22 de Agosto

Sábado XX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 22 agosto 2026

Lectio

1 El espíritu me llevó al pórtico que mira al este del templo, 2 y allí vi que la gloria del Dios de Israel llegaba del este. Producía un ruido semejante al de aguas caudalosas, y la tierra se llenó de su resplandor. 3 Esta visión era como la que tuve cuando el Señor vino a destruir Jerusalén, y como la visión que tuve junto al río Quebar. Yo caí de bruces en tierra, 4 mientras la gloria del Señor entraba en el templo por el pórtico oriental. 5 Entonces, el espíritu me arrebató y me llevó al atrio interior. La gloria del Señor llenaba el templo. 6 Oí que alguien me hablaba desde el templo, mientras aquel hombre estaba de pie a mi lado. 7 Me decía: "Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, donde pongo las plantas de mis pies y donde habitaré para siempre en medio de los israelitas" (Ez 43,1-7).

         La historia de Israel presentada por el profeta Ezequiel es una historia de infidelidades, pero con un final feliz. Los últimos capítulos del libro (Ez 40-48) están decididamente proyectados hacia el futuro, representado por la renovación del templo y de Jerusalén, hasta alcanzar el punto culminante expresado en la frase final que cierra todo el libro: "Desde aquel día, el nombre de la ciudad será Dios está Aquí" (Ez 48,35).

         Ezequiel se encuentra hoy en el atrio exterior del templo, y ve llegar la gloria de Dios. El movimiento de la gloria divina (acompañado de fragor y fulgor) toma la dirección de un retorno. Se había alejado del santuario (saliendo hacia el este), y ahora vuelve al santuario (desde el este, yendo hacia el interior, a través de la puerta oriental). El fulgor era exactamente como el que había visto junto a la orilla del Quebar (Ez 1,1), y más tarde en el momento de la destrucción del templo (Ez 10,1-22).

         Trasladado por el espíritu al atrio interior del templo, Ezequiel ve una nube de luz que llena el templo, como sucedió en el Exodo (Ex 40,32-36) y en el momento de la consagración del templo de Salomón (1Re 8,10). La voz divina descifra el significado de esta visión, y viene a decir que Dios ha vuelto a reinar en Israel, ha restablecido su trono en el templo, la restauración de Israel es definitiva y la presencia de Dios en medio de su pueblo será "para siempre" (v.7).

         ¿Termina aquí la historia de Ezequiel, con este final feliz? No del todo, porque nos queda todavía una alegre sorpresa que Ezequiel no conocía: que la presencia del Señor no tendrá su morada en el templo, sino en la carne humana (en Enmanuel, el Dios con nosotros, Jesucristo). Esta carne humana será la que diga al nuevo pueblo de Dios: "Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de este mundo" (Mt 28,20).

En aquel tiempo, 1 Jesús, dirigiéndose a la gente y a sus discípulos, 2 dijo: "En la cátedra de Moisés se han sentado los maestros de la ley y los fariseos. 3 Obedecedles y haced lo que os digan, pero no imitéis su ejemplo, porque ellos no hacen lo que dicen. 4 Atan cargas pesadas e insoportables, y las ponen a las espaldas de los hombres, mientras ellos no mueven ni un dedo para llevarlas. 5 Todo lo hacen para ser vistos por la gente. Ensanchan sus filacterias, alargan los flecos del manto, 6 buscan el primer puesto en los convites y los primeros asientos en las sinagogas, 7 tratan de ser saludados por la calle y que la gente los llame maestros. 8 Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Tampoco llaméis a nadie padre en la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre: el del cielo. 10 No os dejéis llamar preceptores, porque uno sólo es vuestro preceptor: el mesías. 11 El mayor de vosotros será el que sirva a los demás. 12 El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado" (Mt 23,1-12).

         El cap. 23 de Mateo contiene una serie de invectivas contra los fariseos y maestros de la ley, y marca la cima de la tensión acumulada desde el cap. 21. Aquí Jesús no se dirige directamente a ellos, sino a la gente y a sus discípulos, poniéndoles en guardia contra un peligro que siempre recorre la historia: la discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre la enseñanza y el ejemplo.

         La intención de Jesús no es aplastar a personas determinadas o rebatir sus doctrinas, sino denunciar su hipocresía, su interpretación de las cosas y la practica aberrante de una enseñanza orgullosa.

         Los vv. 1-4 desenmascaran a los fariseos en su actitud de fondo: el haberse apoderado de la autoridad, tanto de enseñanza como de legislación. Los vv. 5-7 desenmascaran a los fariseos en su obrar, pues "todo lo hacen para ser vistos", aparentar ser lo que no son, y con ello ser honrados sin tener que renunciar a su vida acomodada.

         En los vv. 8-12, Jesús pasa al vosotros, interpelando directamente a sus discípulos, a los de entonces y a los de todas las generaciones. Al contrario que en la ley judía, la verdadera grandeza en la Iglesia consistirá en ser pequeño, y la verdadera gloria en servir con humildad. En la comunidad de Jesús, todos tienen cabida, y los títulos y los honores son muy relativos, pues el maestro es sólo Jesús, y el Padre es sólo el del cielo.

Meditatio

         La página de hoy de Ezequiel refleja la línea teológica judía forjada en el exilio, que se prolongará tras el retorno a Jerusalén (s. VI a.C) y que gira toda ella en torno a esto: la reconstrucción de Israel, que implica la restauración del culto (en el templo de Jerusalén), la presencia de Dios y la asistencia del pueblo (con pureza y humildad) para recibir las abundantes bendiciones del Señor.

         El lugar sagrado, así como las fiestas (el tiempo sagrado), constituyen un elemento importante en toda religión, aunque tienen el peligro de ser convertidas en absolutas, en perjuicio de la prevalente actitud interior. Jesús hablará de una adoración "en espíritu y en verdad", y de que este espíritu sea el verdadero templo, la verdadera fiesta, el verdadero espacio y el momento de encuentro con Dios (Jn 4,23).

         Además del tiempo y del lugar sagrados, otro elemento importante en toda religión son las personas sagradas, o aquellas que están en relación más íntima con Dios y tienen la tarea de guiar a otros a Dios. Con todo, tales personas también corren el riesgo de asumir papeles que no les corresponden, o desvirtuar eso sagrado que custodian. Jesús hablará de dar testimonio y no tanto enseñar, provocar efectos en la gente y no despedirlos vacíos.

         La dura crítica lanzada por Jesús sigue siendo actual en nuestros días. Pablo VI recordó que "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan" (Evangelii Nuntiandi, 41), y Juan Pablo II repitió que "cada misionero lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad" (Redemptoris Missio, 90).

Oratio

         Señor, único Maestro, tú tuviste palabras severas para los escribas y los fariseos de tu tiempo, que habían usurpado la cátedra de Moisés. Perdónanos si algunas veces también nosotros, tus discípulos del III milenio, pretendemos ocupar tu sitio, enseñando con soberbia, legislando con arrogancia e imponiendo fardos insoportables.

         Con frecuencia nos apoderamos de tu Palabra, Señor, transformando la buena noticia de salvación en leyes costumbristas, y la comunicación de amor en fórmulas inútiles y huecas.

         Señor, nos gusta ser objeto de estima, de alabanza y de admiración, mientras que tú nos enseñas a servir con humildad. Nos gusta gozar de autoridad y prestigio, mientras que tú nos hablas de rebajamiento de nosotros mismos.

         Todavía hacemos en nuestras comunidades, Señor, muchas distinciones, tanto de nivel cultural como de posición social, siendo así que todos somos hijos de un mismo Padre y seguidores de un solo Maestro. Señor, perdónanos y convierte nuestro corazón y nuestras estructuras.

Contemplatio

         ¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos? Los discípulos iban discutiendo sobre quién sería el más grande en el Reino de los Cielos, justo al mismo tiempo que Jesús les estaba diciendo que "el que se exalta será humillado".

         Por eso, Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Os aseguro que, si no cambiáis, y os hacéis como este niño, no entraréis en el Reino de los Cielos". Efectivamente, el que se haga pequeño, ése es "el mayor en el Reino de los Cielos" (cf. Cromacio de Aquileya, Comentario de Mateo, II, 1-2).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Yo estoy entre vosotros como el que sirve" (Lc 22,27).

Conclusio

         La humilitas tiene que ver mucho con el sentido del humor. Sí, el que es humilde posee sentido del humor, no está centrado en sí mismo, es capaz de mirarse de una manera serena, se permite verse a sí mismo tal como es, saca las consecuencias (negativas y positivas) y se ríe de sí mismo.

         Te deseo, hermano, que el ángel de la humildad te dé el coraje de aceptarte tal como eres, y no te inventes otro yo al yo que eres tú. Entonces brotarán de ti la esperanza y confianza, y las transmitirás a quienes se topen contigo. Los demás verán en ti el coraje necesario para hacer también ellos lo mismo, y bajar a su realidad para subir después a la verdadera realidad.

         La humildad, entendida como el valor para mirar de frente la propia verdad, es el distintivo de una espiritualidad auténtica. El que se ha vuelto presuntuoso, o se sobreestima, o incluso se pone por encima de otros, no se ha conocido todavía ni ha descubierto su verdadera realidad (cf. Grun, A; Cincuenta Ángeles, Brescia 2000, p. 198).

 Act: 22/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A