26 de Junio

Viernes XII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 26 junio 2026

Meditación

         El evangelio de Mateo narra hoy el encuentro de Jesús con un enfermo de lepra. El leproso, al ver a Jesús, cayó de rodillas ante él y le suplicó: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Al enfermo le mueve la fe que tiene en el sanador, y también su deseo de curación. Pero presenta su petición como una súplica, desde la conciencia de la propia indignidad.

         El leproso se acerca a Jesús como un mendigo que pide la limosna de la salud. Por eso se humilla ante él y solicita su favor. Y subordina su deseo a la voluntad del donante: Si quieres, puedes. Recurre a su poder, pero lo hace depender de su voluntad. Tiene fe en su poder, pero no quiere arrancarle el beneficio por la fuerza. Ante él se sitúa como ante su Señor, y le suplica que le sea concedida su gracia.

         Jesús, que siempre se deja mover a compasión, responde con prontitud a esta llamada de auxilio. No se hace de rogar, ve que las disposiciones del leproso (fe y humildad) son idóneas, e inmediatamente extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero, queda limpio. Y en seguida, nos dice el evangelista, le dejó la lepra.

         Finalmente, Jesús recomienda al leproso que no divulgue el hecho, y que se presente (tal como estaba mandado en la ley levítica) al sacerdote para confirmar la curación y reintegrarse a la vida social. También le pide que ofrezca por su purificación lo mandado por Moisés, para obrar con rectitud y ejemplo testimonial.

         Con tales recomendaciones, se pone de manifiesto que Jesús también está pendiente de los detalles, y que quiere evitar cualquier elemento que pueda ser nocivo para la misión, como el caso de una futurible mala conducta del leproso que provocase el escándalo (al margen de las normas levíticas).

         A pesar de estas recomendaciones, el prestigio de Jesús como sanador iba en aumento, y por mucho que se intentara ocultar el hecho, o evitar la publicidad, lo cierto es que poco se podía conseguir en este sentido, porque siempre había testigos y porque todas sus obras resultaban admirables.

         La sola presencia (pública) del Maestro con sus palabras y acciones generaba publicidad, y ésta fama. Por eso atraía a las multitudes y se hablaba de él cada día más. Cuando esto sucedía, Jesús se retiraba al descampado, y allí se entregaba a la oración. Si las multitudes tenían necesidad de él, porque estaban como ovejas sin pastor, él tenía necesidad de estar a solas con su Padre.

         Ante el Señor todos somos leprosos, enfermos e indigentes. Y todos estamos necesitados de algo, y tenemos algo que suplicar. Todos podemos acudir a él, y como el leproso del evangelio solicitar su favor (= gracia). Ojalá lo hagamos, con la convicción de que seremos escuchados con prontitud.

         Pero esto requiere fe y humildad, pues ¿cómo acudir sin fe? ¿O cómo tener fe sin humildad? La fe precisa una base muy sólida de humildad, y sin esta tierra (= humus) no puede florecer la fe (= flor). Pidamos que el saber no nos robe la humildad, y que la humildad mantenga viva nuestra fe.

 Act: 26/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A