23 de Julio

Jueves XVI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 23 julio 2026

Meditación

         Si nos atenemos a los testimonios evangélicos, es una obviedad que Jesús recurrió muchas veces a las parábolas en su discurso habitual. Con ellas comunicaba el mensaje de una manera muy gráfica, e incluso ilustraba el mensaje con imágenes que dibujaban sus palabras.

         Esta es la situación que explica que, en un cierto momento, los discípulos se acerquen a Jesús y le pregunten: ¿Por qué les hablas en parábolas?, como diciendo: ¿Por qué les ofreces el mensaje a través de la indumentaria de una comparación? Porque si la comparación dejaba ver el mensaje que quería transmitir, también lo ocultaba en cierto modo, tras ese ropaje imaginario sobre la realidad comparada.

         La respuesta de Jesús va en esta línea: A vosotros (los más allegados) se os ha concedido (el privilegio particular de) conocer (lo que no se les ha concedido a otros) los secretos (la realidad oculta) del reino de los cielos, y a ellos no. ¿Por qué esta concesión (privilegio) de conocimiento concedida a tales discípulos? Por que al que tiene, se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

         He aquí la razón de ese privilegio del que gozan los discípulos más allegados: la mayor cercanía, que les permitía tener un mejor conocimiento de Jesús y de su enseñanza, con ese acerbo doctrinal y vivencial que se iba incrementando a través del progreso en la amistad.

         De esta manera, al que tiene (y no ha desperdiciado su adquisición), se le dará más y tendrá de sobra. Es decir, incrementará su conocimiento y abundará en él. Pero el que no tiene, desaprovechando por negligencia o falta de interés lo que podría tener, acabará viéndose privado hasta de lo poco que tenía en sus comienzos.

         Las parábolas, en efecto, portan secretos que sólo a algunos se concede conocer, puesto que hay quienes oyendo las parábolas, miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Son aquellos a los que aludía el profeta como poseedores de un corazón embotado, duros de oído y ciegos de vista, que no quieren ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni convertirse para que se les cure.

         Los que disponen de esta voluntad reacia a ver y a oír lo que se les muestra en las parábolas, no podrán acceder a sus secretos, ni podrán obtener la salud que se les brinda, ni la dicha que acompaña al ver y oír los secretos del Reino. Sólo pueden ser dichosos los ojos que ven y los oídos que oyen.

         De ahí que, ante la multitud, Jesús no esclarezca el sentido de la parábola (que es siempre sugerente), sino que se limita a hacer cuando se queda a solas con los más próximos (los Doce), a los que sí explica con detenimiento su secreto, mientras que a los demás (a los de fuera) les impide su acceso.

         Es decir, que mientras a los Doce les hace partícipes de los secretos escondidos del Reino en las parábolas (como en una indumentaria multicolor y sugerente), a los de fuera (es decir, al gentío que se había concentrado junto a él a la orilla del lago) todo se les presentaba en parábolas (sin más aclaraciones, para que se cumpliera lo profetizado por Isaías: Para que por más que miren, no vean; por más que oigan, no entiendan; no sea que se conviertan y los perdone; Is 6,9).

         Y no es que Jesús no quiera que se conviertan con su predicación, pues su palabra es una llamada a la conversión, y él ha venido precisamente para eso (para que se conviertan y puedan obtener el perdón), e incluso esto nos dijo días atrás: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, a que se conviertan.

         Sino que lo que quiere Jesús es que se cumpla la profecía de Isaías, dado que habrá muchos que mirarán y no verán, oirán y no entenderán. Y no porque no reciban las debidas explicaciones, sino porque no muestran disposición para recibirlas, porque se quedan en cierto modo fuera, en lo más externo de la narración y en la superficie de la enseñanza de Jesús.

         Los discípulos más próximos, al parecer, sí muestran interés por entender. Por eso Jesús, aunque les reprocha su falta de perspicacia, se toma su tiempo para explicarles los detalles y los secretos de las parábolas. Nosotros formaremos parte de esos discípulos más próximos al Señor si, instruidos por él a través de las parábolas, penetramos en sus secretos y contemplamos sus tesoros, que no son otros que los tesoros del Reino.

 Act: 23/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A