6 de Junio
Sábado IX Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 6 junio 2026
Meditación
En el pasaje evangélico de hoy comparecen también los letrados; pero en este caso como destinatarios de la enseñanza de Jesús. Jesús habla a la gente de los letrados, y les pone al corriente de lo que éstos últimos realmente esconden. Esto es, de su hipocresía (que hace de ellos personas de las que hay que cuidarse) y de sus vicios (la arrogancia, la presunción, la vanidad y la codicia):
"Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa".
En su crítica, Jesús se limita a describir lo que él ha visto, o lo que se deja ver en su conducta, empezando por su gusto por las reverencias y por su codicia de honores y bienes materiales. Y viene a decir que todo eso es lo que no hay que hacer, porque tras las apariencias viene lo que realmente se esconde, y lo que hace realmente de ellos sepulcros blanqueados.
El contraste con esta conducta lo pone la viuda pobre de la que se habla a continuación, como modelo a seguir. También ella oculta algo (su generosidad) que no se deja ver bajo las apariencias (su escaso donativo, de apenas dos reales) de su acción (que ella deposita en el cepillo del templo). Pero en este caso su ocultación no es hipocresía, porque lo que ella oculta no es su donativo, sino su donación.
Recuerda el evangelista que, estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero. La observación de Jesús se circunscribe a una situación bien definida: un espacio religioso y en el momento de la ofrenda
.Jesús observa la conducta de los demás, aunque no con el ánimo de fiscalizar sino de aleccionar a sus discípulos. Muchos ricos, precisa el evangelista, echaban en cantidad (una cantidad acorde con sus posesiones dinerarias), pero de repente se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Tratándose de una viuda en situación de necesidad, lo que dispone es una pequeña cantidad (dos reales) para la limosna del templo. Y aunque eso era todo lo que tenía para vivir, a pesar de todo se desprende de ello, mereciendo la moraleja de Jesús: Os aseguro que esta pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.
Jesús mide y valora la grandeza de una persona, por tanto, no por lo que da, sino por aquello de lo que se desprende. La pobre viuda ha echado más que nadie, no porque haya entregado mayor cantidad de dinero (pues no podía hacerlo, porque no lo tenía), sino porque ha dado lo que necesitaba para vivir; y evidente es que el que da lo que necesita no da lo que le sobra, por muy pequeña que sea su donación.
Como se ve, el valor de la donación no está en la cantidad objetiva que se entrega, sino en el grado de desprendimiento que exija su determinada entrega, aunque ésta sea objetivamente muy pequeña en términos de cantidad. Según este criterio, los dos reales de la viuda tenían un valor muy superior a las grandes cantidades de dinero que echaban los ricos. La limosna de éstos estaba compuesta de elementos sobrantes, y la de la viuda de elementos necesarios.
La pobreza de la viuda le ha permitido echar más que nadie, y en este sentido podría decirse que la viuda era más rica y generosa que los demás, o que había echado más que los demás. Dios, que ve el corazón del hombre, puede juzgar la grandeza y la calidad.
Jesús quiere que tomemos conciencia de esta mirada de Dios, que ve más allá de las apariencias y que sabe estimar el verdadero valor de las cosas y de las acciones. Sólo este conocimiento nos permite evaluar en sus justos términos la acción. Pidamos al Señor adquirir esta mirada (que es la suya), para saber enjuiciar en sus justos términos la conducta propia y la de los demás.