Comentario, Viernes XXXI Ordinario

Lc 16, 1-8
8 de noviembre de 2019

           Jesús se dirige a sus discípulos con una nueva parábola: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: -¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.

           Ya en otras parábolas, Jesús había recurrido a los mismos personajes para significar que la vida humana es gestión o administración de unos bienes que pertenecen en propiedad a otro, a saber, a ése al que hay que dar cuenta definitiva de semejante gestión. Se trata de unos bienes recibidos en medida desigual, unos talentos, de los que hay que responder dándoles una productividad.

           En esta parábola, comparece también la idea de la administración. Pero la exigencia del balance por parte del propietario se anticipa porque le ha llegado la denuncia de que sus bienes están siendo mal administrados. El dueño da crédito a esa denuncia y pide a su empleado el balance de la gestión porque ha decidido despedirle. Y aquí viene la estrategia de aquel "injusto" administrador que merece la felicitación de su amo por haber procedido con tal astucia.

           El administrador, sorprendido en su mala gestión, reflexiona en su nueva situación. Quedará sin empleo, carente de fuerzas para trabajar y sin la desvergüenza necesaria para vivir pidiendo limosna; por tanto, en una situación poco recomendable y muy lastimosa. Ante panorama tan sombrío, idea una estrategia para ganarse amigos o al menos personas que le reciban en su casa cuando él se vea en la calle. Va llamando uno por uno a los deudores de su amo reduciéndoles el tamaño de la deuda en un porcentaje considerable: el cincuenta, el veinte por ciento, etc. De este modo piensa poderse granjear la hospitalidad de todos estos deudores que han visto muy reducida su deuda debido a sus artes manipuladoras.

           La última actuación del administrador al frente de la gestión encomendada no deja de ser injusta. Por eso, el amo que felicita a su administrador por este último movimiento no deja de tenerlo por injusto, pero le felicita por la astucia con que ha procedido, esa astucia que brilla más entre los hijos de este mundo que entre los hijos de la luz. Y el amo –concluye el pasaje de este día que tiene continuación- felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

           La actuación del administrador es ciertamente injusta porque se sirve de un dinero que no es suyo para ganarse amigos; pero es también lúcida e inteligente (astuta) porque de este modo consigue abrirse puertas que le serán muy útiles cuando se vea despedido del trabajo. Es un proceder propio de un hijo de este mundo que merece ser elogiado por su lucidez. Una inteligencia similar a ésta tendrían que emplear los hijos de la luz para ser recibidos en las moradas eternas, aunque para ello tengan que servirse del dinero injusto: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

           Si logramos dar al dinero, nunca del todo "justamente" adquirido, esta utilidad, habremos hecho una cosa muy importante en nuestro favor. Nos habremos ganado amigos que intercederán por nosotros a la entrada de las moradas eternas. No se nos cerrará la puerta por desconocidos. Pero ¿cómo hacer amigos con el dinero, ya sea justo o injusto?

           No creo que la amistad pueda comprarse con dinero, pero sí puede ganarse con la limosna, siempre que ésta sea expresión de verdadera caridad o de auténtica compasión. La compasión sostenida es un buen instrumento para ganarse la gratitud y la amistad de alguien. Y la benevolencia expresada en la limosna es seguramente el medio más idóneo para cosechar benevolencia y engendrar amistad. Luego el dinero que se transforma en limosna o en acto de compasión gana realmente amigos y partidarios. Y si los pobres son los predilectos de Dios –esos últimos que serán los primeros-, ellos serán los que nos den la bienvenida a las puertas de las moradas eternas.

           Convendrá, por tanto, tenerlos por amigos; aunque el juicio no les corresponda a ellos, sino al Hijo del hombre, Juez universal. Pero si el juicio no les corresponde a ellos, versará sin embargo sobre el trato que les hemos dispensado: Y dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer… Seamos, pues, inteligentes en el uso de los bienes que Dios ha puesto en nuestras manos para hacer de ellos una "justa" y "adecuada" gestión, una gestión conforme a su voluntad, que tiene en cuenta las necesidades propias, pero también las de los demás, sobre todo, las de los más necesitados. No dar a "nuestros" bienes este uso es defraudar o malversar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID, Dr. en Teología Patrística

 Act: 08/11/19     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A