17 de Julio

Viernes XV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 17 julio 2026

Meditación

         El texto de hoy de Mateo se sitúa en el marco de las controversias que Jesús mantuvo con los fariseos a propósito de la observancia de la ley del sábado, ley sagrada para un judío. Un sábado, nos dice el evangelista, Jesús y sus discípulos atravesaban un sembrado.

         Durante la travesía, los discípulos empezaron a arrancar espigas, probablemente para comérselas porque tenían hambre. Al verles los fariseos actuar en este modo, se dirigen a Jesús censurando su conducta: Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?

         El motivo de su censura es que hacían "lo que no estaba permitido en sábado", obrando contra la ley del sábado y del descanso sabático (que prohibía trabajar en sábado).

         No se les acusa, por tanto, de robar en campo ajeno, o de substraer bienes que no eran suyos. Sino que se les acusa de "arrancar espigas", esto es, de trabajar durante el día del descanso sagrado (aunque lo hicieran con el fin de calmar el hambre o en situación de necesidad).

         Al parecer, los fariseos también admitían ciertas excepciones a esta ley, como la de llevar al buey o al asno a abrevar, o rescatarlo si se había caído en un pozo. Así que Jesús, tratando de justificar el comportamiento de sus discípulos, les propone, a modo de ilustración, un ejemplo tomado de la historia del pueblo de Israel.

         Se trata de lo que hizo David, el más grande y piadoso monarca judío, cuando él y sus hombres, en una de sus frecuentes campañas guerreras, se vieron faltos y con hambre. En concreto, entró en la casa de Dios (es decir, en el templo) y comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros de batalla.

         David hizo, por tanto, lo no permitido por la ley, como era comer unos panes "ofrecidos en sacrificio sagrado" (= consagrados) que sólo podían comer los sacerdotes. Y no sólo comió él, sino que los compartió con sus compañeros.

         Hacer uso profano de unos bienes sagrados puede ser calificado como sacrilegio. Pero sea como fuere, lo cierto es que David hizo lo prohibido por la ley, estando en situación de necesidad (falto y con hambre). Se sirvió de un alimento sagrado para saciar una necesidad corporal. Y Jesús justifica esta actuación, aludiendo al estado de necesidad (material) en que se encontraban aquellos hombres.

         Es lo que se desprende de las palabras que a continuación dirige Jesús a los fariseos: Si comprendierais lo que significa "quiero misericordia y no sacrificios", no condenaríais a los que no tienen culpa. Y es que los fariseos, que se han constituido en guardianes de la ley, no han comprendido todavía lo que Dios quiere: el ejercicio misericordia (esa misericordia de la que ellos carecen cuando condenan a inocentes), y no los sacrificios rituales. 

         La misericordia mira al prójimo, y el sacrificio a Dios. Siendo esto así, resulta que a Dios le agradan más nuestras obras hacia el prójimo (de misericordia) que hacia él mismo (de culto sacrificial). Y si le agradan nuestras ofrendas, es sólo en la medida en que despiertan y sostienen nuestras acciones misericordiosas.

         Ello explica la insistencia de Jesús en la misericordia, pues ella constituye la razón de ser de su venida a este mundo y de la existencia cristiana. Sólo si entendemos lo que significa misericordia quiero y no sacrificio podremos considerarnos mentalmente cristianos. Y si no entendemos esto, estaríamos condenando a los demás a seguir perteneciendo a aquella etapa anterior a Cristo, el cual es Señor del sábado.

         La autoridad del personaje ejemplarizado, el gran rey judío David, ayudó a Jesús a refrendar la conducta de sus discípulos. Y la consecuencia moral que saca Jesús es clara: El Hijo del hombre es señor también del sábado.

         Toda ley, incluida la ley del descanso sabático (la ley más sagrada), se hizo para el hombre, para el bien integral del hombre y no al revés. Invertir los términos es deformar las cosas queridas por Dios.

         Suponer que el hombre ha sido hecho para la ley, para el engrandecimiento o la salvaguarda de la ley, de modo que tenga que sacrificar su vida en aras de la ley, es deformar el orden de las cosas. La ley está al servicio del hombre, de su dignidad, de su bien integral, de su vida.

          La ley del sábado se hizo para que el hombre pudiera descansar de sus afanes diarios, para que pudiera glorificar a Dios, para que pudiera compartir gozosamente su tiempo con su familia y sus amigos, para que pudiera dedicarse a otras cosas, para que pudiera recrearse en las obras de Dios. Y no para que no pudiera saciar su hambre, ni para que no pudiera recuperar la salud.

         El sábado se hizo (lo hizo Dios) para facilitar la vida del hombre en la tierra, y no para dificultarla. Pero eso no significa que el mismo Dios de la vida no pueda exigir el sacrificio de la vida temporal en aras de un bien superior (como es la vida eterna), y que la ley del amor a Dios (o al prójimo) pueda exigir en ocasiones la entrega (martirial) de la propia vida.

         En definidas cuentas, esta ley, que puede exigir la entrega de la vida disponible, no por eso deja de estar al servicio del hombre y del bien supremo de su salvación. Así que el hombre es señor del sábado, y el Hijo del hombre con mayor razón.

         Es verdad que las leyes se han dado para que se cumplan, y si siendo justas no se cumplen, no justifican su promulgación. Pero toda ley tiene su excepcionalidad, que hay que valorar en cada caso y sin perder nunca de vista que la ley se hizo para bien del hombre y de los hombres (en su convivencia social).

         Si se olvida esta perspectiva incurriremos en un legalismo malsano y perjudicial, y haremos del hombre un esclavo de la ley que no discierne situaciones personales ni necesidades. Las exigencias de la ley pueden resultar en ocasiones verdaderamente inmisericordes. Por todo ello es muy conveniente sentar este supuesto evangélico: que la ley se hizo para el hombre, y no el hombre para la ley.

 Act: 17/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A