18 de Septiembre

Viernes XXIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 18 septiembre 2026

Meditación

         El evangelista Lucas recuerda hoy a Jesús caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la buena noticia del reino de Dios. El reino de Dios era el evangelio de Jesús para el mundo, y por eso Jesús recorre ciudades y aldeas. Pero ¿no era ésta una geografía demasiado limitada para hacer llegar esta noticia al mundo entero?

         Sin duda que lo era, y por muy numerosas que fueran las ciudades y pueblos recorridos por Jesús, el espacio geográfico en el que se desenvolvía su actividad no dejaba de ser una mínima parte del mundo habitado.

         Lo que en realidad hacía Jesús, con esta predicación itinerante, era iniciar la tarea de la evangelización, para que otros la continuasen por los caminos del mundo. Pero conviene recordar una cosa: que el reino de Dios llegó con Jesús, y que sólo a través de Jesús puede alguien o algo incorporarse a este Reino.

         Ésta es la razón, quizás, por la que Jesús se hace acompañar de un grupo de discípulos (los Doce) y de algunas mujeres (a las que había curado de malos espíritus y enfermedades), para formarlos y dejarlos en la mejor disposición posible, de cara a prolongar su tarea evangelizadora.

         Entre estas mujeres estaban María Magdalena (de la que habían salido 7 demonios) Juana (mujer de Cusa, intendente de Herodes), Susana (de la que nada sabemos) y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. Éste era, por el momento, su modo de sostener la campaña misionera del Maestro.

         Jesús, por tanto, no está solo, ni quiere estarlo. Le acompañan hombres y mujeres que tienen motivos para seguirle. Especialmente esas mujeres que habían sido objeto de su actuación misericordiosa, y gracias a la cual habían recuperado la salud. No es extraño, por tanto, que, agradecidas, pusieran sus bienes al servicio de Jesús y de los apóstoles, y con sus bienes sus personas.

         Como se ve, ni Jesús es una persona solitaria ni se niega a recibir colaboración de otros. Al contrario, Jesús acepta toda colaboración de buen grado, y en torno a sí va agrupando a todos ellos en una pequeña comunidad discipular, que será el germen de la futura Iglesia.

         Y es que la realidad que Jesús anuncia, el reino de Dios, no deja de ser una realidad social, que habría de integrar en su seno a muchos hombres y mujeres de diversas razas y procedencias, de lejos y de cerca. Además, aspiraba a ser una realidad universal, que reclamaba la presencia en el mundo de muchos apóstoles o anunciadores.

         Por tanto, cuantos más efectivos se sumaran a esta tarea de evangelización e implantación, mejor. Porque esos mismos colaboradores de Jesús, los Doce, se buscarán nuevos colaboradores, y estos a su vez otros, y así sucesivamente.

         Esta es la manera ordinaria en que podía ir ampliándose el círculo de la evangelización, y hacerse efectiva la presencia del reino de Dios en el mundo. Lo que empezó a funcionar como una pequeña semilla (un grano de mostaza) se convirtió en en arbusto capaz de albergar en sus ramas a todo tipo de pájaros.

         En la compañía de Jesús no hubo discriminación entre hombres y mujeres, y eso que el grado de cercanía de unos, y la asunción de responsabilidades de otros, fue realmente distinta. De hecho, no todos cumplirán las mismas funciones en el seno de la Iglesia.

         Los Doce constituyó el grupo de la responsabilidad, de la custodia doctrinal y de la dirección pastoral de esa Iglesia que se fue abriendo camino en un mundo hostil. Las mujeres, por su parte, tuvieron su papel y su fuerza en el campo de la evangelización, al servicio de los Doce y de los apóstoles (como Pablo) que se les fueron sumando.

         Hoy día, difícilmente se puede ser compañía de Jesús al margen de esta comunidad eclesial que él puso en movimiento. Según esto, parece lógico concluir que colaborar con él es colaborar con su Iglesia, sea cual sea el lugar en el que nos encontremos.

 Act: 18/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A