31 de Octubre
Sábado XXX Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 31 octubre 2026
Lectio
Hermanos, 18 al fin y al cabo, hipócrita o sinceramente, Cristo es anunciado, y esto me llena de alegría. 19 También me alegra saber que, gracias a vuestras oraciones y a la asistencia del Espíritu de Jesucristo, esto contribuirá a mi salvación. 20 Así lo espero ardientemente, con la certeza de que no quedaré defraudado y Cristo manifestará su gloria en mí. 21 Para mí, la vida es Cristo, y una ganancia el morir. 22 No obstante, si continuar vivo y trabajando va a suponer un provecho, no sabría qué elegir. 23 Me siento forzado por ambas partes. Por una parte, deseo la muerte para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor. 24 Por otra parte, veo que seguir viviendo en este mundo es más necesario para vosotros. 25 Persuadido de esto último, presiento que me quedaré y permaneceré con vosotros, para provecho y alegría de vuestra fe. 26 Así, cuando vaya a veros otra vez, nuestro orgullo de ser cristianos será todavía mayor (Flp 1,18-26).
Pablo es informado en la cárcel de que muchos cristianos anuncian la palabra de Dios (Flp 1,14). Algunos lo hacen por envidia y desacreditando al apóstol (vv.15.17), pero eso a Pablo no le importa, sino tan sólo que sea veraz la predicación del evangelio, que es lo que cuenta de verdad (v.18).
El Espíritu Santo y la cercanía espiritual de los filipenses sostienen el ánimo de Pablo, y le confirman que los momentos dolorosos no significan una decepción sino salvación (vv.19-20), y que a través de ellos Cristo recibirá gloria, tanto acaben en la muerte como en una nueva etapa vital (v.20).
Pablo considera la muerte como una ganancia suprema, porque introduce en la plena comunión con Cristo (v.21). De ahí que el apóstol se sienta atraído tanto con la muerte (por la unión total con Cristo) como por su presencia vital en las comunidades cristianas (vv.22-24).
Si bien Pablo optaría por la 1ª posibilidad (v.23), considera más necesaria la 2ª opción. La fe de Filipos recibirá así un nuevo impulso, y crecerá su alegría gracias a la presencia de los filipenses con su amado apóstol, cuya visita será para los filipenses un nuevo motivo de comunión (vv.25-26).
1 Un sábado entró Jesús a comer en casa de uno de los dirigentes fariseos, y la gente le observaba. 7 Al observar cómo los invitados escogían los mejores puestos, 8 les hizo esta recomendación: "Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el lugar de preferencia, no sea que haya otro invitado más importante que tú, 9 y venga el que os invitó a los dos, y a ti te diga: Cédele a éste tu sitio. De suceder eso, tendrás que ir avergonzado a ocupar el último lugar. 10 Así pues, cuando te inviten, ponte en el lugar menos importante. Así, cuando venga quien te invitó te dirá: Amigo, sube más arriba. De suceder eso, para ti será un honor, y quedarás bien ante todos los invitados. 11 El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado" (Lc 14,1.7-11).
Jesús toma pie en la vida cotidiana, con las ocupaciones que la caracterizan y con los acontecimientos que marcan su curso, para hacer comprender unas verdades que abren, a quienes las acogen, los horizontes de la vida nueva de Dios. Así ocurre cuando, habiendo sido invitado a casa de un jefe fariseo (Lc 14,1), nota el afán que anima a los invitados por ocupar los primeros puestos (v.7).
El relato-parábola propuesto por Jesús (vv.8-10) es un arquetipo de la buena educación, y de respeto a las precedencias según la escala social. Así, quien ambiciona un puesto social que no le corresponde se expone al ridículo (vv.8-9), así como rompe el orden justo y las relaciones con los otros.
El don de Dios es gratuito, y no consecuencia matemática de méritos humanos. Por ello, Jesús advierte que aquí no hay reconocimientos ni gratificaciones. La humildad, o confianza total puesta en Dios, es la condición que permite recibir a Dios y las cosas de Dios (Lc 1,46-48.52), ambos unidos en la obra de salvación (Lc 22,28-30).
Meditatio
La palabra del Señor nos invita hoy a llegar a ser conscientes de nosotros mismos, a formarnos una conciencia realista que nos haga ver el puesto que ocupamos, la responsabilidad que se nos ha confiado y la tarea que estamos llamados a desarrollar.
El presuntuoso, que suele mirarse en un espejo que dilata las proporciones, viene a situarse con facilidad "fuera de su sitio", en situaciones deletéreas para él mismo y para los que están cerca. ¡Qué provechoso, en cambio, estar en el sitio que nos corresponde!
Fuera de las lógicas de los que aspiran a hacer carrera, y lejos de los delirios de protagonismo (tan en boga en nuestros días), la auténtica humildad auténtica no es una mal que reduce las propias cualidades, sino un bien que pone todo lo que uno es al servicio de los demás, con generosidad y sin auto-exaltaciones.
Hoy siento que se me dirige una pregunta: ¿Qué es lo que estás buscando? Si busco un puesto bien visto, o si busco el predominio sobre los otros, corro el riesgo de verme catapultado al final de la fila, y habré construido mi historia sobre la nada. Si busco el crecimiento del bien y la promoción de los demás, entonces (como Pablo) aprenderé a celebrar todo aquello que pueda ayudarles, aunque suponga un sacrificio para mí. ¿Qué es lo que estoy buscando?
Oratio
¿Cuál es hoy mi sitio, Señor? ¿Cómo puedo orientarme en las decisiones importantes, esas que expresan de modo claro mi identidad de hombre o mujer?
El mundo me sacude a derecha e izquierda, y con mil enseñas brillantes me atrae a sus redes, imponiéndome tomar posición. Cada una compite para hacerse con mi atención. Con sonrisas amistosas, la vida de hoy me invita con los brazos abiertos a que me acomode en su banquete, hasta tal punto que es casi imposible sustraerse y hacer valer lo que más cuenta: el bien último, que es mi salvación y la de mis hermanos.
Lo más fácil es vincularse a la presa y buscar soluciones de pequeño cabotaje, buscando un minúsculo compromiso que contente mi día a día. Por eso, tu palabra no deja escapatoria, Señor, y me impone confrontarme con la verdad. Me llama a la humildad (que no es auto-denigración), me presenta la promoción de los hermanos, me ensancha los horizontes hasta los confines escatológicos.
Gracias, Señor, por esta luz que no disminuye, que permanece siempre cerca y que me lleva de la mano a ocupar mi sitio.
Contemplatio
No es lícito ni conforme con la inteligencia racional preferir los males a los bienes. Por ello, si algunos se han dejado arrastrar por ello, yo considero que no lo han hecho por propia deliberación, sino inducidos por las circunstancias.
Otra cosa distinta es dejar de lado la Palabra y embarcarse en la barca de las pasiones. Por ese motivo juzgaba el Pablo que era más útil permanecer en la carne (esto es, en la enseñanza moral), en favor de los discípulos, que estar con Dios a través de la contemplación ultraterrena del intelecto (cf. San Máximo el Confesor, Centuria, XLIX).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Para mí la vida es Cristo" (Flp 1,21).
Conclusio
A los ojos del judaísmo, toda alma humana es un elemento al servicio de la creación de Dios, y de ahí que a ningún alma le haya sido fijado un fin interno a sí misma, en su propia salvación individual.
Es cierto que cada uno debe conocerse, purificarse, llegar a la propia plenitud, pero no en beneficio de sí mismo ni de su propia bienaventuranza personal, sino en vistas a la obra que debe realizar sobre el mundo de Dios. Es preciso olvidarse de uno mismo y pensar en el mundo.
El rabí Bunam vio la historia del género humano como un acontecimiento que se desarrolla entre estos dos tipos de hombres: el orgulloso (bajo la apariencia más noble, según piensa él mismo) y el humilde (que en todas las cosas piensa en el mundo). Sólo cuando cede a la humildad, el orgulloso puede ser redimido, y sólo cuando éste es redimido puede redimir el mundo.
El mayor de los zaddik (lit. discípulos) del rabí Bunam fue un personaje trágico por excelencia: el rabí Mendel de Kozk, que cierto día dijo a la comunidad reunida: "¿Que es lo que os pido a cada uno? Sólo tres cosas: no mirar de reojo fuera de uno mismo, no mirar de reojo dentro de los otros, no pensar en uno mismo".
Esto significa tres cosas. Primero, que cada uno debe aprovechar su propia vida en el lugar que le es propio, sin envidiar nada ni a nadie. Segundo, que cada uno debe respetar a su semejante, y abstenerse de penetrar en él. Tercero, que nunca se ha de tomar a nadie, por sí mismo, como fin de nadie (cf. Buber, M; Camino del Hombre, Magnano 1990, pp. 53-56).
Act:
31/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A