14 de Julio

Martes XV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 14 julio 2026

Meditación

         En la predicación de Jesús no sólo hay palabras amables, sino que, aunque siempre haya buena noticia, no por ello deja de haber recriminaciones. En este caso, el evangelio de hoy las hace recaer sobre enteras poblaciones en las que el Salvador se ha volcado abundantemente, sin obtener una respuesta adecuada. Y es que la ingratitud acaba haciéndose merecedora de la maldición.

         Corazaín y Betsaida eran aldeas próximas a Cafarnaum, la ciudad más populosa de aquel entorno geográfico de la región de Galilea, en la ribera del lago de Genesaret. Jesús parece haber iniciado aquí su actividad misionera, obtuvo de Betsaida a 5 de sus apóstoles, e incluso fue en Cafarnaum donde instaló su residencia habitual, durante sus años de vida pública.

         En dichas poblaciones había concentrado Jesús, por tanto, muchos esfuerzos y muchas energías. Se trataba de ciudades donde ha hecho casi todos sus milagros, puntualiza el evangelista, obteniendo de ellas escasos resultados (es decir, pocas adhesiones, pues la mayoría ni se han dejado mover por sus palabras, ni por sus milagros).

         Seguía haciéndose realidad, así, aquello de que nadie es profeta en su tierra. Por ello, exclama Jesús: ¡Ay de ti, Corazaín; ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Por eso os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

         Parece como si Jesús concediera a ciudades paganas, como Tiro y Sidón, mayor capacidad de conversión que a esas ciudades judías que han sido objeto de su predilección y preferencia. Jesús acusó esta falta de respuesta por parte de su pueblo, aquel al que pertenecía por razón de nacimiento y al que había sido enviado en primer término, haciendo de este pueblo (el elegido) el inmediato destinatario de la buena noticia de la salvación.

         Y de tal manera acusa esta falta de respuesta, que se permite compararles con ciudades como las fenicias Tiro y Sidón, las cuales, aun siendo paganas, estarían en mejor disposición de responder a la siembra de su mensaje. Por eso se harán dignas de un juicio más benigno en su día.

         El juicio final, por tanto, será universal, pero para unos será más llevadero que para otros. Y todos, tanto judíos como paganos y cristianos, habrán de comparecer a ese juicio, para dar cuenta de la respuesta que han dado a esos bienes que les han sido entregados con la vida. Eso sí, al más responsable le tocará responder más.

         Tampoco Cafarnaum escapa a la recriminación, como apunta Jesús: Y tu Cafarnaum, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

         De nuevo invoca Jesús los milagros como motivo de credibilidad, pues precisamente los hizo para eso, para despertar actos de fe y de adhesión. Pero hasta las acciones más maravillosas y extraordinarias, como éstas, han resultado infructuosas, y esa esterilidad dice mucho de la cerrazón e ingratitud de ese que se ha beneficiado de las bendiciones de Dios, y ha sido incapaz de reconocerlas. Realmente, ese tal se ha convertido en un terreno estéril y baldío, y por eso merece la maldición de su benefactor.

         Si nos damos cuenta, la maldición de Jesús sobre las ciudades judías no es la misma que recayó sobre toda la humanidad en el Jardín del Edén, pues en este caso la maldición tiene un aspecto de aviso saludable, y no de castigo definitivo.

         En efecto, avisa Jesús a sus conciudadanos que, de mantenerse en esa actitud, tendrán el juicio que merece su incredulidad: un juicio riguroso, y menos benigno que el que recibirán muchos incrédulos (= paganos), pues al que mucho se le dio más se le exigirá, y porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

         Sodoma, la ciudad arrasada por el fuego, no se sobrepuso a su catástrofe ni duró hasta hoy. Tampoco las ciudades galileas de Corazaín, Betsaida y Cafarnaum han durado hasta hoy. De Cafarnaum sólo quedan algunas ruinas, y de las otras dos ni eso, sino tan sólo noticias de su enclave (en Corozaín) o las piedras esparcidas por el suelo (en Betsaida).

         Si esto fue lo que merecieron oír aquellas ciudades ingratas a la actividad de Jesús, ¿qué no mereceremos nosotros, a más de 2.000 años de distancia y tras tanta experiencia y pervivencia del cristianismo con sus múltiples cosechas y sangre martirial?

 Act: 14/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A