26 de Octubre
Lunes XXX Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 26 octubre 2026
Lectio
Hermanos, 32 sed bondadosos y compasivos unos con otros y perdonaos mutuamente, como Dios os ha perdonado por medio de Cristo. 1 Sed imitadores de Dios, como hijos suyos muy queridos. 2 Haced del amor la norma de vuestra vida, pues Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios. 3 En cuanto a la lujuria o cualquier clase de impureza o avaricia, que ni siquiera se nombren entre vosotros, como corresponde a creyentes. 4 Y lo mismo sobre las palabras torpes y las conversaciones estúpidas o indecentes, que están fuera de lugar. Ocupaos más bien de dar gracias a Dios. 5 Ningún lujurioso o avaro tendrá parte en la herencia del reino de Dios. 6 Que nadie os seduzca con razonamientos vanos, pues son precisamente estas cosas las que encienden la ira de Dios contra los hombres rebeldes. 7 No os hagáis, pues, cómplices suyos. 8 En otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor. Portaos como hijos de la luz (Ef 4,32-5,8).
El bautizado vive en Cristo (Ef 2,10), es morada del Espíritu (Ef 2,22) y sus acciones deben estar en armonía con la verdad y la caridad (Ef 4,15), corroborando la unidad de la comunidad (Ef 4,16). Por ello, la benevolencia, la misericordia, o el perdón recíproco, deben ser las actitudes entre cristianos, conscientes de haber recibido gratuitamente el amor de Dios en Cristo (Ef 4,32).
Pablo exhorta a los creyentes a actuar como actúa Dios. Vienen aquí a la mente aquellas palabras de Jesús: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36). Los cristianos, convertidos en hijos adoptivos de Dios, han de vivir ese amor del que Jesús dio ejemplo con su entrega total (Ef 5,2).
Dicho de manera negativa, la auténtica vida nueva en Cristo comporta el abandono de las costumbres y tendencias que no se corresponden con el amor. Por ello, Pablo enumera aquí una serie de acciones que, por manifestar una relación desordenada con la sexualidad y con los bienes, ignoran el único señorío de Jesucristo y del Padre (vv.3-5).
El placer y el tener (convertidos en ídolos), o las palabras torpes y conversaciones estúpidas (que llevan a la vulgaridad), no pueden ser más que objeto de condena por parte de Dios y motivo de exclusión de su Reino. De ahí la invitación apremiante del apóstol, a fin de que los efesios no sigan a los que intentan asociarlos al primitivo estado pre-bautismal (vv.6-7).
Tras haber sido iluminados por la gracia del bautismo, los cristianos ya no viven en las tinieblas de la lejanía de Dios, sino en la luz de la comunión con él, de quien ahora son hijos (v.8).
10 Cierto sábado estaba Jesús enseñando en una sinagoga, 11 y había allí una mujer que desde hacía 18 años estaba poseída por un espíritu que le hacía andar encorvada, sin poder enderezarse del todo. 12 Jesús, al verla, la llamó y le dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad". 13 Jesús le impuso las manos y, en el acto, la muer se enderezó y se puso a alabar a Dios. 14 El jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, empezó a decir a la gente: "Hay seis días en que se puede trabajar. Venid a que os cure en esos días, y no en sábado". 15 El Señor le respondió: "¡Hipócritas! ¿No suelta cada uno de vosotros su buey o su asno del pesebre en sábado, para llevarlo a beber? 16 Y a ésta, que es hija de Abraham, y Satanás ha tenido retenida durante 18 años, ¿no había que liberarla, aunque fuese en sábado?". 17 Al hablar Jesús así, todos sus adversarios quedaban confusos, y toda la gente se alegraba por los milagros que hacía (Lc 13,10-17).
Jesús está en marcha hacia Jerusalén (Lc 9,51), lugar donde tuvo comienzo su manifestación (Lc 2,22.41) y donde se consumará su misión salvífica (Lc 13,33; 19,28). En este gran viaje. Lucas inserta las enseñanzas de Jesús a sus discípulos, como llamados que están a recorrer un nuevo y mismo camino, volviendo a partir de Jerusalén (Lc 24,47).
El milagro de la curación de la mujer encorvada, que aquí narra Lucas, no es mencionado por el resto de evangelistas. La curación se realiza en sábado, y viene a decir que el amor de Jesús libera al hombre de las estrecheces de una ley que, dictada por Dios para asegurar la libertad, Israel había convertido en esclavitud. Se trata de un amor gratuito, como la curación de esta mujer (que no la había pedido; v.12).
La ley del sábado, convertida durante el período post-exílico en el fulcro de la religiosidad judía, había perdido la motivación originaria: la comunión con Dios. La casuística rabínica había asimilado ciertas acciones (como las curaciones médicas), pero había prohibido realizar cualquier trabajo, tan sólo derogable en caso de peligro para la supervivencia.
Jesús, con su gesto gratuito, afirma que el sábado está al servicio de la vida. Para quien ama a Dios, no hacer el bien equivale a hacer el mal, como es un mal el desdén del jefe de la sinagoga (v.14) así como los pensamientos rencorosos (fácilmente adivinables) de los adversarios de Jesús, para quienes el anuncio del reino de Dios se resuelve en vergüenza y confusión (v.17).
Jesús, cuya palabra realiza lo que dice, y cuyos gestos son sencillos (v.13) en comparación con los de los taumaturgos orientales, se presenta como el liberador del espíritu maligno, que deforma la imagen divina del hombre (Gn 1,26) y lo hace esclavo, incapaz de levantar la mirada a su Creador (Sal 121,1; 123,1).
El hombre, restituido por Jesús a la dignidad de la relación vital con Dios, está nuevamente colmado de alegría, vive de nuevo la plenitud de su existencia, da gloria a su Señor y Salvador y exalta su maravilloso obrar (vv.13.17).
Meditatio
Los cristianos son personas liberadas de la finitud creatural, porque ésta ya no es obstáculo para su relación personal con Dios (a través de Jesucristo) y cuentan con el único vínculo de unión directa (el amor). Todo esto está bien, mas ¿cómo atestiguar este don de libertad?
Hay un hecho muy concreto que puede atestiguar todo esto: la de comportarme como se comportó Jesús. Si la misericordia, perdón, o benevolencia, son los atributos de Dios, y yo los visualizo y vivo de forma plena... efectivamente estaré en condiciones de ponerme en contacto directo con Dios.
¿Y cómo vivir en comunión con Dios? ¿Alejándome del resto, y acercándome sólo a él? En absoluto, sino dándome por completo a ambos, como pidió Jesús. ¿Me resulta pesado y costoso? Posiblemente, pero sólo al principio, pues cada vez me quedará menos en ese darme por completo.
Oratio
Cuántas veces ni siquiera te pido que me ayudes a mirar hacia arriba, Señor, y finjo estar satisfecho con mi mirada a ras de tierra... Cuántas veces me digo que, después de todo, no es tan malo escarbar en la superficialidad y camuflo el vacío que experimento con ebriedades epidérmicas...
¡Señor, toma tú una vez más la iniciativa! Despierta en mí la conciencia de ser como tú me has hecho con el bautismo: hijo libre de amar, capaz de gestos que son chispas de luz en las tinieblas de la mezquindad y del egoísmo. Señor, salvador de mi vida.
Contemplatio
La perfección de la vida cristiana consiste en unirnos con el alma, con las palabras y con los hechos de la vida misma a todos los términos que explican el nombre de Cristo. Alguien podría objetar que este bien es dificilmente realizable, puesto que sólo el Señor de lo creado es inmutable, mientras que la naturaleza humana es mutable y está inclinada a los cambios.
El hombre no es mutable sólo en relación con el mal. La más bella manifestación de la mutabilidad está representada por el crecimiento en el bien, en que el ascenso a una condición mejor convierte en un ser más divino a quien se transforma en sentido bueno.
Lo que nos parece temible (hablo de la mutabilidad de nuestra naturaleza) es, en realidad, un ala adaptada al vuelo hacia las cosas más excelsas. La verdadera perfección consiste precisamente en esto, en no detenerse nunca en el propio crecimiento y en no circunscribirlo dentro de un límite (cf. San Gregorio de Nisa, Fin, Profesión y Perfección del Cristiano, Roma 1996, pp. 113-115).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Cristo me ha amado, y se ha entregado a sí mismo por mí" (Ef 5,2).
Conclusio
Existe una vida escondida en el hombre que sostiene su esperanza. ¿Serás capaz de prestarle atención? Sin esa esperanza, arraigada en el centro de tu corazón, sin ese ir más allá de tu persona, pierdes el gusto de avanzar. No se trata de una esperanza que es pura proyección de tus deseos, sino de esa que conduce a vivir lo inesperado, incluso en situaciones sin vía e salida.
Esta esperanza engendra un impulso de creatividad. Este impulso destruye los determinismos de la injusticia, del odio, de la opresión. Este íntimo coloquio trata de una esperanza que procede de Otro y que puede reinventar el mundo.
Cuando pones el centro del universo en ti mismo, te hundes en el egocentrismo y se dispersan las energías de la creatividad y del amor. Para trasladar a otro lugar ese centro, y para que en él se encienda el amor, dispones del mismo fuego que cualquier otro hombre posee en la tierra: el Espíritu Santo, que está dentro de ti. Deja que sus impulsos, espontaneidad e inspiraciones se despierten, y verás que tu vida se vuelve fuerte y densa.
Una vez situado en las vanguardias de la Iglesia, ¿serás portador de agua viva? ¿Apagarás la sed del que busca la fuente? No basta con el deseo de ser servidor de la paz y de la justicia para llegar a serlo, sino que es preciso subir a la fuente y reconciliar en nosotros mismos lucha y contemplación.
¿Quién podría aceptar ser un conformista de la oración, de la justicia o de la paz? ¿Quién podría soportar que se dijera de él "dice pero no hace"? Dice "Señor, Señor", pero no hace su voluntad. Dice "justicia, justicia", pero no la practica. Dice "paz, paz", pero dentro de él está la guerra (cf. Schutz, R; Vivir lo Inesperado, Brescia 1978, pp. 7-9).
Act:
26/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A