18 de Agosto

Martes XX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 18 agosto 2026

Lectio

2 Recibí esta palabra del Señor: "Hijo de hombre, di al rey de Tiro: Tu corazón se ha engreído, y has dicho: Yo soy un dios, y he asentado mi trono divino en el corazón del mar. Aunque eres un hombre y no un dios, has querido igualar en sabiduría a Dios. 3 Te creías más sabio que Daniel, y ningún enigma se te resistía. 4 Con tu sabiduría y tu inteligencia has conseguido riquezas, y amontonado tesoros de oro y plata. 5 Comerciando hábilmente has acrecentado tus riquezas, y por ellas se ha engreído tu corazón. 6 Por eso, porque has querido igualarte a Dios, 7 él hará venir contra ti a extranjeros, los más feroces de las naciones, que desenvainarán la espada contra tu brillante sabiduría y profanarán tu belleza. 8 Te harán bajar a la fosa, y tú perecerás de muerte violenta en el corazón del mar. 9 ¿Podrás seguir diciendo ante tus verdugos que eres un dios? Para tus verdugos serás un simple hombre, y no un dios. 10 Las gentes extrañas te darán muerte de incircunciso, porque lo ha dicho el Señor" (Ez 28,2-10).

         En la 2ª parte del libro de Ezequiel (Ez 25-32) encontramos una colección de oráculos contra los pueblos paganos de alrededor. Esos pueblos han mostrado sentimientos de orgullo frente a Dios, y han representado una constante tentación para Israel, alejándolo de Yahveh.

         La lectura litúrgica de hoy contiene el Oráculo contra Tiro, cuyo Imperio Fenicio constituía la 1ª potencia naval de aquel tiempo. El juicio está pronunciado con severidad e ironía, y la culpa denunciada es el orgullo desmesurado que le lleva a usurpar las prerrogativas divinas.

         El rey de Tiro pretende ser una divinidad, y no sólo dominar las islas sino también sobre el extenso mar que las rodea. Se describe de manera perspicaz el proceso según el cual se ha llegado a este absurdo. El rey ha exaltado su inteligencia, prudencia y versatilidad, en toda diplomacia (en 1º lugar), y por ello se vanagloria de su capacidad para procurarse ingentes riquezas (en 2º lugar).

         La auto-divinización del rey fenicio, además de ser una locura, constituye un grave atentado contra la gloria de Dios, Creador y Señor del universo, el único digno de la máxima alabanza y adoración. Por eso, la sentencia del castigo es grave, y decreta que morirá y su imperio será aniquilado.

         El orgullo, la autoexaltación, la autodivinización, son en el fondo "el pecado que acecha a tu puerta" (Gn 4,7) desde el principio. ¿Acaso no desobedecieron Adán y Eva, y merecieron la condena por haber querido "ser como Dios" (Gn 3,5)?

En aquel tiempo, 23 Jesús dijo a sus discípulos: "Os lo aseguro, ¡qué difícil es que un rico entre en el reino de los cielos! 24 Os lo repito, más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios". 25 Al oír esto, los discípulos se quedaron impresionados y dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?". 26 Jesús les miró y les dijo: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible". 27 Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo: "Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos espera?". 28 Jesús les contestó: "Os aseguro que vosotros, los que me habéis seguido, cuando todo se haga nuevo y el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. 30 Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros" (Mt 19,23-30).

         Cuando el joven rico se marchó triste de la presencia de Jesús, éste, entristecido por el hecho, lo comenta con tono grave a sus discípulos, viniendo a decir que "nadie puede servir a Dios y al dinero" (Mt 6,24) y que "el reino de los cielos es de los pobres en el espíritu" (Mt 5,3). Por eso, ¡qué difícil es que entren en él los ricos!, porque antes tienen que hacerse pobres. La elocuente Imagen del Camello contribuye a dar un mayor énfasis a esta afirmación.

         Ante semejante sentencia, es comprensible que los discípulos se queden turbados y desconcertados. Por eso, Jesús penetra con la mirada su perplejidad, y les repite lo mismo. Sí, no lo han comprendido mal, y seguir a Cristo es imposible (a nivel de fuerzas humanas). Por ello, el mismo Dios estará pendiente de ello, para quien "todo es posible".

         Llegados aquí, Pedro, con la franqueza y el carácter impulsivo que le caracterizan, descubre con sorpresa la diferencia de su situación con respecto a la del joven rico.

         Ellos han acogido el don divino, lo han abandonado todo para seguir a Jesús, y ¿qué les espera? (v.27). El joven rico se fue triste porque había respondido no, pero ¿qué le sucede a quien responde ? Ya conocen el final de los que optan por el dinero, pero ¿qué obtendrán los que optan por Dios?

         Jesús no es un vendedor de mercancías, y no necesita hacer una lista de todo lo que recibirán sus discípulos por el precio que han pagado. Sin embargo, conoce la pequeñez del corazón humano, necesitado de seguridades y de alientos, y nos asegura que la recompensa será grande tanto en este tiempo como "en la eternidad".

         En efecto, "Dios es más grande que nuestro corazón" (1Jn 3,20), y a cambio del poco al que hayamos renunciado por su amor, se nos dará "una buena medida, apretada, rellena, rebosante" (Lc 6,38).

Meditatio

         Dice el refrán castellano que "poderoso caballero es don Dinero", y otro no tan castellano que "tener es poder". Se trata de dos modos de pensar que forman parte del credo de muchos, pero no de los que quieren seguir a Jesús. Cristo, siendo rico, "se hizo pobre por nosotros" (2Cor 8,9) y proclamó bienaventurados a los pobres en el espíritu (Mt 5,3).

         La riqueza lleva al orgullo y a la ilusión de ser poderoso, mientras que la pobreza se asocia con más naturalidad a la humildad. La pobreza es el vacío que recibe, el vacío capaz de recibir la plenitud y lo absoluto.

         La noche en que nació Jesús, los ángeles llevaron la buena noticia a los pastores. Según la leyenda, había un pastor paupérrimo, tan pobre que no tenía nada. Cuando sus amigos decidieron ir al portal a llevar algún regalo, también le invitaron a él, pero el pastor pobre dijo: "No puedo ir, pues tendría que presentarme con las manos vacías". Los otros le convencieron de que se uniera a ellos.

         Llegaron así al lugar donde se encontraba el niño. María, la madre, lo tenía entre sus brazos, y sonreía al ver la generosidad de los que le ofrecían queso, lana o algún fruto. Vio al pastor que no llevaba nada, y le hizo una señal para que se acercara. Él se adelantó embarazado. María, para tener libres las manos y recibir los dones de los pastores, depositó suavemente al niño entre los brazos del pastor, y eso que había ido con las manos vacías.

Oratio

         Señor, tal vez nuestro orgullo no llega hasta ese punto tan exagerado de hacernos decir "soy un dios". Sin embargo, por el hecho de haber renunciado a poner las riquezas materiales en el centro de nuestra vida, y querer seguirte como verdaderos discípulos, nos creemos merecedores de premios.

         De manera sumisa y un poco embarazados, Señor, te hemos preguntado en distintas ocasiones: ¿Y tú que nos darás? ¿Qué recibiremos en compensación por lo que te hemos ofrecido? El apóstol Pablo ya tuvo que soportar esto, cuando dijo en tono reprochante a los corintios: "¿Quién te hace superior a los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido?" (1Cor 4,7).

         Reconocemos, oh Señor, que todo lo que te hemos ofrecido proviene de ti. Todo lo que tenemos, todo lo que somos, son dones tuyos. Hoy no queremos pedirte nada, sino sólo darte las gracias. Acoge nuestro reconocimiento, que es el don tímido de quien sabe que no tiene nada.

Contemplatio

         Las riquezas, el oro y la plata, no pertenecen (como creen algunos) al diablo. Está escrito, en efecto, que a quien tiene fe le pertenecen todas las riquezas del mundo, y que al infiel no le pertenece ni siquiera un óbolo. En consecuencia, nada le pertenece al diablo, el más infiel de todos.

         El propio Dios dice expresamente por boca del profeta: "Mío es el oro, mía la plata, y los doy a quien quiero". No te deshagas del dinero, por tanto, sino intenta hacer un buen uso de él. De no ser así, y de usarlo mal, se te podrá imputar una mala administración, y blasfemarás impíamente contra el Creador.

         Con los bienes terrenos podemos obtener hasta la justificación, sobre todo si el Señor llega a decirnos: "Tuve hambre y me disteis de comer; estuve desnudo y me vestisteis". ¿Por qué? Por esto mismo: porque el alimento se compra con el dinero, y no nos cubrimos sin dinero.

         En definitiva, escucha esto, oh hermano: que la riqueza puede convertirse en puerta del cielo. Así pues, "vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y así tendrás un tesoro en los cielos" (cf. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, VIII).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el reino de los cielos" (Mt 5,3).

Conclusio

         En alemán, el verbo agradecer deriva de pensar. La gratitud, por tanto, te enseña a pensar de manera justa, y si empiezas a pensar reconocerás con gratitud todo lo que se te ha dado en la vida.

         Hay personas que se hacen la vida difícil porque anotan sólo lo negativo. Cuanto más ven lo negativo, tanto más ven confirmada su experiencia. Su modo de ver pesimista no les permite absorber las pequeñas desventuras de la jornada. Se quedan fijados en lo que podría irritarles, empiezan la mañana rabiando contra el mal tiempo, se sienten frustrados cuando se les derrama la leche.

         Quien mira con ojos agradecidos su propia vida estará de acuerdo con lo que ha sucedido en él mismo. Entonces abre los ojos y puede darse cuenta de que un ángel de Dios le ha acompañado a lo largo de toda su vida, de que un ángel de la guarda le ha preservado de algunas desgracias, de que su ángel de la guarda ha transformado en un precioso tesoro hasta las desventuras.

         De seguir el 2º modelo, seremos capaces de mirar con ojos agradecidos la nueva aurora, de darnos cuenta de que nos hemos levantado sanos y podemos ver salir el sol. Daremos las gracias por la respiración que nos anima y los dones que la naturaleza nos permite gozar comiendo. La gratitud ensancha el corazón y lo pone alegre (cf. Grun, A; Cincuenta Ángeles, Brescia 2000, pp. 61-64).

 Act: 18/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A