4 de Agosto

Martes XVIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 4 agosto 2026

Meditación

         Es pasaje evangélico de hoy nos ofrece una muestra de la enconada controversia que Jesús mantuvo con los letrados y fariseos a propósito de la pureza ritual y del respeto a la tradición.

         Cada vez que alguno de estos se acerca a Jesús con una pregunta, no lo hace con la intención de hallar luz en una cuestión oscura, ni con el deseo de saber, sino más bien con la intención aviesa de ponerle una trampa para lanzarle una acusación. En este caso, no lo hacen bajo ningún disfraz, sino con un interrogante a quemarropa: ¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores, y no se lavan las manos antes de comer?

         De la observación de una conducta externa (no lavarse las manos), aquellos fariseos deducen que los discípulos de Jesús desprecian la tradición de sus mayores, y que su maestro Jesús también. La pregunta era, en realidad, una acusación: Tus discípulos no respetan la tradición de los mayores y tú lo consientes, luego tú tampoco la respetas.

         Jesús responde a su censura con otra censura, y les hace ver que también ellos quebrantan el mandato de Dios bajo su supuesta tradición. En este caso, en la usurpación del mandato que dice: Honra al padre y a la madre. Según Jesús, éste es un mandato divino que ellos invalidan bajo excusa de ofrecer los bienes con que se debía ayudar a los padres al templo. Con esto, el dinero para auxiliar a los padres se lo quedaban ellos, y eso no era sino un ejercicio de cinismo e hipocresía.

         Pero la argumentación de Jesús no se da por satisfecha, sino que Jesús, llamando a la gente con ánimo de enseñar, les dice: Escuchad y entended: No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca. Eso es lo que mancha al hombre.

         Jesús introduce esta distinción porque es clave para entender bien su enseñanza, y explica que lo que mancha (se entiende, moralmente) al hombre no es lo que entra por la boca (el presunto alimento impuro de la tradición judaica), sino lo que sale de la boca y procede del corazón (= interior, mente), pues la boca es sólo un lugar de tránsito, y de donde sale lo que mancha (como explicará a continuación a sus discípulos) es del corazón.

         Ahí es donde tienen su origen los pensamientos perversos, los propósitos homicidas, los deseos adulterinos, las difamaciones y hasta los robos. Todas esas maldades, dice Jesús, brotan del corazón y hacen impuro al hombre.

         Por tanto, si esto es lo que hace impuro, lo que habrá que lavar es el corazón y no tanto las manos, si lo que se quiere es recuperar la pureza. No bastará con el tradicional lavado de manos, pues, porque ¿de qué serviría lavarse las manos si perdura la mancha del corazón? Hay que ir al origen de la impureza, a la raíz, para encontrar el remedio.

         Aquel razonamiento, tan cargado de lógica, escandalizó a los fariseos (según precisan los discípulos), posiblemente por estar tan apegados a sus tradiciones y tan alejados, por lo visto, de la racionalidad. De ahí que Jesús aluda, como gran obstáculo para su entrada en razón, a su endurecimiento y a su ceguera.

         Como dijo Jesús, la planta que no haya plantado mi Padre del cielo será arrancada de raíz. ¿Y qué planta no ha plantado el Padre, y por qué será arrancada? La planta del endurecimiento y la ceguera, que será arrancada porque, si no la ha plantado el Padre, la habrá plantado el diablo. Por eso les dice que son guías ciegos, porque ellos mismos tropiezan y porque hacen tropezar a los demás, y todos ellos caerán en el hoyo (o peor, en el abismo).

         El problema, por tanto, no es que los fariseos sean ciegos, sino que no saben que son ciegos y se ofrecen como guías de los demás. Con ello, ni se dejan curar (porque no saben que están ciegos) ni permiten una cura para la ceguera.

         ¿No es éste también el caso de tantos contemporáneos nuestros que se han constituido a sí mismos en guías de otros? La incredulidad es un tipo de ceguera de difícil curación, pero mucho más lo es la soberbia, porque no sólo es ceguera sino una ceguera autosuficiente.

 Act: 04/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A