17 de Febrero

Martes VI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 17 febrero 2026

Meditación

         Nos dice hoy el evangelista Marcos que, en cierta ocasión, Jesús les hizo esta recomendación a sus discípulos: Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.

         El modo en que aquellos discípulos entienden la advertencia de su Maestro es muy reveladora, pues muestra a las claras su torpeza y cortedad de miras. Era evidente que Jesús no se estaba refiriendo a la levadura del pan que habían olvidado llevar en la barca, y que no era ésta la levadura de los fariseos. Pero los discípulos no entendían casi nada.

         Aplicándose al papel del paciente pedagogo, Jesús, como si se dirigiera a niños pequeños, se entretiene en recordarles las cestas de pan recogidas cuando repartió 5 panes entre 5.000 personas. Y a dejarles claro que la escasez de pan no era algo que le preocupara, pues podía hacer panes sin necesidad de levadura. Lo que sí le preocupa a Jesús es que sus discípulos se dejasen contagiar por la mentalidad de los fariseos o la de Herodes, pues ambas eran nocivas y podían contagiárseles.

         La hipocresía farisaica (o levadura de los fariseos, frente a la cual Jesús pone en guarda a sus discípulos), es principalmente levadura, y como buena levadura puede acabar fermentando la masa social en la que está inserta.

         La hipocresía de Herodes es de diversa índole a la farisea, pues más que contagiar el mundo religioso (aparentando piedad, podredumbre interior...) tiene un carácter político (aparentando honorabilidad, pero bajo los títeres lacayos del gobernante de turno). La hipocresía ayudaba a los fariseos a conservar su autoridad moral ante el pueblo, y a Herodes a mantenerse en el trono y a conservar sus privilegios y dominios.

         Las apariencias permitían a los fariseos aparecer rodeados de un halo de dignidad (que no se correspondía con la verdad), y aparecer a los ojos de todos como cabales cumplidores de la ley (limosneros, orantes, observantes del ayuno, guardianas de sábado...). Pero en su conducta había más de apariencia de piedad que de verdadera piedad, y así lo denuncia Jesús en multitud de ocasiones. De igual manera, la majestuosidad de Herodes trataba de aparentar dignidad, cuando en realidad era un hombre carente de ella.

         En definitiva, la hipocresía sirve para cubrir y ocultar ruindades, fealdades, mezquindades y corruptelas humanas. Y por eso es contagiosa, porque se presenta como un recurso fácil para alcanzar los objetivos o amparar ciertos intereses.

         De esta levadura es de la que quiere Jesús que se guarden sus discípulos, manteniéndose firmes en la verdad y auténticos en las palabras y en las obras. No obstante, no será una tarea fácil, por lo difícil que es mantenerse libres de un fermento tan poderoso y extendido.

         Pues bien, también nosotros recurrimos a las apariencias para ocultar la realidad. De hecho, ¡cuántas veces adoptamos comportamientos hipócritas! ¡Cuántas veces mostramos tan sólo la cara más amable de nuestra vida, o la imagen más aceptable de nuestra personalidad! ¡Cuántas veces ocultamos esos rasgos que pueden contribuir a nuestro desprestigio o difamación!

         La hipocresía es, realmente, contagiosa, y tenemos que guardarnos de ella si no queremos ser una víctima más de su poder fermentante. Es la recomendación de Jesús. Tened, pues, cuidado con esa levadura, que no es la que fermenta el pan sino la que se apodera del alma.

 Act: 17/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A