18 de Julio
Sábado XV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 18 julio 2026
Meditación
Tras la curación que hoy hemos escuchamos, de un enfermo con parálisis en un brazo (acaecida en la sinagoga de Cafarnaum, en sábado), y el desafiante interrogatorio lanzado por Jesús a los fariseos allí presentes (con su propósitos inquisitoriales), se produce la maquinación contra Jesús. En efecto, al salir de aquel lugar, refiere el evangelista, aquellos fariseos, incapaces de responder a los argumentos de Jesús, resuelven acabar con él, planificando el modo concreto de llevar a cabo estos propósitos asesinos.
Ante esta seria amenaza, Jesús decide marcharse del lugar, arrastrando tras de sí a todos esos que le seguían (la mayoría, buscando remedio para sus dolencias y enfermedades). Se aparta, por tanto, prudencialmente del peligro más inmediato, pero sin renunciar a su labor habitual y al contacto con todos esos enfermos para los que había venido como médico.
Muchos le siguieron y él los curó a todos, aunque insistiéndoles en que no lo diesen a conocer, pues esa publicidad podía serle muy perjudicial para su vida. No sabemos si en esta ocasión le hicieron caso o no, pero quedaban advertidos de la situación de riesgo en la que podían colocar a su sanador.
Jesús seguía cumpliendo lo predicho por el profeta Isaías. Realmente, con él y en este momento, se cumplía la Escritura profética. El evangelista Mateo tiene especial interés en subrayar este cumplimiento, precisamente para mostrar al mundo que Jesús era realmente el Mesías profetizado desde antiguo, el único Mesías que cabía esperar.
En efecto, Jesús demostraba ser realmente el siervo, el elegido, el amado, el predilecto de Dios del que hablaba Isaías, aquel sobre el que Dios había puesto su Espíritu para anunciar el derecho a las naciones, a través de acciones que llevará a cabo sin porfiar, sin gritar, sin vocear por las calles, sin quebrar la caña cascada ni apagar el pábilo vacilante. Es decir, de la manera más pacífica y serena, como cordero manso entre lobos.
Por eso no parará de actuar Jesús, hasta ver implantado el derecho en las naciones, tanto el derecho humano como el derecho divino. Y en eso empeñará toda su propia vida, y en eso embarcará a sus seguidores y enviados, para que sigan en su empeño y prolonguen su misión en el tiempo, con la esperanza de que algún día se haga realidad.
Esta esperanza es la que nos tiene que mantener trabajando por el reino de Dios y su justicia, así como en la implantación del derecho (divino) en y entre las naciones, que son los pueblos más diversos de la tierra. Alcanzado este objetivo, todos podrán esperar en su nombre, que es también esperar gracias a él.
Act:
18/07/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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