15 de Septiembre
Martes XXIV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 15 septiembre 2026
Meditación
Nos dice hoy el evangelista que Jesús, acompañado de sus discípulos y de mucha gente, iba camino de una ciudad llamada Naín. Ya cerca de la ciudad, todos ellos se encontraron con un cortejo fúnebre, y por lo visto el muerto era el hijo único de una viuda, la cual iba acompañada por un gentío considerable de la ciudad. Al verla, Jesús sintió lástima y le dijo: No llores, con la intención de consolar a esa pobre viuda.
Pero en el plan del Maestro no estaba sólo consolar a esa mujer con palabras amables, sino también devolverle la alegría, entregándole a su hijo de nuevo con vida. Con este propósito, Jesús se acercó al ataúd y, dirigiéndose al difunto, dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
Bastó esta simple alocución para despertar al muerto de su letargo, pues éste se incorporó y empezó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre, pues ése era el mejor regalo que le podía hacer. Nos dice el evangelista que todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, Dios ha visitado a su pueblo.
Acciones como éstas son realmente asombrosas y sobrecogedoras, pues interrumpen el curso ordinario de los acontecimientos con una fuerza extraordinaria. Por eso no es de extrañar que, para aquellas personas, pasar del asombro a la glorificación del Señor fuese relativamente sencillo. Para ellos, bastó tener una mínima sensibilidad religiosa para reconocer que, en la prodigiosa intervención de Jesús, estaba la mano de Dios.
Por eso reconocieron en Jesús a un gran profeta, que había surgido de sus propias filas y que merecía todo su respeto. En Jesús y en sus portentosas acciones, Dios visitaba a su pueblo, esparciendo sobre él el torrente de sus bendiciones. Era el Dios de la vida que, con sus frecuentes visitas, derramaba vida sobre esta humanidad asaeteada por la muerte.
La percepción de este poder benéfico no puede sino llevar a la glorificación del que está en su posesión, y al reconocimiento del que lo ejerce en su nombre. ¡Ojalá que el Señor nos permita percibir este poder en su creación y en la intermediación de sus profetas, de modo que crezca nuestra fe en él y en sus promesas!
Act:
15/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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