5 de Junio

Viernes IX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 5 junio 2026

Meditación

         De Jesús se dice hoy que no sólo hablaba con autoridad, sino que la gente disfrutaba escuchándolo. Pero no todos le escuchaban con gusto, porque para algunos el discurso de Jesús resultaba escandaloso, y para otros un motivo de escándalo. En este caso, se nos dice que Jesús enseñaba en el templo, territorio de escribas y fariseos, de la guía espiritual y del magisterio.

         Pues bien, si en otros lugares habían sido los letrados quienes habían intentado poner en aprietos a Jesús (con sus preguntas capciosas), en este lugar es Jesús el que pone bajo aprietos la doctrina de los letrados. Sobre todo a propósito del Mesías, en referencia a esas gentes que le obsequian con su atención y disfrutan con sus disquisiciones exegéticas. En concreto, con la siguiente pregunta-objeción:

"¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies. Y aquí viene la objeción: Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?".

         En efecto, no parece coherente llamar señor a un hijo. Sin embargo, es lo que hizo el rey David con el Mesías, su descendiente prometido y, por tanto, su hijo (según el criterio de los entendidos en las Sagradas Escrituras). Como se ve, también Jesús disfruta poniendo en aprietos a estos especialistas en Biblia.

         Pero la pregunta tenía respuesta, y aunque Jesús no la formula expresamente, lo harán otros en su lugar, como San Pablo. En concreto, explica el apóstol que "el que es hijo de David según la carne, es también su Señor según el espíritu". Es decir, que "el nacido del linaje de David es al mismo tiempo el nacido de Dios Padre desde toda la eternidad", esto es, el Hijo de Dios.

         Por eso nada tiene de extraño que David llame señor a su hijo. He aquí el misterio que explica la aparente incoherencia o rareza de un padre (David) que llama señor a su hijo o descendiente. Cuando los letrados dicen que el Mesías es hijo de David no yerran, por tanto. Y cuando David llama Señor al Mesías tampoco, porque en la misma persona confluyen el hijo de David y el Hijo de Dios.

         La dificultad exegética que plantea Jesús parece estar invitando a los letrados a una reflexión ulterior, que les permita ver en el Mesías no sólo al hijo de David, sino al Señor de David, como lo reconoce el mismo David. Para el que tiene el señorío del pueblo de Israel, dicho Señor no puede ser otro que Dios, su Dios.

         Esta invitación de Jesús, a reconocer como Señor al Mesías, se hizo pronto extensiva por toda Jerusalén. Y si el gran David reconoció al Mesías como su Señor, mucho más hemos de reconocerlo nosotros, después de tantos siglos de historia y de tantos signos de credibilidad.

 Act: 05/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A