27 de Abril

Lunes IV de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 27 abril 2026

Meditación

         Jesús dirige hoy la palabra a los fariseos, y recurre a la Alegoría del Pastor y las Ovejas para describir las relaciones que han de establecer sus seguidores con él. Sobre todo, a la hora de describir la puerta por la que se entra en el aprisco:

"El que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a las ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

         Entre el "pastor de las ovejas" y el "salteador o bandido", por tanto, hay mucha diferencia. En 1º lugar, el pastor usa la puerta para entrar en el lugar donde se encuentran las ovejas, y la puerta se le abre sin dificultad porque es reconocido como pastor. Y en 2º lugar, el pastor no entra en el aprisco para robar ni para matar, sino para conducir a sus ovejas hacia los pastos abundantes.

         Con este fin el pastor va llamando a las ovejas por su nombre, porque las conoce una a una en su singularidad. Y las ovejas atienden a su voz porque reconocen en ella la voz de su pastor. Es decir, esa voz les inspira confianza, mientras que la voz de los extraños despierta en ellas recelo y desconfianza, provocando un movimiento de huida.

         La voz del salteador o del ladrón es siempre la de un extraño, el cual no busca el bien de las ovejas sino el suyo propio. Se trata de un extraño que no repara en el daño causado, porque persigue únicamente su propio interés; que no evita la dispersión, substracción o muerte de las ovejas, porque no le importan las ovejas. Como el guarda no le abre la puerta, él salta por otro lado (la empalizada), y provoca el desconcierto y el temor entre las ovejas (las cuales huyen porque desconocen su voz).

         Hasta aquí el discurso fluye con normalidad, y hasta los fariseos podrían dar su asentimiento. El problema surge en el momento en que se pone rostro a los personajes de la alegoría, especialmente al salteador (ladrón y bandido). Y es que Jesús, desentrañando el significado de la metáfora, sentencia: Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.

         Cualquiera hubiera esperado que se Jesús se identificara con el pastor, y no con la puerta. De hecho, también lo hace. Pero aquí se identifica con la puerta, confiriendo a la imagen un significado más trascendente al que podría deducirse. Y es que la puerta es la que permite entrar al pastor, y tener un contacto natural con sus ovejas. La puerta sólo se abre para el pastor y para las ovejas, y no para el ladrón ni los lobos.

         Desde estos presupuestos, el razonamiento de Jesús resulta lógico: Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

         Dicho todos no puede entenderse de un modo absoluto, ¿o es que no ha habido profetas, anteriores a él, que no han sido ladrones y bandidos, y que sí han buscado el bien de las ovejas? ¿O es que no ha tenido Jesús precursores como Juan el Bautista, que le han preparado el camino mesiánico? No parece, por tanto, que todos los venidos antes que él hayan sido malos pastores, pero ¿pudieron entrar por la puerta, que es Jesús mismo, para contactar con sus ovejas? Sobre todo, porque fueron anteriores a él.

         En cierto modo sí pudieron, y en cierto modo no. Sí pudieron en la medida en que le prepararon el camino, se convirtieron en sus precursores y trazaron un camino que desembocó en esa puerta que es Jesucristo.

         Ya hemos comentado, a propósito del Discurso del Pan de Vida, que Jesús ofrece su carne como comida. Luego él no es sólo la puerta que da acceso, sino el mismo pasto del que las ovejas se alimentan para tener vida. A juicio del evangelista Juan, Jesús lo es todo en relación con las ovejas: su pastor, su puerta y su pasto.

         ¿Y es concebible un pastor en la Iglesia de Cristo que no haya entrado por él, que no haya sido hecho por él (por su imposición de manos, o la de un sucesor suyo), que no se haya imbuido de su doctrina, que no refleje su voz, que no se haya configurado con él (con sus actitudes y estilo de vida), que no comulgue con sus criterios, que no comparta sus anhelos y esperanzas?

         Lo es, y por eso de lo que se trata es de entrar por él para hacer presente a él en nuestro mundo actual. Se trata también de que nuestro contacto con las ovejas se realice a través de él, no persiguiendo otra cosa que su bien (su salvación).

 Act: 27/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A