26 de Enero
Santos Tito y Timoteo
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 26 enero 2025
Meditación
Según la breve narración de hoy del evangelista, parece como si Jesús y sus discípulos hubiesen hecho un alto en el camino de su frenética actividad, y hubiesen vuelto a casa con intención de descansar. Pero no es la única vez en que se alude a este intento, pues la gente no les dejaba en paz, y eran tantos los que iban y venían que no les dejaban tiempo ni para comer.
Esta precisión es significativa, pues tanto Jesús como sus discípulos estaban tan absorbidos por las demandas de la gente, que no les quedaba tiempo ni para las tareas más necesarias.
Pero si Jesús atendía a estas demandas es porque le importaban las personas que acudían a él, porque sentía lástima de ellos, porque amaba a la humanidad en su concreta situación. Jesús se deja hasta tal punto comer que no tiene tiempo ni para comer.
Esta entrega era preludio de su disposición a morir por el hombre, de su entrega hasta la muerte y muerte de cruz. El que por atender a la humanidad doliente y necesitada dejó de ser dueño de su propio tiempo hasta no tenerlo para comer, acabó dándose a comer en su cuerpo crucificado y glorioso para provecho de esa misma humanidad. Tal es nuestro Cristo eucarístico.
Pero aquella entrega y actividad en favor de los demás no fue entendida por todos. Y los primeros en no entenderla fueron los más próximos a él por razón del parentesco: los de su propia sangre. El evangelista destaca esta incomprensión con una escueta pero elocuente frase: Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. No precisa qué miembros de su familia, y menciona a la familia sin más precisiones.
Está claro que la actividad profética iniciada por Jesús no había caído bien en el seno de su familia, que empezó a sospechar que el hijo de María, tal vez su primo o su sobrino, había perdido la cabeza con esos sueños de grandeza mesiánica que le habían llevado a la plaza pública. Jesús fue un incomprendido en su círculo familiar más próximo.
Aquello tuvo que apenarle y entristecerle, pero no por ello iba a abandonar la misión que el Padre le había confiado, sino que tenía que seguir adelante, a pesar de estos intentos de retenerle o apartarle de la misma.
Su familia le tuvo por loco. Más adelante, otros le tendrán por malhechor, heterodoxo y blasfemo. Algunos incluso le tendrán por revolucionario y alborotador. Pero él no se desviará de su camino, el camino marcado por la voluntad del Padre, hasta ver consumada su hora en el Calvario. Es la actitud de un hombre convencido de lo que hace y dispuesto a recorrer su camino existencial con todas las consecuencias.
La convicción y el testimonio de amor de Jesús, hasta el extremo y hasta la entrega total de la propia vida, son nuestra fuerza, aunque puedan también infundirnos un cierto temor (pues dicha radicalidad acaba poniendo en cuestión el valor de nuestra propia vida temporal, que tanto apreciamos).
Act:
26/01/25
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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