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Comentario, Lunes VI de Pascua

Jn 15, 26-16, 4
18 de mayo de 2020

            Jesús es consciente de que su vida terrena ha llegado a su término; pero la misión para la que ha sido enviado no quedará truncada; tendrá continuidad. Para eso precisamente hará acto de presencia un enviado suyo, el Paráclito, el Espíritu de la verdad. Él prolongará su misión en la historia junto con sus discípulos-testigos. Él mismo se encargará de enviarlo desde el Padre, una vez que haya vuelto al Padre. Y si la misión principal del Hijo había sido dar testimonio del Padre, la misión del Espíritu consistirá esencialmente en dar testimonio de Jesús junto con aquellos testigos que habrán permanecido con él desde el principio. Semejante testimonio tendrán que darlo en las situaciones más diversas y adversas, en medio de pruebas y dificultades: Os excomulgarán de la sinagoga –y así fue, los primeros cristianos fueron expulsados literalmente de la sinagoga-; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte, pensará que da culto a Dios, puesto que creerá que elimina un elemento maléfico, o cismático, o herético. Pero esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Jesús invoca, pues, un motivo de ignorancia. Es este desconocimiento ‘culpable’ de su persona y de Dios Padre el que les llevará a incurrir en semejante error, confundiendo la verdad con la mentira y creyendo contribuir a extirpar el mal mientras se está dando muerte a un cristiano, es decir, a otro cristo y, por tanto, a otro ungido por el Espíritu y enviado de parte del Padre.

            Con estas palabras Jesús quiere ponerles sobreaviso, para que cuando sucedan estas cosas no se derrumben y conserven la fe que les permita mantenerse en pie. Os he hablado de esto no para meteros miedo, sino para que no se tambalee vuestra fe. Es importante que sus testigos mantengan la fe, porque sin fe todo se vendría abajo: cesaría el testimonio (o la evangelización) y se interrumpiría la misión. Ya no habría conversiones, ni se incrementaría la vida cristiana en el seno de las comunidades. Pero el Paráclito, también testigo de Jesucristo, no puede permitir esta ruina; no puede permitir, por tanto, que se debilite la fe de los testigos hasta el punto de desaparecer. Y si llegase a extinguirse una generación de testigos, suscitaría otra; pues la misión del enviado de Jesús desde el Padre, que consiste en dar testimonio de él, no puede apagarse. Y el Espíritu sólo puede dar testimonio por medio del testimonio de los testigos del Resucitado. Si no los hubiere, tendría que inventarlos o sacarlos de las piedras. Confiemos, pues, en la acción del Espíritu cuya fuerza es infinitamente superior a cualquier otra fuerza humana o sobrehumana. Y pidamos al Señor que nos mantenga firmes en la fe.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID, Dr. en Teología Patrística

 Act: 18/05/20     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A