Comentario del 11 julio, San Benito

Mt 19, 27-29
11 de julio de 2019

           Jesús había advertido a sus discípulos del peligro de las riquezas, que con frecuencia acaban convirtiéndose en un obstáculo difícil de superar para acceder al Reino de los cielos. La dificultad se hace patente en esa imagen empleada por el Maestro que provocó el espanto de sus discípulos: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los cielos.

           En este contexto, Pedro, quizá asumiendo la portavocía de los demás, se dirige a Jesús con estas palabras: Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? Pedro tiene conciencia de haber dejado muchas cosas, y cosas muy valiosas, por seguir a su Maestro: casa, trabajo, familia, proyectos de vida y de ganancia, etc. En su incorporación a esta aventura ha dejado cosas tan importantes para él que tiene la impresión de haberlo dejado todo, cuando todavía le quedaban cosas por dejar, como demuestra su propia historia personal; porque acabará dejando la misma vida en el empeño. Y puesto que lo ha dejado todo, espera obtener algún beneficio a cambio: ¿qué nos va a tocar?

           En su respuesta, Jesús les muestra un horizonte glorioso: ocuparán tronos, regirán tribus, serán hallados dignos de compartir con él gloria y honor. Pero tendrán que esperar al momento de la renovación. Sólo cuando llegue ese momento y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria podrán sentarse con él para regir desde sus respectivos tronos a las doce tribus de Israel. No hay mayor honor para un judío que el de ocupar ese trono desde el que poder gobernar. Ocupar el trono es tener el dominio, el reconocimiento y la disponibilidad de todo lo que cae bajo su poder.

           Y añade: El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Esto es precisamente lo que habían dejado ellos, al menos temporalmente; y para dejar padre o madre, hermanos o mujer, tuvieron que aflojar, si no romper, lazos afectivos muy fuertes. Esta ruptura o separación era, sin embargo, una exigencia inevitable del seguimiento de Jesús. Pues bien, los que hayan dejado "cosas" tan queridas y apreciables –precisa el Señor- no quedarán sin recompensa, recibirán cien veces más de lo que dejaron en posesiones; por tanto, una familia más numerosa, otras madres, hermanos y hermanas e hijos; y lo recibirán en esta vida, porque más allá de la misma les espera una herencia más maravillosa aún: la vida eterna, que es algo con lo que nada de este mundo (ya dejado, ya encontrado) se puede comparar.

           He aquí la promesa de los que lo dejaron todo por seguir a Jesús: una promesa de vida y bienaventuranza que sigue estando en el ánimo de los que hoy como ayer han emprendido el camino del seguimiento del Señor, como lo hizo en el pasado san Benito y lo siguen haciendo todavía hoy otros muchos, estimulados por el ejemplo de los apóstoles.

           Para Benito de Nursia seguir a Jesús implicaba dejar muchas cosas (casas, posesiones, familia, carrera, proyectos de vida secular) para iniciar una vida en soledad y apartamiento del mundo, una vida eremítica que llevó a cabo en las montañas de Subiaco y prolongó en Montecasino. Ya otros antes que él, desde los tiempos de san Antonio Abad, habían interpretado el seguimiento de Jesús en los mismos términos monásticos de pobreza, castidad y obediencia, que se perpetuarán en una tradición de largo recorrido, aunque con diversidad de realizaciones.

           No todos estamos en disposición de emprender o reemprender este camino; pero, sea cual sea la circunstancia en la que nos encontremos, siempre tendremos ocasión de seguir a Jesús, porque el modo del seguimiento no es único, aunque acabe exigiendo el mismo grado de entrega. No olvidemos la magnífica recompensa que se nos promete: en esta vida el ciento por uno y después la vida eterna.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID, Dr. en Teología Patrística

 Act: 11/07/19     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A