23 de Septiembre
Miércoles XXV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 23 septiembre 2026
Lectio
5 Todas las palabras de Dios se cumplen, y son un escudo para quienes se acogen a él. 6 No añadas nada a sus palabras, no sea que te replique y quedes como mentiroso. 7 Dos cosas te he pedido, Señor, y no me las niegues antes de que muera. 8 Aleja de mí la falsedad y mentira, y no me des pobreza ni riqueza. Dame tan sólo el alimento necesario, 9 no sea que, saciado, reniegue de ti y diga "¿quién es el Señor?", o que, siendo pobre, me dé al robo y profane el nombre de mi Dios (Prov 30,5-9).
El libro de Proverbios reflexiona con gran atención la pobreza y sobre la riqueza, y concluye con un espléndido ejemplo de oración. El ideal de la sabiduría no es la pobreza, sino el bienestar, que es una bendición de Dios. Procurarlo es un deber, así como condenar la pereza y la holgazanería.
Si bien es verdad que el bienestar es una bendición, eso no significa que el pobre sea un maldito o alguien castigado. Las recomendaciones en su favor son numerosas, y están diseminadas por todas las secciones del libro. Ayudar a los pobres es uno de los deberes principales.
Además, no hay que olvidar que la felicidad no está sólo en la riqueza, sino en una riqueza acompañada del temor de Dios, de la justicia y de la concordia. En efecto, "más vale poco con temor del Señor que un gran tesoro con preocupación" (Prov 15,16).
Por último, la sabiduría de Proverbios advierte que el excesivo bienestar no está exento de grandes peligros morales, como el de creerse autosuficiente, sin sentir necesidad de Dios (v.9). La riqueza material se puede y debe transformar en riqueza de espíritu. La posición del sabio es, por eso, la que se lee en la conclusión: ni la miseria que conduce a la rebelión contra el Señor, ni la excesiva riqueza que conduce a olvidarlo.
1 Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar las enfermedades. 2 A continuación, los envió a predicar el reino de Dios y a curar toda dolencia. 3 Y les dijo: "No llevéis para el camino bastón ni alforjas, ni pan ni dinero, ni tengáis dos túnicas. 4 Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar. 5 Donde no os reciban, marchaos y sacudid el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos". 6 Ellos se marcharon y fueron recorriendo las aldeas, anunciando el evangelio y curando por todas partes (Lc 9,1-6).
Predicar la conversión, expulsar los demonios, y curar a los enfermos, son las 3 tareas del discípulo de Jesús (vv.1-2), y son las mismas cosas que hizo Jesús. Las consignas de Jesús son tres.
La 1ª consigna es una orden: llevar sólo lo estrictamente indispensable, y "nada más" (v.3). Se trata de una invitación a la pobreza que otorga libertad ("dejarlo todo para seguirle") y fe ("el Señor proveerá para el camino").
La 2ª consigna es una norma de sentido común: no ir de casa en otra, sino elegir una casa digna y hospitalaria, y quedarse en ella el tiempo necesario (v.4).
La 3ª consigna consiste en una sugerencia sobre cómo comportarse en caso de rechazo, y viene a decir: Si te rechazan en un sitio, ve a otro (v.5) y "sacude el polvo" como gesto de juicio y no maldición.
El rechazo, en efecto, está previsto. Al discípulo se le ha confiado una tarea, pero no se le garantiza el éxito. Frente al rechazo, ha de comportarse como Jesús, subrayar la gravedad del rechazo y sentir la ocasión malgastada.
Meditatio
Los Doce tenían "poder y autoridad" frente a los demonios y males de este mundo. ¿Por qué, pues, nosotros no lo tenemos? ¿Se debe a que no seguimos el manual de instrucciones, y llevamos con nosotros muchas cosas? ¿Irá ligado ese poder a la ausencia de apoyos? ¿Será una cuestión de confianza en Dios, y desapego de cualquier otra realidad?
Una cosa es segura: que el poder del apóstol está expuesto a los vientos de las modas y a toda clase de tentaciones, y de caer en ellos estará carente de autoridad. Además, también puede suceder que, ante la carencia de poderes, busquemos algunos suplementarios y nos refugiemos en los sucedáneos. La acción apostólica es poderosa, pero sólo si es acción apostólica y no procede de nosotros.
No es fácil ser siervo y nada más que siervo. No es fácil animarse en los fracasos. Tal vez resida aquí nuestra debilidad, en ponernos nosotros por delante y ejecutar lo que nosotros pensamos que hay que hacer.
Oratio
Mira, Señor, cómo tus discípulos se sienten desarmados frente a este mundo. No sabemos por dónde empezar, no se nos toma en serio, el rebaño se restringe, los jóvenes no nos comprenden y a nosotros nos cuesta trabajo comprender el mundo.
No permitas que perdamos la confianza en tu poder, Señor. Danos el don del discernimiento para que podamos llevar a cabo un serio examen de conciencia, ver lo que es preciso dejar de lado (los excesivos bastones, las excesivas alforjas, el demasiado pan, el demasiado dinero, las demasiadas túnicas) y desprendernos de lo que impide el despliegue de tu acción.
Estamos un poco confusos, Señor, y nos da la impresión de haber entrado en un callejón sin salida. Danos tu luz y mucho valor, y no nos dejes caer en nuestra rastrera decepción, ni en la tentación de la espectacularidad, ni en ir detrás del mundo, ni en buscar apoyos. Sabemos que algunos hacen carrera de este modo, así que tú ilumínanos y sálvanos.
Contemplatio
Para demostrar que no es la sabiduría humana, sino su propio poder el que convierte al mundo, eligió Dios como predicadores a hombres incultos. Esto lo ha hecho también en Inglaterra, realizando obras grandes por medio de instrumentos débiles. Ante este don divino hay, hermano carísimo, mucho de qué alegrarse y mucho de qué temer.
Dios ha realizado grandes milagros entre la gente inglesa, y la ha querido hacer suya. Por ello, es preciso que este don del cielo sea para ti causa de gozo en el temor y de temor en el gozo.
De gozo, pues ves cómo el alma de los ingleses es atraída a la gracia interior por obra de los milagros exteriores. De temor, para que tu debilidad no caiga en el orgullo al ver los milagros que se producen, y no vaya a suceder que, mientras se te rinde un honor externo, la vanagloria te pierda en tu interior (cf. San Gregorio Magno, Epistolario, IX, 36).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No llevéis nada para el camino" (Lc 9,3).
Conclusio
En esto reside el misterio del ministerio: en que que nosotros, pecadores y vulnerables, hemos sido elegidos para transmitir el amor ilimitado e incondicionado de Dios.
El verdadero ministerio debe ser recíproco. Cuando los miembros de una comunidad de fe no pueden conocer y amar de verdad a su pastor, el oficio mismo de pastor se convierte muy pronto en un modo solapado de ejercer el poder sobre los otros, y empieza a manifestarse autoritario y dictatorial.
El mundo en el que vivimos, un mundo de eficiencia y control, no tiene ningún modelo recíproco que ofrecer. Hasta las profesiones asistenciales se han visto secularizadas de un modo radical, y la reciprocidad sólo puede ser considerada como una debilidad y una forma de confusión de roles.
El liderazgo del que habla Jesús es una modalidad radicalmente diferente a la que ofrece el mundo. Es un liderazgo de servicio, en el que el líder es un siervo vulnerable, que necesita a los otros no menos de lo que los otros le necesitan a él.
En la Iglesia del mañana habrá necesidad de este tipo de liderazgo, no modelado sobre los juegos de poder, sino sobre Jesús, el Siervo venido a dar la vida por la salvación de muchos (cf. Nouwen, H; En Nombre de Jesús, Brescia 1997, p. 44).
Act:
23/09/26
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ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A