puede descubrir a ese Dios que suscita alegría, paz y entusiasmo.
Leyendo el libro de Job, da la impresión de que su autor describe el juego del amor que atraviesa toda la existencia. En el amor está la ausencia y la presencia, como la madre que se retira para que el niño tenga la sorpresa de encontrarla junto a él. En los últimos versos del poema emerge, entre ambos diálogos (el de Dios y el de Job), el tema fundamental del Cantar de los Cantares: "Mi amado es para mí, y yo para él" (Cant 2,16).
Hemos visto en el libro de Job que éste apela a menudo al juicio de Dios ("ojalá que alguien me escuchara"; Job 31,35). Por fin, en los cap. 38-42, Dios responde a los requerimientos de Job. Responde e interpela, pues Dios presenta a Job la inmensidad de la creación, un inmenso proyecto divino que suscita admiración y estupor por su grandiosidad y belleza.
Las preguntas que dirige Dios a Job las dirige a cada uno de nosotros. Dios ha creado el mundo movido únicamente por la alegría de dar. Por ello, no es posible contemplar el mundo desde el cálculo de quien lo valora exclusivamente sobre la base de la utilidad personal.
Job, que antes había polemizado con sus amigos, permanece ahora en silencio y confuso. Renuncia a hablar, a proseguir la discusión, a decir superficialidades. Job ha sido siempre sincero, ha buscado con seriedad, pero no ha encontrado. Finalmente, ahora puede afirmar "te han visto mis ojos", mientras que antes "sólo te conocía de oídas" (Job 42,5). A través de la prueba, y permaneciendo fiel a Dios, Job ha penetrado en el misterio profundo de Dios.
13 En aquel tiempo, dijo Jesús: "¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en vosotras, hace tiempo que, vestidas de saco y sentadas sobre ceniza, se habrían convertido. 14 Por eso, el día del juicio será más tolerable para Tiro y Sidón que para vosotras. 15 Y tú, Cafarnaum, ¿te elevarás hasta el cielo? ¡Hasta el abismo te hundirás! 16 Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha. Quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza, y el que me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado" (Lc 10,13-16).
El evangelio de hoy concluye el mensaje con el que Jesús enviaba en misión a los 72 discípulos, que reflexionamos ayer (Lc 10,1-12). ¿Por qué habla Jesús con tanta dureza de Corozaín, de Betsaida y de Cafarnaum? ¿Qué quiere decir Jesús? La condena de estas 3 ciudades ha de ser entendida en diferentes ámbitos.
Jesús subraya que estas ciudades no han escuchado la palabra que él ha predicado. Es decir, la gracia del evangelio y la invitación a la conversión. Paralelamente, Jesús pone de relieve, trágicamente, que los suyos le han abandonado, y con ello quizás advierte sobre la hostilidad del pueblo.
Las ciudades paganas de Tiro y Sidón tendrán un juicio menos severo que el pueblo de Israel. ¿Por qué? Porque Jesús prevé que el evangelio superará las fronteras de Galilea, y llegará a los gentiles, y las ciudades paganas se cristianizarán al completo, mientras que las ciudades judías no lo harán.
El texto se convierte en un aviso para Israel, y también para todas aquellas personas que se excluyen de la gracia del Señor y caen en la resistencia (puesta de manifiesto por los ayes). Puede decirse que Jesús pretende censurar el único gran pecado, el imperdonable: el pecado contra el Espíritu Santo.
Cerrar los ojos a la manifestación de la gracia, o a la oferta de perdón... ése es el gran riesgo que corren las personas, y también la misión cristiana. Jesús lo ha dicho con claridad: "Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha. Quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza" (v.16).
Meditatio
Job, en medio de su terrible desgracia, la había emprendido con Dios, y le había dicho: "¿Por qué ocultas tu rostro y me consideras tu enemigo? ¿Vas a asustar a una hoja que se la lleva el viento, o a perseguir una paja seca? Pronuncias contra mí amargas acusaciones, y me imputas pecados de juventud" (Job 13,24-25).
Al final del libro, sin embargo, oímos a Dios interpelando a Job: "¿Has enviado tú la mañana? ¿Has asignado tú su puesto a la aurora? ¿Has llegado tú hasta las fuentes de los mares? ¿Has pisado tú las honduras del abismo? ¿Se te han mostrado a ti las puertas de la muerte?" (Job 38,12.16.17). ¡Cuántas cosas ignora Job! ¡Cuántas cosas se le escapan! Aunque poseyera la ciencia más refinada, todavía lo desconocería casi todo.
Llegado a este punto, Job se reconoce pequeño y humillado por Dios ("hablé a la ligera, y ¿qué puedo responder?"; Job 40,3). Reconoce que no sabe nada, y que sólo Dios es el depositario de toda la ciencia. Job renuncia, por consiguiente, a seguir interrogando ("no diré una palabra más, ni insistiré"; Job 40,4).
Sólo a través de la humildad, y de puntillas, es posible captar (mínimamente) el misterio de Dios. Como dice el propio rey David: "Me puse a pensar para entenderlo, pero me resultaba muy difícil. Hasta que entré en los secretos de Dios. Yo era un estúpido, y no lo comprendía, y era como un animal, pero ahora estaré contigo siempre" (Sal 73,16-23).
Oratio
Señor Jesús, ante el misterio de tu amor, o frente al sufrimiento insondable que experimentaste, nos quedamos sin palabras, impotentes, mudos y sin reacción. Nos descubrimos incapaces de experimentar tu infinita potencia de amor por nosotros, y sucumbimos fácilmente ante tu entrega inerme.
Haznos comprender, Señor, qué hay en el fondo de nuestros tormentos, y qué hay dentro de los problemas que tanto nos hacen sufrir. Ayúdanos a estar siempre contigo, a poner nuestras manos en tus manos, de suerte que podamos alcanzar tu misterio y llegar a ti.
Muéstranos que el secreto profundo de la realidad no se encuentra en las grandes especulaciones, sino en la sobreabundancia de tu amor.
Contemplatio
Job no habría sido conocido por nosotros si no hubiera sido golpeado y puesto a prueba. Ejercía su virtud cuando vivía tranquilo, pero su fama se difundió sólo cuando se vio sacudido por el sufrimiento. Mientras vivía en paz, conservaba lo suyo para sí. Cuando se vio sacudido, hizo llegar a todos el buen olor de sus virtudes.
Del mismo modo que un perfume no se puede oler de lejos, si no es agitado, y el incienso no expande su aroma más que cuando lo queman, así el perfume de las virtudes de los santos no se expande más que en medio de las tribulaciones.
Esa es la razón de que se diga en el evangelio: "Si tuvierais una fe del tamaño de un grano de mostaza, diríais a este monte ¡trasládate allá!, y se trasladaría" (Mt 17,20). Si no se muele el grano de mostaza, no es posible conocer la fuerza de su propiedad (cf. San Gregorio Magno, Tratado Moral, prefacio, 6).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No diré una palabra más" (Job 40,4).
Conclusio
Las dificultades no asustaron a Giovanni Piamarta, como él mismo recuerda en sus cartas al decir: "Las contradicciones, en vez de remover nuestra constancia, deben revigorizarla fuertemente, porque la contradicción es señal de éxito de la obra". Es más, Piamarta vio en las tribulaciones y en las contrariedades un signo de la bondad de dicha obra.
Es obvio, por tanto, que debemos resistir, ser fuertes, no perder el valor, perseverar, aguantar y tener paciencia, porque las obras que están destinadas a dejar huella, y quieren decir algo nuevo, progresan y se imponen de este modo.
Esto es lo que recordó Piamarta a Elisa Baldo, cuando le dijo: "He dado comienzo a mi obra, y los contrastes y los dolores, las desilusiones y las indiferencias, y los abandonos, incluso por parte de personas de las que podía esperar con fundamento todo el apoyo moral y material, fueron mi pan de cada día y continúan siéndolo todavía más que nunca".
Como terminó diciendo Piamarta a Baldo, "la naturaleza se rebela ante tales tratos, pero el espíritu se encuentra a sus anchas, porque sabe que es precisamente con esos caracteres con los que el Dios quiere marcar sus obras" (cf. Cabra, P. G; Piamarta, Brescia 1997, p. 258).
Act:
02/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A