15 de Junio

Lunes XI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 15 junio 2026

Meditación

         Volvemos a escuchar hoy un nuevo pasaje del Sermón de la Montaña, en el que Jesús prolonga las aplicaciones de su nueva ley, que no es abolición de la antigua sino plenificación: dando plenitud (a lo mandado desde antiguo) para hacer de la ley antigua algo nuevo. Porque a lo mandado antiguamente (ojo por ojo y diente por diente) se propone ahora otro modo de accionar y reaccionar: No hagáis frente al que os agravia, de modo que si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra.

         La distancia entre este modo de actuar y aquel es enorme, y parece incluso que se está pidiendo lo contrario. La Ley del Talión era una ley que pretendía evitar abusos y poner límites a la sed de venganza humana, impidiendo los excesos en la respuesta a una agresión e instaurando un estado de estricta justicia conmutativa o de compensación proporcional al daño recibido. Era un ojo por ojo, pero no más.

         Se trata de una ley de compensación paritaria que perseguía en último término (según la interpretación más benevolente) hacer desistir a los malos de la tentación de hacer el mal en su provecho, porque el mal causado revertería sobre ellos en la misma proporción. No obstante, poner en ejecución esta ley era introducir un mecanismo de acción y reacción de difícil clausura, como el círculo vicioso.

         En su nueva ley, Jesús no recurre a esta justicia de cobrarse lo debido, y por eso dice: No hagáis frente al que os agravia. ¡Qué diferente suena esto al ojo por ojo y diente por diente! Al que te abofetea, no le devuelvas la bofetada; éste es el modo cristiano de hacer frente al agravio y al mal. Y no por eso es menos efectivo.

         Cuando al mal se hace frente con el mal, se suele instaurar un círculo vicioso de difícil salida. Y para terminar con él, hay que abandonar el camino del talión, dejando de responder al mal con el mal o al agravio con el agravio. De no hacerlo así, no parece divisarse otra salida que la aniquilación de los contrarios.

         Jesús invita a sus seguidores a no responder al mal con el mal, e incluso a responder al mal con el bien. No sólo a no responder a la bofetada con otra bofetada, sino a presentar la otra mejilla, a darle también la capa, a acompañarle dos millas, a no rehuir al que te pide.

         Cuando al mal se le hace frente con el mal, se suele instaurar un círculo vicioso de difícil escapatoria. Es el círculo interminable de la venganza. Para salir de él hay que tener el coraje de abandonar el camino del talión (el ojo por ojo), hay que dejar de responder al mal con el mal. De lo contrario, sólo se ve un final posible: la total aniquilación de los contrarios.

         Jesús invita a sus seguidores no sólo a no responder al mal con el mal, sino a responder al mal con el bien. No sólo a no responder a la bofetada con la bofetada, sino a presentar la otra mejilla. No sólo a responder al pleito para quitarte la túnica con otro pleito, sino a darle la capa. No sólo a no acompañar al que te requiera para caminar una milla, sino acompañándole dos. No sólo a no dar al que te pide, sino a darle más de lo que te pide.

         ¿Qué diferencia hay, pues, entre lo mandado (desde antiguo) y lo propuesto por Jesús como norma de actuación? Es la diferencia que hay entre lo antiguo y lo nuevo, entre lo imperfecto y lo perfecto, entre lo todavía no cristiano y lo cristiano, entre lo que pretende evitar la desproporción en la respuesta y lo que con la respuesta desproporcionada en bondad sana heridas y deshace círculos viciosos.

 Act: 15/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A