Comentario, Lunes XVII Ordinario

Mt 13, 31-35
27 de julio de 2020

 

           Jesús habla del Reino de los cielos, una realidad en gran medida intangible y misteriosa, pero tan rica en matices y aspectos que no puede aludir a ella sino con parábolas o comparaciones. Es su modo de anunciar lo secreto desde la fundación del mundo. El Reino de los cielos –decía- se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Jesús prefiere hablarnos no de lo que es, sino de aquello a lo que se parece el Reino de los cielos: a un grano de mostaza.

           ¿Y por qué a un grano de mostaza? Porque es una semilla muy pequeña (la más pequeña, dice la parábola), pero que crece hasta convertirse en un arbusto capaz de dar cobijo a los pájaros entre sus ramas. Por tanto, algo muy pequeño, pero con gran capacidad de crecimiento. También la levadura (la segunda comparación referida al Reino) que se amasa con tres medidas de harina es muy pequeña en relación con la masa con la que se mezcla, pero tiene un enorme potencial, porque es capaz de fermentar toda la masa.

           La física nos ofrece ejemplos todavía más elocuentes. Pensemos en la energía atómica, esa energía encerrada en algo tan minúsculo como un átomo, pero que posee una potencia extraordinaria, capaz de hacer saltar por los aires masas de grandes dimensiones. Es la potencia encerrada en lo pequeño. Hasta el universo expandido de colosales dimensiones que conocemos hoy, con una edad aproximada 13.700 millones de años, se hallaba –según la opinión mayoritaria de nuestros científicos- concentrado en sus comienzos en una singularidad del tamaño de un átomo. ¿No resulta también ésta una buena imagen para referirnos al Reino de los cielos?

           En cualquier caso, algo muy pequeño en sus orígenes, pero con una capacidad de desarrollo y de transformación inimaginables. Según esto, no debe extrañarnos la insignificancia de sus comienzos. Porque lo que nos encontramos en la historia es un pequeño grupo, formado por doce miembros, en una reducida y apartada región del Medio Oriente (Palestina) que empezará a dispersarse y a multiplicarse por toda la cuenca del Mediterráneo en diferentes comunidades que se irán implantando en regiones cada vez extensas y lejanas hasta alcanzar nuevos continentes. Nos encontramos también con un mensaje, el del evangelio, que se irá introduciendo progresivamente en la cultura y en las artes hasta transformarlas, como si de un proceso de fermentación se tratase, en cultura cristiana y hacer de las personas afectadas por esta levadura otros cristos.

           El Reino de los cielos como realidad inserta, a modo de semilla o levadura, en nuestro mundo hace de su espacio y de su tiempo coordenadas que llevan la marca de lo cristiano, o espacio y tiempo en los que opera ya la gracia salvífica aportada por el Redentor. También podemos apreciar retrasos o interrupciones en ese proceso de crecimiento propio de esta misteriosa realidad que es el Reino. El mismo Jesús cuenta con la presencia de factores contrarios u obstaculizantes, cuenta con la intervención del enemigo que siembra la cizaña y con la acción opositora de los partidarios del Maligno, cuenta con la campaña del Anticristo y la irrupción de las persecuciones, cuenta con la dura oposición del que está siempre presto a hacer la guerra a Dios, el diablo.

           Pero ¿qué fuerzas humanas o diabólicas podrán impedir la realización de los designios divinos? ¿Es que hay fuerza creatural capaz de imponerse al poder del Creador? Jesús certifica con su palabra la victoria final de la empresa de Dios: Los poderes del infierno no la derrotarán. Confiemos, por tanto, en la extraordinaria potencia de esta realidad que ya ha comenzado a germinar en nuestro mundo y que no es otra que la potencia de Dios en ella. Tal es la fuerza que sostendrá la presencia creciente del Reino de los cielos en nuestro mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID, Dr. en Teología Patrística

 Act: 27/07/20     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A