Comentario, Martes XXI Ordinario

Mt 23, 23-26
27 de agosto de 2019

           La diatriba de Jesús contra los fariseos continua su curso: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.

           Estas palabras nos descubren lo nuclear de la crítica de Jesús a la conducta de los fariseos: que descuidan aquello a lo que había que prestar más atención por ser lo más grave de la ley, a saber, el derecho (=lo que es conforme a la justicia), la compasión (que empuja a apiadarse de todo prójimo necesitado) y la sinceridad (que es lo más opuesto a la hipocresía). Sobre estos tres pilares tendría que apoyarse su entero comportamiento. En este capítulo es en el que tendrían que concentrar todos sus esfuerzos, aunque sin descuidar obligaciones como la del pago de los diezmos, que no deja de ser un asunto menor. Incurren, pues, en un error de valoración.

           Ahí radica su ceguera. Y esto mismo les lleva a filtrar el mosquito y a tragarse el camello y a quedarse en el arreglo de lo exterior, olvidando que lo exterior depende de lo interior, y que para que lo exterior pueda aparecer ordenado y limpio es preciso ordenar y limpiar primero lo interior. ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

           De nada sirven los lavados externos si no se atiende a la limpieza interior, porque dentro es donde se confeccionan las malas acciones, robos y desenfrenos, y si queremos obtener la limpieza es necesario llegar a ese punto donde se acumula la suciedad. De nuevo Jesús orienta nuestras miradas hacia el interior de nosotros mismos, donde se cuecen los buenos y los malos propósitos. Si no llegamos a purificar este ámbito de nuestra personalidad, de nada servirán las purificaciones externas por muy abundante que sea el detergente empleado.

           Luego lo que Jesús critica en los fariseos es que no presten atención a lo realmente importante, a lo que es verdaderamente grave en la vida y, por eso, importa también al Dios justo, compasivo y fiel que reclama justicia, misericordia y sinceridad de sus hijos. También censura que se queden en puras exterioridades y no desciendan a ese subsuelo en el que acontecen los movimientos sobre los que pivotan nuestras acciones. ¿No sigue teniendo vigencia esta crítica en nuestros días? ¿No pone al descubierto también nuestras carencias y cegueras? ¿No nos obliga a replantearnos nuestras prioridades y atenciones? ¿No nos quedamos también nosotros en lo que carece de importancia o en puras exterioridades? ¿No filtramos también nosotros el mosquito y nos tragamos el camello?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID, Dr. en Teología Patrística

 Act: 27/08/19     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A