9 de Junio
Martes X Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 9 junio 2026
Lectio
En aquellos días, 7 al cabo de algún tiempo se secó el torrente a causa de la pertinaz sequía. 8 Entonces, el Señor le dijo: 9 "Levántate y vete a vivir a Sarepta de Sidón. Yo ordenaré a una viuda de allí que te alimente". 10 Elías se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad, vio a una viuda recogiendo leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme un vaso de agua para beber". 11 Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó: "Tráeme también un poco de pan". 12 Ella le dijo: "Vive el Señor, tu Dios, que no tengo una sola hogaza. Sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza. Precisamente estaba recogiendo estos palos para preparar algo para mi hijo y para mí. Lo comeremos y luego moriremos". 13 Elías le dijo: "No temas. Ve a casa y haz lo que has dicho, pero antes hazme a mí una hogaza pequeña y tráemela. Para ti y para tu hijo la harás después, 14 porque así dice el Señor: No faltará harina en la tinaja ni aceite en la orza hasta el día en que el Señor haga caer la lluvia sobre la tierra". 15 Ella hizo lo que le había dicho Elías, y tuvieron comida para él, para ella y para toda su familia durante mucho tiempo. 16 No faltó harina en la tinaja ni aceite en la orza, según la palabra que el Señor pronunció por medio de Elías (1Re 17,7-16).
La mano del Dios de Israel obra también en tierra pagana y guía a Elías hacia una localidad costera del Líbano, donde tendrá asegurado el alimento. El prodigio que realiza es el signo que da autenticidad a su misión. No es, por tanto, Jezabel y sus falsos dioses, sino una viuda inerme, quien puede dar testimonio de la intervención de Yahveh en favor de los que en él confían.
Puesto que se trata de una extranjera, el episodio abre una perspectiva universalista que tomará cuerpo con el NT. Así, la viuda de Sarepta se convierte en el tipo de los paganos llamados a la mesa del Reino.
El sentido del episodio podemos tomarlo de la cita del mismo por Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,24-26), en que el profeta a quien no escuchan los suyos tiene más crédito en tierras paganas. Por otra parte, podemos establecer una comparación entre la viuda de Sarepta y la del evangelio (Mc 12,41-44; Lc 21,1-4), para subrayar su gran generosidad. Pero no sólo esto, pues la viuda se contrapone también a Jezabel, cuya insaciable avidez condena el autor sagrado (1Re 21,1).
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 13 "Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo, pero no puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. 15 Tampoco se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro, sino que se pone sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres, para que al ver vuestras buenas obras den gloria a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5,13-16).
Quien sigue el nuevo código de vida encerrado en las bienaventuranzas será sal de la tierra y luz del mundo. El vosotros enfático parece diferenciar la conducta cristiana de la conducta de los fariseos y los paganos, a quienes el Sermón de la Montaña hace referencia en más ocasiones. La responsabilidad del cristiano, por otra parte, tiene un valor cósmico y planetario.
La sal encierra una pluralidad de significados. En 1º lugar se trata de un condimento insustituible, que posee propiedades conservantes. En 2º lugar, se usaba en la realización de sacrificios (Lv 2,13) y asumía un carácter consagratorio. De ahí que, en caso de que hubiera perdido el poder de salar, pudiera ser pisoteada con un gesto desacralizador. En 3º lugar, la sal alude a la sabiduría (Mc 9,50), y con ella debemos condimentar nuestras palabras (Col 4,6).
Los discípulos son "luz del mundo" de manera similar a Cristo, que es la fuente de la misma (Jn 8,12). La expresión "acaso se trae la lámpara para taparla" suena al paralelo de Mc 4,21. Si la luz se pone bajo esa vasija de barro, o bajo el moyo (un recipiente con el que se medía el grano), se apaga inevitablemente (como se hacía en aquel tiempo, para apagar una luz sin que hiciera humo). Jesús volverá, a continuación, sobre la imagen de la luz (Mt 6,22).
Meditatio
El hombre "ha sido creado para realizar obras buenas" (Ef 2,10) para irradiar la luz que Cristo derrama sobre él (Ef 5,14). A este respecto, decía San Gregorio Magno que "el Señor, que es la lumen illuminans, o luz que ilumina, nos transforma en lumen illuminatum, o luz que se refleja sobre nosotros".
La comunidad de los iluminados (Hb 6,4; 10,32) viene a constituir aquel candelabro de oro, o imagen de la Iglesia donde Cristo establece su morada (Ap 1,13). El candelabro de los 7 brazos remite, en la tradición judía, a la totalidad del tiempo (la 1ª semana del Génesis) y a la totalidad de la persona (resumida en los sentidos superiores con sus siete orificios, con 2 ojos, 2 orejas, 2 narices y 1 boca).
Reflexionemos en qué medida irradian luz mis sentidos, a través de los que interactúo con la humanidad y con el cosmos. ¿En qué medida mis sentidos, encendidos por el fuego del Espíritu, se comunican con Dios?
Oratio
Señor, tú has dicho: "Venid a mí y seréis iluminados" (Sal 34,6), a forma de decir: Difunde tu luz en mi corazón. Enciende mis sentidos con el fuego del Espíritu de Pentecostés, para que pueda yo "caminar a la luz de tu rostro" (Sal 90,16). Concédeme irradiar tu luz en medio de los hombres, para hacer desaparecer las tinieblas de la ignorancia y del pecado.
Contemplatio
Después de haber exhortado a sus apóstoles, los consuela ahora Jesús con sus alabanzas. Dado que los preceptos que les había dado eran muy elevados y estaban infinitamente por encima de la ley antigua, para evitar que se quedaran turbados y dijeran ¿cómo podremos cumplir estas grandes cosas?, afirma a renglón seguido esto: "Vosotros sois la sal de la tierra".
Con estas palabras les muestra Jesús que era necesario darles aquellos grandes preceptos. En sustancia, viene a decir que esa enseñanza les será confiada a ellos no sólo para su vida personal, sino también para la salvación de todos los hombres. No os envío, parece decir Jesús, como fueron enviados los profetas de otros tiempos a un pueblo en particular, sino que os envío a la tierra, al mar, al mundo entero, a este mundo que vive en la corrupción.
Al decir "vosotros sois la sal de la tierra", da a entender Jesús que la sustancia de los hombres se ha vuelto insípida y se ha corrompido por los pecados. Por eso les exige sobre todo a sus apóstoles aquellas virtudes que son necesarias y útiles para convertir a muchos.
Cuando un hombre es sencillo, humilde, misericordioso y justo, no mantiene encerradas en sí mismo esas virtudes, sino que hace que esas fuentes excelentes broten de su alma y se difundan en beneficio de los otros hombres. Por otra parte, quien tiene un corazón puro, y es pacífico, y sufre persecuciones a causa de la verdad, pone su vida al servicio de todos.
Si no tenéis suficiente virtud para comunicarla a los otros, parece concluir Jesús, tampoco tendréis bastante para vosotros mismos (cf. San Juan Crisóstomo, Comentario de Mateo, XV, 6).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vosotros sois sal, sois luz" (Mt 5,13).
Conclusio
Se impone la pregunta sobre cómo debemos entender hoy estas afirmaciones de Jesús transmitidas por Mateo. Más concretamente, ¿a quién se refiere al decir "vosotros sois la sal de la tierra", "vosotros sois la luz del mundo", "vosotros sois una ciudad situada en la cima de un monte"?
Personalmente, me costaría mucho aplicarme a mí estas expresiones. Pero también se me plantean muchas dificultades a la hora de referirlas a la Iglesia de hoy. Pienso más bien en esas personas y comunidades que, dentro de la Iglesia (y fuera de la misma), viven las bienaventuranzas o se esfuerzan en hacerlo. Pienso en los pobres, en aquellos que se muestran solidarios con los oprimidos, en cuantos se comprometen con un mundo más justo sin recurrir a la violencia, y en otros más.
Podría suceder que también yo forme parte de ésos. Lo espero. Podría ser que toda la Iglesia fuera un día sal de la tierra y luz del mundo. Lo espero. Ahora bien, si no pertenezco ya a esta categoría de bienaventurados, es importante que sepa que los destinatarios de las bienaventuranzas, los discípulos y las discípulas de Jesús hoy, podrían ser para mí luz, podrían ayudarme a descubrir el sentido de la solidaridad.
Una cosa es cierta: que quien quiera ser hoy sal de la tierra, y luz del mundo, no puede volverse él mismo mundo, sino que debe seguir unas huellas diferentes, las huellas dejadas por Jesús, aun cuando choque con el modo de ver y de juzgar de la sociedad y de la Iglesia (cf. Venetz, H. J; Discurso de la Montaña, Brescia 1990, p. 44).
Act:
09/06/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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