10 de Julio

Miércoles XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 10 julio 2024

c) Meditación

         La elección de los 12 apóstoles por parte de Jesús representa un momento cimero en la conformación del nuevo pueblo de Israel, porque esto es lo que evoca el número al que el elector se ajusta, el nº 12, en representación de las 12 tribus de Israel. El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia de Jesús, también estará representado por doce, los Doce. Ellos constituyen el núcleo y germen de la futura Iglesia cristiana.

         A los 12 elegidos, leemos hoy en el evangelio, Jesús les dio autoridad (que no es tan sólo autorización) y potestad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

         Tales serán, por tanto, los rasgos característicos de su misión: expulsar la inmundicia del mundo (esto es, el pecado, que tiene como principal inductor e impulsor al demonio) y curar enfermedades (entre las cuales puede contarse también el pecado). Se trata, en definitiva, de la lucha contra el mal, en todas sus manifestaciones.

         Pero el evangelista no se limita a consignar el hecho de la elección de los Doce, sino que nos ofrece también sus nombres, algo que confiere mayor relieve histórico a la elección. Algunos de ellos van acompañados de referencias parentales, otros de apellidos y otros de sobrenombres que indican sus procedencias. Veámoslos.

         Andrés es hermano de Simón Pedro, y Juan es hermano de Santiago, el Zebedeo. Comparece también otro Santiago, el Alfeo. Mateo es el Publicano (pues éste había sido su oficio, antes de incorporarse al discipulado de Jesús), y Simón recibe el sobrenombre de el Fanático (probablemente por estar emparentado con los zelotes).

         Judas recibe el sobrenombre de Iscariote, por su lugar de nacimiento Ish Queriyot (población situada a 19 km al sur de Hebrón) o por su antigua filiación política (los sicariot, sicarios de un grupo nacionalista y revolucionario que no tenía escrúpulos a la hora de usar la violencia para lograr sus objetivos).

         La elección nominal permite suponer el conocimiento de los nominados. Es decir, que Jesús elige por sus nombres a los que ya conoce de entre la multitud de sus seguidores. Y por lo visto, no parece importarle mucho sus antecedentes, procedencias (incluidas las ideológicas) o lazos familiares, pues entre los elegidos encontramos personas de baja facción social (como los pescadores), colaboracionistas del régimen (como los publicados) e individuos ligados a grupos revolucionarios de carácter nacionalista, familiarizados con el uso de las armas (como los zelotes).

         Esta diversidad de sensibilidades políticas podría ser, a priori, causa de conflicto entre ellos, pues mientras que el publicano podía ser considerado un colaboracionista del Imperio Romano, el zelota aspiraba a sacudirse el yugo impuesto por los romanos.

         Aunar este conjunto de sensibilidades no era nada fácil, pero a pesar de ello Jesús los elige, para que formen parte de un proyecto de vida común. Elige a los que quiere y por sus nombres, y hace de ellos su compañía habitual (para que estén con él) y sus colaboradores en la misión (para enviarlos a predicar).

         Es decir, Jesús hace de ellos primero discípulos (= aprendices) y después apóstoles (= enviados), hace de ellos primero contemplativos (de su persona) y después misioneros (de su palabra). Así lo atestigua el evangelio: Jesús eligió a doce y los envió con estas instrucciones: No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.

         Es decir, la misión consiste esencialmente en anunciar la cercanía del Reino (que es lo que ha venido haciendo él mismo) con el apoyo de los signos liberadores (expulsión de espíritu inmundos y curación de enfermedades), para mostrar a las claras la presencia de ese Reino que se anuncia.

         Lo que llama la atención es que Jesús parezca limitar la actuación apostólica al pueblo de Israel, olvidándose de los paganos y samaritanos (que para el caso eran como paganos) y como diciendo que todavía no era la hora de los paganos, y que éstos tendrían que esperar su turno. De hecho, fue el mismo Jesús quien, estando en la región de Tiro, le dijo a la mujer fenicia que no ha sido enviado más que a las ovejas descarriadas de Israel, aunque no por eso dejara de atenderla.

         En resumidas cuentas, los paganos no fueron consideramos por Jesús como los primeros e inmediatos destinatarios de la primera misión apostólica, aunque fuesen tenidos en cuenta para futuras evangelizaciones (llegado su momento, y en atención a sus plegarias y solicitudes, pues también para ellos ha venido el Señor).

         Este grupo de los Doce, que acabará sufriendo la pérdida de uno de sus miembros (Judas el Iscariote), fue la estructura germinal de la Iglesia de Cristo, y en pocos meses empezará a crecer y multiplicarse por toda la geografía mundial, sin detenerse ante fronteras de paganos o de extranjeros.

         Ello demuestra que las instrucciones de Jesús fueron entendidas tanto para aquel momento histórico (el inicial, comenzando por los judíos) como para el resto de momentos de la historia (el futuro, yendo al mundo entero).

 Act: 10/07/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A